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Un mundo nuevo pasa por Un hombre nuevo


La gloria de Dios es el hombre íntegro y digno, Pero hoy en el mundo en general, la pobreza, el hambre, las enfermedades, la incultura, la falta de trabajo, las dictaduras... hipotecan el futuro de millones de hijos de Dios que aspiran legítimamente a ser felices.

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Acto de Consagración de chile a la Virgen del Carmen pronunciado por Su Santidad Juan Pablo II

1. Te bendecimos, ¡oh Dios nuestro!, Padre, Hijo y Espíritu
Santo, porque elegiste a María, desde antes de la creación del
mundo, para ser santa e inmaculada ante Ti por el amor.
En previsión de los méritos de Cristo,

TAMBIÉN YO LLEVO SOBRE MI CORAZÓN, DESDE HACE MUCHO TIEMPO, EL ESCAPULARIO DEL CARMEN"

El Beato Juan Pablo II fue un gran devoto de la Virgen del Carmen. A fin de conocer mejor su espiritualidad mariana vuelven a publicarse algunos textos suyos, fruto de su Magisterio como Pastor Universal de la Iglesia.

En Obsequio de Jesús.' (In Allegiance to Jesús)
Silencio y Madurez Humana

El ser humano está llamado a la paz, a la alegría profunda, al amor, a una constante celebración de la vida. Ya san Ireneo sintetizó bien esta realidad: «La gloria de Dios es el "hombre vivo"», el hombre que vive la plenitud para la cual vino Jesús: «Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia» (Jn 10, 10).

La pureza de corazón en la tradición del carmelo

Introducción

 

El tema de la «pureza de corazón», por su relación con la vida contemplativa, es de gran importancia para el Carmelo. Nosotros no podemos examinar toda la reflexión espiritual carmelita sobre este tema. Escogemos ante todo la Regla como texto fundamental,

Nuestro deseo de Dios - Lo queremos todo

"Nuestros corazones están inquietos", escribió San Agustín, y esta verdad permanece como algo fundamental a la condición humana. La inquietud humana, el deseo humano, el anhelo humano - ninguno de ellos parece que nunca será final y completamente satisfecho.

Suscribirse a Reflexión
Como Carmelitas, Vivimos nuestra vida en obsequio de Jesucristo y servirle fielmente con corazón puro y buena conciencia a través de un comprometiéndose en la búsqueda del rostro del Dios vivo (dimensión contemplativa de la vida), en la oración, en la fraternidad y en el servicio (diakonía) en medio del pueblo. Estos tres elementos fundamentales del carisma no son valores aislados o inconexos, sino que  están estrechamente ligados entre sí. 

Todo esto lo vivimos bajo la protección, la inspiración y la guía de María, la Virgen del Carmen, a la que honramos como “nuestra Madre y hermana”.