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MENSAJE FINAL DEL CAPÍTULO GENERAL DE LOS HERMANOS DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA DEL MONTE CARMELO 2019

Final message 2019 Gen. Chapter
79/2019 – 05 - 10

Vosotros sois mis testigos” (Is 43, 10)

De una generación a la siguiente: llamados a ser fieles a nuestro carisma Carmelita

Nosotros, frailes Carmelitas venidos de todas las partes del mundo a celebrar el Capítulo General en Il Carmelo de Sassone, Italia, del 10 al 27 de septiembre de 2019, saludamos a nuestros hermanos y hermanas de la Familia Carmelita: “gracia y paz a vosotros, de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo” (Cf. Rm 1,7).

Una Orden mundial

Nos alegramos de habernos reunidos como hermanos en el Carmelo. El Capítulo General es el signo principal de la unidad de nuestra Orden en toda su diversidad. Es la reunión fraterna en la que escuchamos al Espíritu Santo y a nuestro Señor Jesucristo para conocer la voluntad de Dios para esta generación y poder servir así del mejor modo a la Iglesia (Cf. Const. 255). De hecho, tal y como nos recordó nuestro hermano el arzobispo Filippo Iannone, cada Capítulo es un evento eclesial.

Otro hermano nuestro, el arzobispo Carmelita Antonio Muniz nos confrontó, en su intervención, con una pregunta propia de nuestra tradición. Nos ayudó, en efecto, a escuchar la pregunta que el Señor hizo a Elías: «¿Qué haces aquí, Elías?» (Cf. 1Re 19,9), como dirigida concretamente a los miembros del Capítulo: “¿Qué hacéis aquí, Carmelitas?”. En los días posteriores, hemos intentado, con la ayuda del Espíritu Santo, dar una respuesta a dicha cuestión.

Como una verdadera reunión universal, la unidad en la diversidad ha sido muy patente en este Capítulo. Se ha evidenciado que, si bien diferentes partes de la Orden experimentan una disminución en el número de miembros, muchas otras están observando un crecimiento constante, pudiéndose afirmar que, en su conjunto, los estudios demográficos reflejan un futuro sólido para la Orden.

También nos hemos alegrado de la presencia de muchos hermanos procedentes de las áreas emergentes de la Orden; agradecidos al Espíritu Santo por su permanente creatividad, a nuestros misioneros del pasado y del presente, y a las Provincias fundadoras por su generosidad y visión de futuro. La diversidad presente en nuestro Capítulo ha enriquecido, sin duda, nuestros debates y deliberaciones, nuestra fraternidad y nuestra oración.

Transmitir la tradición

Por medio de las charlas, de la reflexión personal y de la participación en grupos a lo largo de estos días pasados juntos, hemos reflexionado sobre el tema del Capítulo referente a la transmisión de nuestra tradición de una generación a otra. Damos gracias a Dios por el carisma y la rica tradición que nos ha sido transmitida a lo largo de nuestra historia. Y reconocemos, asimismo, que “la tradición está viva en la medida en que una generación la transmite a la siguiente” (de la conferencia impartida por Michael Casey, OCSO, en este Capítulo). Esta responsabilidad nos reclama un conocimiento más profundo de nuestra tradición y vivirla con mayor entusiasmo. No podremos pasarla a nuevas generaciones sin apropiárnosla, interiorizarla y convertirla en nuestro modo de vida. Como constata el resumen de las respuestas dadas al Instrumentum laboris presentado por la Comisión Preparatoria del Capítulo, somos conscientes de que “hay un espacio entre el ideal carmelita que estamos llamados a vivir y la realidad de nuestras vidas”.

Los informes dados por los miembros del Consejo General saliente llamaron, asimismo, nuestra atención sobre la urgencia de priorizar la formación, tanto inicial como permanente. Dicha priorización también encontró eco en nuestras discusiones. Se enfatizó que la formación carmelita no puede limitarse al noviciado, sino que debe continuar incesantemente a lo largo del proceso de la formación inicial y de toda nuestra vida. A menudo hablamos de la formación como nuestra prioridad, pero, para que esto sea así, es necesario que se tomen concretas y claras decisiones.

El tema referido a la transmisión de la tradición fue desarrollado de manera amplia y profunda por el padre Saverio Cannistrà, Prepósito General de los Carmelitas Descalzos, en una conferencia que impartió el día dedicado a la Familia Carmelita. El padre Saverio insistió, principalmente, en la necesidad de formación, de no limitarse a transmitir conceptos e información. La formación debe centrarse, sobre todo, en la transmisión de un estilo de vida. Debería transformar los corazones y no solo las mentes. Pero esto sólo puede ser realizado por religiosos y comunidades que han puesto verdaderamente a Cristo en el centro de sus vidas e irradian, a menudo sin saberlo, la experiencia de Él. La formación tiene lugar en un diálogo sincero y personal entre el formador y el formando, en el encuentro del inquieto corazón de la persona en formación con la experiencia de un discípulo que ya lleva algún tiempo en el camino del seguimiento de Cristo. En este encuentro de dos experiencias espirituales, ambos se enriquecen, al mismo tiempo que cada uno continúa creciendo en el discipulado.

El Capítulo también afirmó que la comunidad es esencial para nuestra forma de vida carmelita. Nuestras comunidades están llamadas a ser un signo de esperanza de encuentro multicultural ante un mundo fragmentado y altamente individualista. A pesar de nuestra diversidad en muchos ámbitos, damos testimonio de la posibilidad de formar comunidad. Esto es especialmente cierto en el caso de comunidades internacionales. El Capítulo anima a la formación de un mayor número de comunidades internacionales en nuestra Orden. Se discutió sobre el número de carmelitas necesarios para formar una comunidad saludable, una comunidad capaz de mantener una estructura regular en cuanto a la liturgia, a las reuniones comunitarias y a las comidas en común. El número sugerido de miembros para conformar una comunidad variaron, pero la preocupación por formar una verdadera comunidad fue compartida por todos. El Capítulo anima a que todas las comunidades tomen en serio la renovación de su calidad de vida y trabajen en la construcción de auténticas relaciones fraternas.

Tradición siempre nueva

En la charla dada a los capitulares, el padre Michael Casey, OCSO, reflexionó sobre el dinamismo de la tradición. Somos consciente de que:

La tradición se mantiene cambiando constantemente. Siempre es nueva, mas no pierde nada de lo que era. La tradición es un proceso de reforma continua de todo lo que se recibe de acuerdo con la situación emergente. La reforma no es una necesidad ocasional, es un componente integral del proceso. La forma de esta reforma no está determinada exclusivamente por lo que existía previamente, es una respuesta a los nuevos desafíos.

Las diversas reformas que han enriquecido nuestra tradición testimonian este desarrollo de la tradición. Y así lo manifiesta la publicación de nuevas Constituciones y su revisión a lo largo de nuestra historia. En este Capítulo, después de mucha reflexión y discusión, hemos aprobado múltiples revisiones de las Constituciones de 1995, con el fin de actualizarlas de acuerdo con los documentos más recientes de la Iglesia y de la Orden. También era necesario hacer revisiones para abordar las nuevas situaciones y desafíos que la Orden debe afrontar en el mundo actual.

Damos gracias a la Comisión que ha trabajado en los últimos seis años en la preparación de las propuestas de revisión de las Constituciones. Esperamos que todos nos familiaricemos con las revisiones aprobadas en el Capítulo y lleguen a convertirse verdaderamente en líneas guía para la Orden.

Nuevas condiciones en nuestro mundo

El diálogo entre nuestra tradición y el contexto en el que vivimos es particularmente urgente en las nuevas culturas en las que la Orden está actualmente presente, pero no se limita a ellas. A medida que entramos en un nuevo período de la historia, inspirados por el Espíritu que actúa en todas las épocas y en la Iglesia, tratamos de adaptar nuestro modo de vida a las nuevas condiciones.

Cuando el género humano da principio a un nuevo período de la Historia, nosotros los carmelitas, animados por el Espíritu que obra en la Iglesia, intentamos adaptar a las nuevas condiciones nuestro programa de vida, esforzándonos por entender los signos de los tiempos y por examinarlos a la luz del Evangelio y de nuestro patrimonio espiritual, para encarnarlo en las diversas cultural. (Const. 13).

Ante la injusticia imperante, la violencia, el abuso, el rechazo de aquellos que son diferentes, la degradación del ambiente, todos debemos volver a creer en la solidaridad, apostar por la verdad y arriesgar nuestro propio confort. Nos ha entristecido escuchar el sufrimiento del pueblo venezolano y de la República Democrática del Congo, y nos ha impulsado a responder con actos concretos de solidaridad. De igual forma, al revisar las Constituciones y emitir un decreto, la Orden ha reforzado su compromiso de mantener ambientes seguros para menores y adultos vulnerables. En su inspiradora conferencia, la profesora Bruna Costacurta nos recordó que, en el contexto del testimonio profético, estamos llamados a alzarnos, imitando a Elías (1Re 19,5), como un baluarte contra la tentación de adormecernos o de admitir la derrota.

Como el P. Casey nos exhortó, para ser proféticos es necesario que nos sacudamos las limitaciones del capitalismo, del consumismo y de la explotación. “Y aún hay más. Necesitamos permitir que la gracia de nuestro carisma florezca y fructifique en nuestras vidas individuales y comunitarias, para llegar a ser lo que estamos destinados a ser en medio de las realidades cotidianas”.

Dimensión mística

En el transcurso de nuestro Capítulo, subrayamos la necesidad de alcanzar un equilibrio en nuestro carisma. Durante el día de retiro, previo a las elecciones de los cargos, nuestra hermana de la provincia holandesa Anne-Marie Bos nos recordó que el Beato Tito Brandsma recibió la tradición carmelita, la estudió, la amó y la interiorizó. La vivió de una manera muy personal y creativa, siendo un verdadero contemplativo en medio de una vida muy activa.

El beato Tito entendió el misticismo como una llamada dirigida a todos y habló de una mística cotidiana, convencido de que Dios es el fundamento de nuestro ser y que puede ser encontrado siempre y en todas partes, especialmente en nuestro prójimo. Tito es un modelo de la nueva síntesis de los elementos de nuestro carisma que cada generación debe realizar para mantener viva y relevante nuestra tradición. El ejemplo del Beato Tito también nos estimula a compartir nuestra tradición con todos.

En el mensaje que el recién elegido Prior General, Padre Míceál O’Neill, dirigió a los miembros del Capítulo y a los representantes de la Familia Carmelita, habló de la belleza del Carmelo en los siguientes términos:

El nombre Carmelo evoca imágenes de un monte atractivo y fascinante, de un encuentro amoroso, de fraternidad y justicia. Sugiere belleza, y reposa sobre lo más esencial en la vida de la persona humana. El Carmelo tiene un modo de hablar acerca de Dios que ayuda a la gente a conocer más y más que el Señor es nuestro Dios, que no hay otro, y que nosotros debemos amar a Dios con todo nuestro corazón y mente y fuerza y a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Hay una belleza en el Carmelo que puede inspirarnos. Tenemos la sensación de que el Carmelo podría ser la única cosa que la gente está buscando hoy en todas partes.

Mensaje del papa Francisco

En la audiencia con el Papa Francisco, fuimos exhortados a buscar el rostro del Dios vivo a través de la oración, la fraternidad y el servicio. El Santo Padre enfatizó lo que llamó “tres líneas de acción” para la Orden:

-La fidelidad y la contemplación:

El Papa nos recordó que cuando la Iglesia piensa en el Carmelo, piensa en una escuela de contemplación. Los carmelitas necesitan una relación personal con el Señor, alimentada a través de la soledad, la contemplación y el desprendimiento. Este estilo carmelita nos prepara para servir al pueblo de Dios en cualquier ministerio o apostolado. Y nos llama a poner un cuidado particular en el camino espiritual de la gente.

-El acompañamiento y la oración

El Papa citó a Santa María Magdalena de Pazzi, quien advirtió sobre el peligro de la rutina y de la “tibieza”. Tenemos que vivir más “dentro” de nosotros mismos para poder “salir” y acompañar a las personas en su camino hacia Dios. La serenidad y la alegría de Cristo resucitado deberían ser el sello distintivo de nuestro trabajo con la gente.

-La ternura y la compasión

Necesitamos, sobre todo, corazones tiernos y compasivos para seguir siendo sensibles a los sufrimientos de las personas que nos rodean. Cuando no somos fieles en nuestra vida interior, es posible que ya no veamos este sufrimiento. El Papa citó al Beato Angelo Paoli, quien dijo: “El que ama a Dios debe buscarlo en los pobres”. Y el Papa Francisco afirmó que la ternura, “al estilo de Jesús” (Cf. Lc 10,25-37), nos mantendrá alejados del “pseudomisticismo” y de la "solidaridad de fin de semana" que tienden a alejarnos del sufrimiento del cuerpo de Cristo. “Las heridas de Jesús todavía son visibles hoy en día en los cuerpos de nuestros hermanos y hermanas despojados, humillados y esclavizados”.

La Familia Carmelita

En uno de los últimos días del Capítulo, tuvimos la alegría de acoger entre nosotros a varios miembros de la Familia Carmelita — monjas, religiosas, eremitas y laicos — y de escuchar el testimonio de alguno de ellos sobre la vivencia del carisma carmelita.

El Prior General nos pidió que consideráramos qué es lo que nos reúne como familia:

La gente en todos los diferentes sectores de la Familia Carmelita reconoce en ellos los valores de la Familia Carmelita y los identifica como carmelitas en su vida presente. Lo carmelita que hay en mí, habla a lo carmelita que hay en ti, hace eco con lo carmelita que hay en ti y debido a esta resonancia del don del Espíritu Santo, la gente se aproxima uno al otro, quieren nutrirse entre sí y quieren juntos dar forma a sus vidas de acuerdo con este don.

Caminar con esperanza

Queremos terminar nuestro mensaje compartiendo con vosotros, hermanos y hermanas nuestros, el desafío que nos planteó el arzobispo José Rodríguez Carballo, OFM, secretario de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica. En su homilía, basándose en la historia del profeta Elías en 1Re 19, nos exhortó a seguir los tres mandatos divinos dirigidos al profeta: Levántate, come y camina. No debemos desanimarnos, sino levantarnos con esperanza, convencidos de que Dios todavía está trabajando en el Carmelo, en la Iglesia y en el mundo, también en estos tiempos difíciles. Alimentados por la Palabra de Dios, por la Eucaristía y los sacramentos, proseguimos nuestro camino, fieles a nuestra identidad carmelita y a la Iglesia, siempre dispuestos a continuar con nuestro testimonio.

Que María, nuestra madre y hermana, Estrella del Mar, nos muestre el camino y camine con nosotros, mientras seguimos viviendo en obsequio de Jesucristo, su Hijo, y transmitiendo de una generación a otra la alegría de vivir el Evangelio según el estilo de vida carmelita.

Publicado el 27 de septiembre de 2019 en Il Carmelo, Sassone, Italia.

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Como Carmelitas, Vivimos nuestra vida en obsequio de Jesucristo y servirle fielmente con corazón puro y buena conciencia a través de un comprometiéndose en la búsqueda del rostro del Dios vivo (dimensión contemplativa de la vida), en la oración, en la fraternidad y en el servicio (diakonía) en medio del pueblo. Estos tres elementos fundamentales del carisma no son valores aislados o inconexos, sino que  están estrechamente ligados entre sí. 

Todo esto lo vivimos bajo la protección, la inspiración y la guía de María, la Virgen del Carmen, a la que honramos como “nuestra Madre y hermana”.