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"La Lectio Divina es una fuente genuina de la espiritualidad cristiana y a ella nos invita nuestra Regla. Practiquémosla cada día para adquirir un suave y muy vivo amor y para aprender la supereminente ciencia de Jesucristo. Así cumpliremos el mandato del Apóstol Pablo que nos recuerda la Regla: “La espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios, habite con toda su riqueza en vuestra boca y en vuestros corazones, y todo lo que debáis hacer hacedlo en el nombre del Señor”.        Constituciones Carmelitas (n. 82)

Lectio Divina: 11º Domingo del Tiempo Ordinario (A)

Lectio: 
Domingo, 18 Junio, 2017

La misión de los doce discípulos
Mateo 9,36-38; 10,1-8

1. Oración inicial

Padre nuestro, tu Palabra mora en el mundo por medio de la venida de Jesús tu Hijo. Él nos la ha anunciado con sus enseñanzas, pero sobre todo con sus obras y el don de su vida. El Verbo se hizo carne. Antes de dejarnos, nos prometió la ayuda del Espíritu para que pudiésemos recordar todo lo que había dicho y comprender más profundamente el significado escondido en nuestros corazones endurecidos por el pecado. Dónanos ahora tu Espíritu revelador y consolador. Que nuestro corazón se inflame con su presencia y tu Palabra se vuelva provocante viva y eficaz para servirte en los hermanos con gozo

2. Lectura

a) El contexto del pasaje evangélico:

Estamos al comienzo del segundo de los cinco “discursos” de Mateo, el de la misión. Jesús, el nuevo Moisés, continúa llevando a su cumplimiento (Mt 5,17) la ley antigua enviando a los ciudadanos del nuevo Reino no a juzgar (Jn 3,17s; Mt 11,4-5), sino a liberar a su pueblo de toda suerte de dolencias y enfermedades como hace Él. Este envío en misión sucede durante la vida pública de Jesús. Habrá después otro, solemne y universal, después de la resurrección (Mt 28,18-20). Los doce apóstoles, en continuidad y rotura con las doce tribus de Israel, están llamados a recoger las esperanzas del viejo Israel que asemeja a un pueblo desorientado, como un rebaño sin pastor (Mt 9,36).

b) Una posible división del pasaje:

Mateo 9, 36-38: Introducción narrativa
Mateo 10,1: La transmisión del poder
Mateo 10, 2-4: Los nombres de los doce
Mateo 10, 5-8: Instrucción y envío

c) El Texto:

9:36 Y al ver a la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban vejados y abatidos como ovejas que no tienen pastor. 37 Entonces dice a sus discípulos: «La mies es mucha y los obreros pocos. 38 Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies.»
10:1 Y llamando a sus doce discípulos, les dio poder sobre los espíritus inmundos para expulsarlos, y para curar toda enfermedad y toda dolencia.
Mateo 9,36-38; 10,1-82 Los nombres de los doce Apóstoles son éstos: primero Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan; 3 Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo y Tadeo; 4 Simón el Cananeo y Judas el Iscariote, el que le entregó. 5 A estos doce envió Jesús, después de darles estas instrucciones: «No toméis camino de gentiles ni entréis en ciudad de samaritanos; 6 dirigíos más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel. 7 Yendo proclamad que el Reino de los Cielos está cerca. 8 Curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios. Gratis lo recibisteis; dadlo gratis.

3. Silencio

Acojamos la resonancia de la Palabra en nosotros.

a) Algunos interrogantes para ayudar a la interiorización y actualización:

¿La visión de la gente ha suscitado en mí, alguna vez, un sentimiento particular? ¿Recuerdo un momento de compasión que haya tenido?¿En qué circunstancias?¿He conocido a alguien que haya tenido una gran pasión por la humanidad? ¿He pedido a Dios que me haga su enviado, ser su apóstol? ¿En qué consiste la misión confiada por Jesús a sus discípulos? ¿Misión imposible? ¿Porque es gratuita?

b) Una clave de lectura:

Jesús, después de haber propuesto su nuevo programa alternativo a la mentalidad corriente (Mt 5), después de haber anunciado la superación de la ley y de la observancia con las exigencias más grandes del amor (Mt 6-7), después de haber dado testimonio con gestos concretos de liberación de aquello que había anunciado (Mt 8-9), llama a sus discípulos y los envía a las gentes dándoles sus mismos poderes (Mt 10). La comunidad está llamada a prolongar y alargar su acción liberadora, restauradora salvífica. El nuevo pueblo de Dios, sobre el fundamento de los doce apóstoles, es un pueblo sacerdotal, real, profético (1Pt 2,4-9) llamado a colaborar con Jesús.

4. Meditación

Profundicemos en algunos particulares.

9,36 Y al ver a la muchedumbre sintió compasión, porque estaban vejados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor pastor
En la introducción, partiendo del versículo 35, viene resumido el ministerio público de Jesús. Repite en parte el 4,23-25, la introducción al discurso de la montaña. Nuestro fragmento parte de la constatación de que le seguían grandes muchedumbres. Gente sin pastor (1Re 22,17) cansada de oír palabras sin el seguimiento de los hechos, abatidas por las innumerables observancias, oprimidas por los jefes que les imponen leyes incomprensibles (Mt 23, 1-4). La compasión que Jesús experimenta (Mt 15,30; Lc 9,11; Jn 6,5) por los hambrientos (Mc 6-34) está aquí dirigida a los “pobres ignorantes del campo”, malditos de los fariseos (Jn 7,49). No hay quien les ame y quien los busque como un buen pastor (Jn 10).

9,37 Entonces dice a sus discípulos: “La mies es mucha y los obreros pocos. 38 ¡Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies!”
La misión se compara a la siega (cfr. Lc 10,2-3; Jn 4,35-38).Hay muchos hombres dispuestos a responder al evangelio, muchos que esperan una palabra de vida. Los mensajeros de paz son siempre pocos, la multitud es inmensa. La exhortación a la oración viene a significar que Dios está al origen de la misión, Él es el responsable de la mies, a Él debemos convertirnos con la oración. El Espíritu Santo está ya obrando, de hecho la mies está disponible. La mies es un término ligado originariamente al juicio final (Is 27,12; Os 6,11; Jl 3,13). Juan Bautista creía que había llegado el momento del juicio (Mt 3,12). Pero aquí no son los ángeles los llamados a realizar esta obra, sino los hombres a salvar del juicio a otros hombres y no a juzgarlos. Vivimos un tiempo de misericordia, no ha llegado todavía el juicio.

10:1 Y llamando a sus doce discípulos, les dio el poder sobre los espíritus inmundos para expulsarlos y curar toda enfermedad y toda dolencia
Esta llamada de los doce en Mateo no es como en Marcos 3,13-15 o en Lc 6,13. No es el resultado de una selección, sino del encargo que se les confía. Es un grupo ya formado (Mt 4,18; 8,19-22) que ahora recibe un mandato. El número doce está referido a las doce tribus de Israel. Para anunciar la nueva ley del nuevo Moisés, hay necesidad de un nuevo pueblo que acoja la palabra del nuevo Moisés (Jesús). En la Sagrada Escritura el número doce indica, sobre todo, el pueblo de Dios en su totalidad. Sobre el fondo del pueblo de las doce tribus hay que colocar la llamada de “los doce” (Mc 9,35; 10,32 par.; Jn 6,70; 20,24; 1Cor 15,5 y en otros sitios) por parte de Jesús durante su ministerio en Galilea. El número doce no hay que entenderlo en sentido restrictivo, sino de excelencia. La misión de los discípulos está puesta en estrecho paralelo con la misión de Jesús. La idea dominante es que el ministerio de los apóstoles es la prolongación del de Jesús. Se les da a los discípulos el mismo “poder” que tenía Jesús (9,6-8; 7,29; 8,9) y el mismo obrar sanador (4,23; 9,35). No se trata de un poder de guiar, de mandar, sino de aquello que se necesita para realizar la misión a ellos confiada, para servir a la humanidad. El contesto es aquí antes de la resurrección. El término “apóstol” se encuentra solo en Mateo, en otro lugar habla de discípulos (11,1; 20,17, 26,14.20.47). No se usa como en Lucas y Pablo para indicar un encargo, sino en el sentido etimológico como “mandados” “ enviados”. Por tanto se puede entender como una invitación dirigida a todo el nuevo Israel a través de los doce, columnas del nuevo pueblo de la nueva ley, la del amor. La comunidad de judíos convertidos a los que se dirigía Mateo veía aquí el comienzo del nuevo Israel, la Iglesia. Continuidad y rotura con la sinagoga.

10:2 Los nombres de los doce Apóstoles son éstos: primero Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo y Tadeo; Simón el Cananeo Y Judas el Iscariote, el que le entregó.
Las varias listas de los doce (Mc 3.16-19; Lc 6,13-16; Act 1-13) colocan siempre a Pedro en el primer puesto y a Judas en el último. Los nombres tiene pocas anotaciones que varían en las diversas listas. Hay que anotar las dos parejas de hermanos (Simón-Andrés y Santiago-Juan) como indicando la fraternidad como fundamento de la nueva comunidad. La diversidad: un publicano, un cananeo, un iscariota que lo traicionará. Nada de gente grande, ni ilustre, ni de toda confianza. La llamada proviene de una libre elección de Jesús y no por los méritos o por la importancia de las personas, para que en la debilidad de éstos se revele la potencia de Dios (1Cor 27-29).

10:5 A estos doce envió Jesús, después de darles estas instrucciones: “No toméis camino de gentiles ni entréis en ciudad de samaritanos; 6 dirigíos más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel. 7 Yendo proclamad que el reino de los Cielos está cerca. 8 Curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios. Gratis lo recibisteis; dadlo gratis.
La instrucción para la misión, traída aquí solo en parte, se completa al final del versículo 16. Los versículos 5-8 son exclusivos de Mateo, excepto el mandato de proclamar que el reino está cerca (Lc 10,9.11). La limitación de los confines de la misión en este contexto antes de la resurrección no está en contradicción con Mt 24,25, después de la resurrección, en el que se dice ir a todo el mundo. Subraya la prioridad que hay que dar a la casa de Israel. Un interés por “las ovejas perdidas” (Ez 34,1-16; Is 53-16) ante todo y luego por aquellas “desconocidas” (los gentiles). Mateo pone en evidencia el amor de Dios por el pueblo de Israel. El mandato confiado a los apóstoles es muy comprometido: curar enfermos, resucitar muertos, arrojad demonios. ¿Hay que entenderlo en sentido metafórico? Ciertamente hay enfermedades y muertes espiritualmente no menos fáciles de curar y revivir que las físicas, hay también los poseídos por ideologías y mentalidades destructivas. Hay que recordar que es Jesús el que envía, que nada le es imposible “creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí; sino, creedlo por las mismas obras. En verdad os digo: también el que cree en mí hará las obras que yo hago y las hará mayores que éstas, porque yo voy al Padre” (Jn 14,11-12). Juan Pablo II de venerada memoria escribió en la encíclica Redemptoris missio: “La liberación y la salvación, puertas del reino de Dios alcanzan a la persona humana en sus dimensiones tanto físicas como espirituales” (RM 14)
La misión por tanto está hecha de predicación y curación, anuncio y promoción humana, venida del reino junto con la lucha por la justicia y la paz.
La misión por tanto no puede ser nada más que gratuita, no pertenece a los enviados. No puede ser disfrutada para propio aprovechamiento material, así se pone en acto el espíritu de las bienaventuranzas (Mt 6, 25-34).

5. Oración con el Salmo 100

¡Aclama a Yahvé, tierra entera,
servid a Yahvé con alegría,
llegaos a él con júbilo!
Sabed que Yahvé es Dios,
él nos ha hecho y suyos somos,
su pueblo y el rebaño de sus pastos.
Entrad por sus puertas dando gracias,
por sus atrios cantando alabanzas,
dadle gracias, bendecid su nombre.
Pues bueno es Yahvé y eterno su amor,
su lealtad perdura de edad en edad.

6. Contemplación

Oh Padre, que has hecho de nosotros un pueblo profético y sacerdotal, llamado a ser signo visible de la nueva realidad de tu reino; concédenos vivir en plena comunión contigo en el sacrificio de alabanza y en el servicio a los hermanos, para llegar hacer misioneros y testigos del Evangelio. Haz que tu compasión sea nuestra compasión, tu urgencia misionera nuestra urgencia, ¡sí Señor, mándame!

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Como Carmelitas, Vivimos nuestra vida en obsequio de Jesucristo y servirle fielmente con corazón puro y buena conciencia a través de un comprometiéndose en la búsqueda del rostro del Dios vivo (dimensión contemplativa de la vida), en la oración, en la fraternidad y en el servicio (diakonía) en medio del pueblo. Estos tres elementos fundamentales del carisma no son valores aislados o inconexos, sino que  están estrechamente ligados entre sí. 

Todo esto lo vivimos bajo la protección, la inspiración y la guía de María, la Virgen del Carmen, a la que honramos como “nuestra Madre y hermana”.



date | by Dr. Radut