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"La Lectio Divina es una fuente genuina de la espiritualidad cristiana y a ella nos invita nuestra Regla. Practiquémosla cada día para adquirir un suave y muy vivo amor y para aprender la supereminente ciencia de Jesucristo. Así cumpliremos el mandato del Apóstol Pablo que nos recuerda la Regla: “La espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios, habite con toda su riqueza en vuestra boca y en vuestros corazones, y todo lo que debáis hacer hacedlo en el nombre del Señor”.        Constituciones Carmelitas (n. 82)

Lectio Divina: Lucas 14,15-24

Lectio: 
Martes, 7 Noviembre, 2017

Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

Señor de poder y de misericordia, que has querido hacer digno y agradable por favor tuyo el servicio de tus fieles; concédenos caminar sin tropiezos hacia los bienes que pos prometes. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del Evangelio según Lucas 14,15-24
Al oír esto, uno de los comensales le dijo: « ¡Dichoso el que pueda comer en el Reino de Dios!» Él le respondió: « Un hombre dio una gran cena y convidó a muchos; a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los invitados: `Venid, que ya está todo preparado.' Pero todos a una empezaron a excusarse. El primero le dijo: `He comprado un campo y tengo que ir a verlo; te ruego me dispenses.' Y otro dijo: `He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas; te ruego me dispenses.'Otro dijo: `Me acabo de casar, y por eso no puedo ir.'
«Regresó el siervo y se lo contó a su señor. Entonces, el dueño de la casa, airado, dijo a su siervo: `Sal en seguida a las plazas y calles de la ciudad, y haz entrar aquí a los pobres y lisiados, a ciegos y cojos.' Dijo el siervo: `Señor, se ha hecho lo que mandaste, y todavía hay sitio.' Dijo el señor al siervo: `Sal a los caminos y cercas, y obliga a entrar hasta que se llene mi casa.' Porque os digo que ninguno de aquellos invitados probará mi cena.»

3) Reflexión

• El evangelio de hoy sigue la reflexión alrededor de asuntos enlazados con la comida y las invitaciones. Jesús cuenta la a parábola del banquete. Mucha gente ha sido invitada, pero la mayoría no acudió. El dueño de la fiesta se indigna viendo que los convidados no acuden y manda llamar a los pobres, a los lisiados, a los ciegos, a los cojos. Pero sigue habiendo sitio. Entonces el dueño manda convidar a todo el mundo, hasta que la casa queda llena. Esta parábola es una luz para las comunidades del tiempo de Lucas.
• En las comunidades del tiempo de Lucas había cristianos, venidos del judaísmo y cristianos venidos de los paganos. A pesar de las diferencias de raza, clase y género, ellos tenían un gran ideal, basado en el compartir y en la comunión (Hec 2,42; 4,32; 5,12). Pero había muchas dificultades, pues los judíos tenían normas de pureza legal que les impedían comer con los paganos. Y hasta después de haber entrado en la comunidad cristiana, algunos de ellos guardan la antigua costumbre de no sentarse con los paganos alrededor de la misma mesa. Así, Pedro tuvo conflictos en la comunidad de Jerusalén, por haber entrado en casa de Cornelio, un pagano y haber comido con él (Hec 11,3). En vista de esta problemática de las comunidades, Lucas guarda una serie de palabras de Jesús respecto a la comunión alrededor de la mesa (Lc 14,1-24). La parábola que aquí meditamos es un retrato de lo que estaba aconteciendo en las comunidades.
• Lucas 14,15: Dichoso el que pueda comer en el Reino de Dios. Jesús había terminado de contar dos parábolas: una sobre la elección de los lugares (Lc 14,7-11), y la otra sobre la elección de los invitados (Lc 14,12-14). Al oír estas parábolas, alguien que estaba en la mesa con Jesús tiene que haber percibido el alcance de la enseñanza de Jesús y dice: "¡Dichoso el que pueda comer en el Reino de Dios!". Los judíos comparaban el tiempo futuro del Mesías a un banquete, marcado por la hartura, la gratitud y la comunión (Is 25,6; 55,1-2; Sal 22,27). El hambre, la pobreza y la carestía hacían que el pueblo tuviera esperanza de cara al futuro. La esperanza de los bienes mesiánicos, comúnmente experimentada en los banquetes, se proyectaba para el final de los tiempos.
• Lucas 14,16-20: El gran banquete está listo. Jesús responde con una parábola. "Un hombre dio una gran cena y convidó a muchos". Pero los deberes de cada cual impiden a los invitados a que acepten la invitación. El primero dice: “He comprado un campo. ¡Tengo que ir a verlo!” El segundo: “He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas”. El tercero: “Me casé. No puedo ir”. Dentro de las normas y de las costumbres de la época, aquellas personas tenían derecho a no aceptar la invitación (cf. Dt 20,5-7).
• Lucas 14,21-22: El banquete permanece de pie. El dueño de la fiesta queda indignado con las excusas. En el fondo, quien se indigna es Jesús mismo, pues las normas de estricta observancia de la ley reducían el espacio para que la gente pudiera vivir gratuitamente un banquete amigo que engendraba fraternidad y compartir. Allí, el dueño de la fiesta manda los empleados a que inviten a los pobres, a los ciegos, a los cojos, a los lisiados. Los que, normalmente, eran excluidos como impuros, ahora son invitados a sentarse entorno a la mesa del banquete.
• Lucas 14,23-24: Todavía hay sitio. La sala no se llenó. Había sitio todavía. Entonces, el dueño de la casa manda invitar a los que andan por los caminos. Son los paganos. Ellos también son invitados a sentarse entorno a la mesa. Así, en el banquete de la parábola de Jesús, se sientan juntos a la misma mesa, judíos y paganos. En el tiempo de Lucas había muchos problemas que impedían la realización de este ideal de la mesa común. Por medio de la parábola, Lucas muestra que la práctica de la comunión de la mesa venía de Jesús mismo.
Después de la destrucción de Jerusalén, en el año 70, los fariseos asumieron el liderazgo en las sinagogas, exigiendo el cumplimiento rígido de las normas que lo identificaban como pueblo judío. Los judíos que se convertían al cristianismo eran considerados como una amenaza, pues derribaban los muros que separaban Israel de los demás pueblos. Los fariseos trataban de obligarlos a abandonar la fe en Jesús. Todo esto producía una lenta y paulatina separación entre judíos y cristianos y era fuente de mucho sufrimiento, sobre todo para los judíos convertidos (Rom 9,1-5). En la parábola, Lucas deja bien claro que estos judíos convertidos no son infieles a su pueblo. ¡Es lo contrario! Son los invitados que aceptaron ir al banquete. Son los verdaderos continuadores de Israel. Infieles fueron quienes no aceptaron la invitación y no quisieron reconocer en Jesús al Mesías (Lc 22,66; Hec 13,27).

4) Para la reflexión personal

• ¿Cuáles son las personas que generalmente son invitadas y cuáles no son invitadas a nuestras fiestas?
• ¿Cuáles son los motivos que limitan hoy la participación de las personas en la sociedad y en la Iglesia? Y ¿cuáles son los motivos que algunos alegan para excluirse de la comunidad? ¿Son motivos justos?

5) Oración final

Actúa con esplendor y majestad,
su justicia permanece para siempre.
De sus proezas dejó un memorial.
¡Clemente y compasivo Yahvé! (Sal 111,3-4)

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Como Carmelitas, Vivimos nuestra vida en obsequio de Jesucristo y servirle fielmente con corazón puro y buena conciencia a través de un comprometiéndose en la búsqueda del rostro del Dios vivo (dimensión contemplativa de la vida), en la oración, en la fraternidad y en el servicio (diakonía) en medio del pueblo. Estos tres elementos fundamentales del carisma no son valores aislados o inconexos, sino que  están estrechamente ligados entre sí. 

Todo esto lo vivimos bajo la protección, la inspiración y la guía de María, la Virgen del Carmen, a la que honramos como “nuestra Madre y hermana”.



date | by Dr. Radut