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Santa María de Jesús Crucificado (OCD), Virgen (m)

Litúrgico: 
Jueves, 25 Agosto, 2016
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María Baouardy nació en Abellin en Galilea el 5 de enero de 1846, de padres muy pobres pero honrados y piadosos cristianos greco-católicos. Habiendo quedado huérfana de padres a sólo tres años de edad, fue confiada junto con su hermano Pablo a un tío paterno, que se trasladó a Alejandría de Egipto algunos años después. No recibió ninguna instrucción escolar: era analfabeta. A los trece años, por el deseo de pertenecer sólo a Dios, rechaza con fortaleza el matrimonio, que según la costumbre oriental, le había preparado su tío. Siguen después años en los que trabaja como criada en Alejandría, Jerusalén, Beirut y Marsella.

Aquí, al inicio de la cuaresma de 1865, entró en las Hermanas de la Compasión, pero habiendo caído enferma debió abandonarlas dos meses después. Fue acogida después en el Instituto de las Hermanas de San José de la Aparición, pero después de dos años de postulante no fue admitida, juzgándosela más apta para la vida claustral. Fue así como el 14 de junio de 1867 llegó al Carmelo de Pau. El 21 de agosto de 1870, aun novicia, partió para la India para la fundación de un Carmelo en Mangalor. El 21 de noviembre de 1871 hizo su profesión religiosa. Un año después regresa de nuevo a Pau, desde donde salió con otras religiosas en agosto de 1875 para Belén, para la fundación del primer Carmelo en tierras de Palestina. Murió el 26 de agosto de 1878 en Belén a causa de una gangrena contraída a raíz de una fractura producida por una caída. Fue beatificada por Juan Pablo II el 13 de noviembre de 1983. Fue canonizada por Francisco en Roma el 17 de mayo de 2015. En el calendario de la Iglesia universal se conmemora el 26 de agosto, mientras que en la Orden del Carmen su memoria litúrgica cae el 25 de agosto. Su tumba, un lugar de peregrinación de los cristianos y musulmanes, se encuentra en la iglesia de

Como Carmelitas, Vivimos nuestra vida en obsequio de Jesucristo y servirle fielmente con corazón puro y buena conciencia a través de un comprometiéndose en la búsqueda del rostro del Dios vivo (dimensión contemplativa de la vida), en la oración, en la fraternidad y en el servicio (diakonía) en medio del pueblo. Estos tres elementos fundamentales del carisma no son valores aislados o inconexos, sino que  están estrechamente ligados entre sí. 

Todo esto lo vivimos bajo la protección, la inspiración y la guía de María, la Virgen del Carmen, a la que honramos como “nuestra Madre y hermana”.



date2 | by Dr. Radut