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Conmemoración Solemne de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo (Solemnidad)

la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo
Litúrgico

Las Sagradas Escrituras cantan la belleza del Monte Carmelo donde el profeta Elías defendió la pureza de la fe de Israel en el Dios vivo. En este lugar, a principios del siglo XIII, tuvo jurídicamente sus orígenes la Orden Carmelitana bajo el título de Santa María del Monte Carmelo.

Este título, a modo de compendio de los beneficios recibidos de la Patrona, comenzó a celebrarse en el siglo XIV, primero en Inglaterra y gradualmente en toda la Orden. Alcanzó su máximo esplendor a principios del siglo XVII cuando el Capítulo General lo declaró fiesta principal de la Orden y Pablo V lo reconoció  como título distintivo de la Confraternidad del Escapulario.

 


la Virgen María en las Constituciones

En la Virgen María, Madre y tipo de la Iglesia, los carmelitas encuentran la imagen perfecta de todo lo que desean y esperan ser. Por eso María ha sido siempre considerada la Patrona de la Orden, de la cual también ha sido llamada Madre y Hermosura y a la que los carmelitas  tuvieron siempre ante sus ojos y en el corazón como la "Virgen Purísima". Mirando hacia ella y viviendo en familiaridad de vida espiritual con ella, aprendemos a estar siempre delante de Dios y junto con los hermanos del Señor. María vive efectivamente en medio de nosotros como Madre y como Hermana, atenta a nuestras necesidades, y junto con nosotros vela, espera, sufre y goza.

El Escapulario es signo del amor materno, permanente y estable, de María para con los hermanos y hermanas carmelitas.

Siguiendo su tradición, sobre todo a partir del s. XVI, el Carmelo ha expresado la proximidad amorosa de María con el pueblo de Dios mediante la devoción del Escapulario, signo de consagración a ella, vehículo de la agregación de los fieles a la Orden e instrumento popular y eficaz de evangelización.

(Constituciones #27)

Como Carmelitas, Vivimos nuestra vida en obsequio de Jesucristo y servirle fielmente con corazón puro y buena conciencia a través de un comprometiéndose en la búsqueda del rostro del Dios vivo (dimensión contemplativa de la vida), en la oración, en la fraternidad y en el servicio (diakonía) en medio del pueblo. Estos tres elementos fundamentales del carisma no son valores aislados o inconexos, sino que  están estrechamente ligados entre sí. 

Todo esto lo vivimos bajo la protección, la inspiración y la guía de María, la Virgen del Carmen, a la que honramos como “nuestra Madre y hermana”.