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400 años viviendo para alabanza de Dios y de nuestra santísima madre de las maravillas

Monasterio de Ntra. Sra. de las Maravillas de Madrid

La comunidad de monjas carmelitas del Monasterio de Ntra. Sra. de las Maravillas de Madrid estamos celebrando el IV Centenario de nuestra fundación para dar gracias a Dios por las maravillas que ha obrado en nuestra comunidad a lo largo de sus cuatrocientos años de existencia.

El día 3 de febrero del presente año 2013,

tuvo la apertura del mismo en la Eucaristía celebrada por el P. General Fernando Millán, O.Carm. Concelebraron los PP. Provinciales de Castilla y Aragón y Valencia, así como hermanos carmelitas de las comunidades de Madrid. Nos acompañaron la Presidenta de nuestra Federación “Mater Unitatis”, las Superioras Generales de las dos Congregaciones de Carmelitas de vida activa de España (HVMMC y HCSCJ), miembros de la Archicofradía de Ntra. Sra. de las Maravillas y un nutrido grupo de laicos carmelitas, familiares y amigos que habitualmente acuden a nuestra iglesia.

Esta comunidad madrileña nació en una casa de la calle Fuencarral bajo el patrocinio de Dña. Juana de Barahona. Los Padres carmelitas acogieron los buenos deseos de seis jóvenes madrileñas que deseaban consagrarse al Señor como carmelitas.

Una fecha importante para la comunidad fue la donación en 1627 de la Imagen de Ntra. Sra. de las Maravillas. Cuenta la tradición que un día, estando algunas monjas paseando por la huerta del convento, encontraron una pequeña imagen del Niño Jesús recostada en una mata de flores de 'maravillas' (muy parecidas a las margaritas). Las monjas cogieron al Niño, lo llevaron al coro e improvisaron un altar. Y comenzaron a llamarlo 'Niño de las Maravillas'. Era el año 1620. Siete años más tarde, en 1627, la Divina Providencia llevó al convento una imagen de la Virgen. La devoción a esta imagen de la Virgen, con fama de conceder favores a sus devotos, se fue extendiendo, y mucha gente acudía a venerarla. Ante esta situación, las autoridades eclesiásticas deciden que tiene que venerarse en una iglesia. Nuestras hermanas colocaron en sus manos la imagen del “Niño Jesús de Maravillas”, encontrada unos años antes y, fieles a esta tradición, ahí sigue Él sobre un ramo de flores sostenido por la Santísima Virgen. Desde entonces, esta Virgen ha estado unida a nuestra comunidad. Fueron tantos los favores que concedió la Virgen de las Maravillas, que hasta el Rey Felipe IV, agradecido por haber sido curado gracias a su intercesión, financió la construcción de la Iglesia del convento.

El grupo permaneció bajo la obediencia de los Padres carmelitas hasta el año 1627. Posteriormente, en sus deseos de querer ser reconocidas como religiosas consagradas, el 15 de agosto de 1627, quedaron bajo la obediencia del Ordinario. El 10 de enero de 1630 la Priora Sor Isabel de la Santísima. Trinidad y la Subpriora Sor Isabel de San Antonio hicieron la profesión en manos del visitador, Dr. Xedels, delegado por el Cardenal Zapata, según la primitiva Regla de San Alberto, en las Carmelitas de la Antigua Observancia. El día 14 del mismo mes y año profesaron las siete restantes en manos de la M. Priora y en presencia del Sr. Visitador, quedando constituidas en una verdadera comunidad carmelita según las normas de la Iglesia y las Constituciones de la Orden del Carmen.

La historia del convento está ligada a la sublevación del 2 de mayo de 1808 en la Guerra de la Independencia contra los franceses, pues junto a sus muros comenzó el levantamiento popular, siendo dando la comunidad testimonio de amor a sus hermanos, al atender a los heridos de ambos bandos. Más sinsabores tuvo la comunidad cuando se vio abocada a sucesivos cambios de casas, viéndose acogidas a la caridad de otras comunidades, al ser víctimas de estafas, desamortizaciones y persecuciones religiosas. En 1902 el matrimonio Calderón Gosálvez, favorecido también por la poderosa intercesión de la Virgen de las Maravillas, construyó un nuevo convento en un terreno de su propiedad, en pleno barrio de Salamanca, en las afueras de Madrid. Inaugurado en 1904, desde entonces las monjas sólo lo han abandonado durante la Guerra Civil española.

La comunidad creció de tal forma que consideró hacer una nueva fundación en la República Dominicana. La providencia se sirvió para ello de Dña. María Grullón, viuda de Llompart, natural de Sto. Domingo, que ingresó como postulante en el año 1953. Sus deseos de fundar un monasterio de carmelitas contemplativas en su país encontraron calurosa acogida en la comunidad y en el Rvdo. P. Alfonso M.ª López Sendín, Comisario General de los Padres Carmelitas de Castilla. El Arzobispo contestó en sentido afirmativo el 2 de diciembre de 1953, fundándose un convento de carmelitas de clausura en San José de las Matas, diócesis de Santiago de los Caballeros. En 1974 eran ya 30 monjas en la comunidad y salieron algunas hermanas a las fundaciones de La Vega y a Sto. Domingo (República Dominicana).

El P. Fidel M.ª Fernández Limcaco, carmelita filipino visitó la comunidad de Madrid y expuso el deseo de hacer una fundación de monjas carmelitas en Filipinas. La expedición compuesta por seis monjas, en las que figuraba como Priora la M. Trinidad del Sgdo. Corazón de Jesús Cuesta, salieron del convento el día 3 de octubre de 1958. El día 30 de mayo de 1964 se trasladaron al nuevo convento todavía en construcción en las afueras de la ciudad de Dumaguete, aunque la capilla no pudo inaugurarse hasta el 19 de noviembre de 1977.

La comunidad de Dumaguete creció y en 1990 se fundó en la isla de Roxas City, Diócesis de Capiz, formada exclusivamente por monjas filipinas. Después en 2009 salieron seis hermanas filipinas para una nueva fundación en Bohol, diócesis de Tagbilaran.

Para conmemorar este centenario la comunidad ha editado un libro con el resumen de toda nuestra historia desde sus orígenes y tiene proyectado celebrar un ciclo de conferencias, un concierto de órgano y un triduo de acción de gracias, clausurado por nuestro Sr. Cardenal Don Antonio M.ª Rouco Varela, Arzobispo de Madrid.

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Como Carmelitas, Vivimos nuestra vida en obsequio de Jesucristo y servirle fielmente con corazón puro y buena conciencia a través de un comprometiéndose en la búsqueda del rostro del Dios vivo (dimensión contemplativa de la vida), en la oración, en la fraternidad y en el servicio (diakonía) en medio del pueblo. Estos tres elementos fundamentales del carisma no son valores aislados o inconexos, sino que  están estrechamente ligados entre sí. 

Todo esto lo vivimos bajo la protección, la inspiración y la guía de María, la Virgen del Carmen, a la que honramos como “nuestra Madre y hermana”.