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6 Formas de vivir la Cuaresma según el Papa Francisco

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http://www.fundaciondivinaeucaristia.org
(Tomado del mensaje del Papa para la Cuaresma 2014)

1. Practicar la Caridad: 

Pero una caridad verdadera, que brota del corazón, que nos acerca a los más débiles, a los más necesitados. Jesús renunció a su divinidad para salvarnos, para estar en medio de nosotros.

“Dios no hizo caer sobre nosotros la salvación desde lo alto, como la limosna de quien da parte de lo le sobra, con aparente piedad caritativa.” (S.S Francisco)

Para esto puedes buscar centros de ayuda, en tu Parroquia o Arquidiócesis hay muchos programas que brindan ayuda a niños, enfermos, adultos mayores, habitantes de la calle, mujeres embarazadas, y toda clase de necesitados del cuerpo y del alma. Son diversas las maneras de hacer caridad, pero lo principal es hacerlo con Amor y propiciar un encuentro verdadero con estas personas sufrientes. No des únicamente lo que te sobra, sino también lo que te cuesta, de lo que tienes poco, pues el Señor te recompensará abundantemente.

2.  Hacernos ricos en Cristo:

Jesús es nuestra mayor riqueza y cuando nos acercamos a Él nos hacemos ricos en la pobreza, compartiendo la “rica pobreza" y "pobre riqueza" suyas. Y esta riqueza consiste en la confianza ilimitada en Dios Padre, es encomendarse a Él en todo momento, buscando siempre y solamente su voluntad y su gloria. Como un niño que es rico porque se siente amado por sus padres y los ama, sin dudar ni un instante de su amor y su ternura.

“Se ha dicho que la única verdadera tristeza es no ser santos (L. Bloy); podríamos decir también que hay una única verdadera miseria: no vivir como hijos de Dios y hermanos de Cristo.”

Para esto debes participar de la gran familia de Dios que es la Iglesia y mejorar tu relación con Dios, por eso debes proponerte realizar la oración diaria, participar con más frecuencia de la Eucaristía, la Adoración Eucarística y la confesión regular. También puedes unirte a un grupo o comunidad parroquial como la Legión de María o el grupo juvenil, acércate a tu parroquia y pregunta qué grupos funcionan actualmente y a cuál  podrías pertenecer.

3. Fijarnos en las miserias de nuestros hermanos y en nuestras propias miserias:  

Existen tres tipos de miserias, la material que consiste en la falta de bienes como la comida, el agua, el trabajo, la posibilidad de desarrollo, entre otros, también existe la miseria moral que la tiene todos aquellos que se han convertidos en esclavos del vicio y del pecado y siempre va unida a la tercera forma de miseria que es la espiritual “que nos golpea cuando nos alejamos de Dios y rechazamos su amor” y consiste en sacar a Dios de nuestras vidas creyendo que somos autosuficientes y no necesitamos al Señor.

“A imitación de nuestro Maestro, los cristianos estamos llamados a mirar las miserias de los hermanos, a tocarlas, a hacernos cargo de ellas y a realizar obras concretas a fin de aliviarlas”

Debemos hacer un examen propio para determinar si poseemos alguna de estas miserias y busquemos la ayuda que la Iglesia nos ofrece, también ubiquemos aquellos amigos, vecinos, familiares o conocidos que padecen alguna de estas miserias, que en realidad son muchos, y busquemos la manera de ayudarlos.

4. Anunciar con alegría el Evangelio:

El antídoto para la miseria espiritual es el anuncio de la buena noticia, en cada ambiente los cristianos están llamados a llevar el anuncio que existe el perdón de nuestras faltas, que el Señor es más grande que nuestro pecado y su Amor es infinito.

“Es hermoso experimentar la alegría de extender esta buena nueva, de compartir el tesoro que se nos ha confiado, para consolar los corazones afligidos y dar esperanza a tantos hermanos y hermanas sumidos en el vacío.”

Una vez hemos nos hemos purificado en el sacramento de la confesión y hemos recibido el Amor de Jesús, a imitación suya, debemos salir en busca de las ovejas perdidas, de todos aquellos sumidos en la tristeza y en la miseria. Y no necesitas ir lejos para hacerlo, en tu casa, en tu barrio, en tu universidad o colegio, en tu trabajo, en el banco, en la calle hay muchos hermanos a los que puedes llevar el mensaje de Jesús.

5. Despojarse:

Siempre podemos privarnos de algo para ayudar y enriquecer con la riqueza de Jesús, pero con sacrificio.

“No olvidemos que la verdadera pobreza duele: no sería válido un despojo sin esta dimensión penitencial. Desconfío de la limosna que no cuesta y no duele.”

Podemos privarnos de aquello que nos hace daño como malas compañías, vicios, programas de televisión, música, conversaciones o momentos que nos hacen pecar para purificar nuestra alma y anunciar mejor a Cristo, también podemos despojarnos de lo que nos gusta, por ejemplo, en una tarde soleada, dejamos de comprar una gaseosa para refrescarnos, ofrecemos nuestro sacrificio al Señor y con este dinero hacemos una obra de caridad, o también madrugamos para hacer la oración personal, visitar a Jesús en el Sagrario o pedir por una persona que esté sumida en el vicio o pecado.

6. Ser misericordiosos y agentes de misericordia:

Ayudados por el Espíritu Santo y bajo la intercesión maternal de la Virgen María, llevemos a Cristo a todos nuestros hermanos, no sólo con palabras sino con hechos concretos.

Saludando en la calle a conocidos y desconocidos, perdonando las ofensas, orando por nuestros enemigos, evitando los chismes y habladurías, compartiendo nuestros bienes con los demás y con toda la creatividad que el Señor nos inspire para recorrer este camino de cuaresma como verdaderos agentes de Misericordia y no olvidemos rezar por el Santo Padre, que es quien nos muestra el camino y nos da ejemplo para seguirlo.

Como Carmelitas, Vivimos nuestra vida en obsequio de Jesucristo y servirle fielmente con corazón puro y buena conciencia a través de un comprometiéndose en la búsqueda del rostro del Dios vivo (dimensión contemplativa de la vida), en la oración, en la fraternidad y en el servicio (diakonía) en medio del pueblo. Estos tres elementos fundamentales del carisma no son valores aislados o inconexos, sino que  están estrechamente ligados entre sí. 

Todo esto lo vivimos bajo la protección, la inspiración y la guía de María, la Virgen del Carmen, a la que honramos como “nuestra Madre y hermana”.



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