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Carta del Prior General con motivo de la Solemnidad de la Virgen del Carmen 2017

Padre Fernando

Fernando Millán Romeral, O.Carm., Prior General,

Queridos hermanos y hermanas de la familia carmelita:

 

            Se acerca ya la fiesta de Nuestra Madre del Carmen y, como todos los años, quiero mandaros un afectuoso saludo con mi más sincera felicitación. Espero que la fiesta y todas las celebraciones propias de estos días (novenas, procesiones, actos religiosos y culturales, etc.) constituyan una ocasión de honrar a María bajo este título tan popular y entrañable y tan querido para todos nosotros de “la Virgen del Carmen”. Ojalá que estas celebraciones toquen nuestro corazón, inspiren nuestra vivencia del carisma y transformen nuestra vida de forma que seamos cada vez más fieles a los valores del Evangelio.

 

            Quisiera presentaros de nuevo este año el guión de la novena que han confeccionado los encargados de la página Web de nuestra Orden, basándose en textos de escritores, místicos y santos carmelitas. Que esta novena sirva para que, guiados de la mano de María, nos adentremos en la hondura del misterio de nuestra fe.

 

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            Este año quisiera, en primer lugar, recordaros que estamos conmemorando el primer centenario de las apariciones de Fátima. Con este motivo, entre otros eventos, los carmelitas portugueses, en colaboración con nuestros hermanos carmelitas descalzos, han preparado un congreso mariológico que tendrá lugar en septiembre de 2017. Asimismo, se han publicado diversas obras y artículos sobre la relación de estas apariciones con la Virgen del Carmen.

 

            Es bien sabido que, en la sexta aparición, acaecida en octubre de 1917, los pastorcillos señalaron que la Virgen se apareció bajo la advocación de la Virgen del Carmen que se veneraba en su parroquia (véase la foto). En 1924, declarando ante el tribunal diocesano, Lucía insistió en ello y añadió que “llevaba una cosa colgando en su mano derecha” (el Santo Escapulario). Igualmente, cuando en 1950, el P. Kilian Lynch, entonces Prior General de la Orden, visitó a Lucía, la vidente, insistió en que se trataba de la Virgen del Carmen. Incluso, en diversas entrevistas con otros carmelitas, Lucía subrayó que le sorprendía que no se hubiese destacado más este aspecto y que no se hubiese promocionado más la devoción al Escapulario del Carmen, inspirada por las mismas apariciones.

 

            Sea como fuere, en este centenario de las apariciones, la familia carmelita renueva de algún modo su devoción mariana y ahora que se acerca la fiesta de Nuestra Madre del Carmen, también nosotros le pedimos que nos dé una fe sencilla, honda y una devoción que no caiga en sentimentalismos vacíos o en afectos pasajeros, sino que, bien arraigada en nuestros corazones, nos lleve a redescubrir cada día la Buena Nueva del Evangelio y nos anime a anunciarla con valentía y autenticidad.

 

            El Papa Francisco, en su visita a Fátima, ha insistido en cómo los valores del Evangelio transforman y revolucionan nuestra vida y la devoción a la Virgen nos ayuda a descubrirlos y a vivirlos en plenitud. La devoción mariana, de hecho, si es auténtica,  no puede por menos que hacernos más humanos: “Cada vez que miramos a María volvemos a creer en lo revolucionario de la ternura y del cariño. En ella vemos que la humildad y la ternura no son virtudes de los débiles sino de los fuertes”.

 

            En este centenario, recordamos también de una forma especial a todos los enfermos de la familia carmelita. El Papa tuvo para ellos palabras entrañables en su visita a Fátima, afirmando que eran “un tesoro valioso de la Iglesia”. Que en esta fiesta de la Virgen del Carmen tengamos muy presentes a los que sufren la enfermedad y que renovemos nuestro empeño en ayudarles, acompañarles y en compartir con ellos todo lo mejor que tenemos. Que lejos de la cultura del descarte, ni de la comodidad egoísta, sean de verdad un tesoro en nuestras familias y comunidades carmelitas.

 

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            En segundo lugar, quisiera señalar que este año estamos celebrando el 75º aniversario de la muerte del beato Tito Brandsma en el campo de concentración de Dachau y el 50º aniversario de la muerte del gran teólogo carmelita, Bartolomé F. Mª Xiberta. Ambos fallecieron el mismo día, el 26 de julio, con una diferencia de 25 años. Los dos coincidieron en Holanda, en 1938, tras la expulsión del P. Xiberta de Italia por parte del gobierno fascista. El P. Xiberta siempre recordaría con admiración al carmelita holandés.

 

            Los dos destacaron por su gran devoción mariana y escribieron de forma prolija sobre el papel de la Virgen María en la historia de salvación. El P. Tito insistió mucho en que nosotros, como María, estamos llamados a ser “theotokos”, portadores de Dios, que llevan al Señor a los ámbitos más necesitados de Él. Es una doctrina que conecta muy bien con la insistencia misionera del Papa Francisco, el cual, constantemente, nos recuerda la importancia de salir de nosotros e ir a las periferias geográficas y existenciales.

 

            El P. Xiberta supo combinar de forma armónica una teología muy elevada, de carácter especulativo, con la tierna devoción a María. Los que le conocieron de cerca recuerdan cómo contaba los días que faltaban para celebrar la festividad del Carmen. Le gustaba repetir la antífona mariana, tomada del libro de Judit (cf. Jdt 15,9), “Tú eres la gloria de Jerusalén, tú la alegría de Israel, tú eres el orgullo de nuestra raza”. En María, una mujer de nuestra raza y de nuestro pueblo, toda la humanidad se hace patente, siendo ella primicia del misterio de la salvación.

 

            Sólo un par de ejemplos como botón de muestra para ilustrar cómo nuestros hermanos vivieron con profundidad, seriedad doctrinal y piedad la devoción a María en pleno siglo XX.

 

            El beato Tito celebró por última vez la fiesta de la Virgen del Carmen en el Lager de Dachau en 1942. Pese a la debilidad y a la enfermedad, no dejó de felicitar con un sentido apretón de manos a los otros carmelitas que se encontraban allí: al holandés, Fray Rafael, que lo acompañó hasta el final, y a varios polacos, entre los que se encontraba el beato Hilario Januszewski. Fue una extraña celebración, pero vivida, ciertamente, de forma entrañable y conmovedora en aquellas circunstancias terribles.

 

            El mismo día, veinticinco años más tarde, moría el P. Xiberta en Tarrasa (España). Los últimos años los pasó totalmente imposibilitado a causa de un ictus cerebral. Difícilmente articulaba palabra alguna. Quizás estaba haciendo realidad lo que él mismo había señalado alguna vez comentado su labor como teólogo: “Nosotros, pobres profesores de teología, debemos razonar sobre misterios altísimos, ante los cuales lo más conveniente sería quedar en silenciosa contemplación…”.

 

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            Que ambos, el beato Tito Brandsma y el siervo de Dios Bartolomé F. Mª Xiberta, nos ayuden a vivir nuestra devoción mariana con la misma autenticidad y exigencia de vida que demostraron ellos.

 

            Que María, la Madre y hermosura del Carmelo, la estrella del mar, nos guíe en nuestro caminar, para que sepamos responder con creatividad y alegría frente a los retos que se nos plantean en nuestro mundo, a veces, tan complejo.

 

            A todos los que formáis parte de un modo u otro de la familia carmelita os mando un afectuoso saludo. Y… ¡muchas felicidades!

 

 

Fernando Millán Romeral, O.Carm.

Prior General

 

Novena a la Virgen del Carmen

Como Carmelitas, Vivimos nuestra vida en obsequio de Jesucristo y servirle fielmente con corazón puro y buena conciencia a través de un comprometiéndose en la búsqueda del rostro del Dios vivo (dimensión contemplativa de la vida), en la oración, en la fraternidad y en el servicio (diakonía) en medio del pueblo. Estos tres elementos fundamentales del carisma no son valores aislados o inconexos, sino que  están estrechamente ligados entre sí. 

Todo esto lo vivimos bajo la protección, la inspiración y la guía de María, la Virgen del Carmen, a la que honramos como “nuestra Madre y hermana”.



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