Skip to Content

Congreso Internacional de Escuelas 2010

Sr. Visitación Bas, O. Carm..JPG

 INTRODUCIÓN.

El  contenido de esta ponencia  está  extraído, en su casi totalidad, de un documento “Proyecto Educativo. Escuela Monte Carmelo”, destinado, a dar vida, a los colegios de la Vicaría de España, regida por la Congregación de HH. de la Virgen María del Monte Carmelo.

El  Proyecto, es fruto del trabajo y reflexión, realizado por miembros de los distintos estamentos que componen  la Comunidad Educativa.

Una Comisión, formada por Religiosas educadoras y profesores laicos, de nuestros Centros, estudió y profundizó en el  Carisma de la Congregación, fuertemente enraizada en la Orden del Carmen. El estudio y realización del documento, fue asesorado por una persona con amplia formación y experiencia en el tema.

Pertenecí a dicha Comisión y me enorgullezco de haber colaborado en la redacción de este Proyecto al  que, si damos vida, habremos logrado un rica herramienta para alcanzar el ideal de  educando al que, en nuestros colegios, vamos a  orientar, ayudar  y acompañar en su formación.

Pero, de poco servirá  la riqueza contenida en las páginas de este libro, si no contamos con  la figura del  maestro o educador, como queramos llamarlo, que se identifique con nuestro Proyecto.

Al hablar de educador, me refiero al profesor religioso o laico. Ellos han de ser los artífices  en el proceso educativo y de ellos dependerá, en gran parte, el éxito, o fracaso, de la formación de  los niños y jóvenes, que son nuestros alumnos.

Partiendo de esta premisa, vamos a detallar, en lo posible, los rasgos que definen el perfil del educador  Carmelita, y la vocación a la que ha sido llamado. 

ESCUELA CATÓLICA.

<<La presencia de la escuela católica, no solamente es hoy justificable, sino imprescindible ante una sociedad que está necesitando, aunque no sea plenamente consciente de ello, una concepción educativa cuyos referentes últimos estén más allá de los conocimientos, de las demandas sociales o de las leyes de la economía.

Se preconiza aquí una comprensión de la educación cuyo referente último sea la persona.

Se defiende, que el fin último de toda educación ha de ser ayudar al educando a llevar adelante el proceso de maduración de su personalidad, a través de los medios que le son propios a la escuela: La enseñanza.  Y  se considera a la persona como unidad  transcendente, valor absoluto y fin en sí misma; persona que se despliega, ciertamente, en el ser- para- otro (dimensión social), pero en interacción dialógica con el ser-para-sí (identidad). Persona cuya fuente de  dignidad procede de su origen: Imagen de Dios y de su filiación divina.

                                                                                                                                                                                                 

Recuperar el valor “persona” trae consigo convertir la libertad en el horizonte de todo acto educativo>>

(Abilio de Gregorio. “La escuela católica…¿Qué escuela?”)

 

¿Hacia dónde conducimos al educando?

 A la consecución del fin para el cual ha sido creado: A ser persona  y  hemos de ayudarle en  su proceso de personalización. Ser  libre, a semejanza de su Creador.

 

ESCUELA CARMELITA  y por lo tanto católica, se diferencia de ésta en los rasgos específicos del Carisma y espiritualidad de la Orden. Con ellos hemos de potenciar,  nosotros  educadores, la formación de nuestros alumnos.

 

 VOCACIÓN DEL EDUCADOR.

<El educador Carmelita, religioso o laico,  está llamado a ser testigo del Dios Vivo, buscando  y transmitiendo  a sus alumnos y al corazón del mundo, la Verdad, la Libertad y la Esperanza, engendrando a Cristo en la vida y en  la historia>. (PE. Escuela Monte Carmelo).

<El maestro de fe debe ser también, a semejanza de su modelo, Cristo, maestro de humanidad> (Congregación para la Educación católica. 1988).

Su vocación  le motiva e impulsa a trabajar por  la humanización del mundo y la conversión del hombre hacia aquellos valores que dan calidad y sentido a la  existencia.  

 “Son felices los que saben que la luz del  amanecer, de cada día, viene a iluminar la tarea que les está asignada en la armonía de la Creación.”

Ayuda  a los alumnos a crecer felices y sean artífices de su propia vida, mediante una educación personalizada y  “personalizadora”.

<<En camino hacia la meta, buscando incansables  la Verdad, para ser verdaderamente hijos de la  luz, en libertad, escrutando, a fondo, los signos de los tiempos e interpretándolos a la luz del Evangelio>>.  (Juan Pablo II. Carta Encíclica “El esplendor de la Verdad)

 << El educador Carmelita, busca el rostro de Dios en los diferentes acontecimientos de la vida. Su modo de  ser y estar  es “en medio del pueblo,”  como señal profética en el encuentro, la acogida y  la relación entre los hombres, utilizando un lenguaje de valentía, disponibilidad, alabanza y mediación, que bebe de las fuentes del Profeta Elías y Ntra. Sra. La Virgen María, Señora del lugar.

 Es  signo reconocible del Señor Resucitado, gestando “una nueva civilización del amor”.

                                                

 Superando el atavismo de la ley  considera las normas “razones de amor”, que potencian la autenticidad carismática y la recta conciencia.

Vive la espiritualidad como proyecto de vida. >>(PE. Escuela Monte Carmelo) 

 

Un itinerario indispensable para dar al Carisma (nuestro Carisma) la forma concreta, materializada, de un estilo de ser y estar, que  subraye  la relación con Dios, con los hermanos y con el Universo; es  decir,  “con toda la Creación”.

<<El  educador es una persona que “engendra” en sentido espiritual. Es una comunicación  vital que no solo establece una relación profunda entre educador y educando, sino que hace participar, a ambos,  en la verdad y el amor, meta final a la que está llamado todo hombre por parte de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo>> (Juan Pablo II. Carta a las familias).

Su deber como educador es:

FORMARSE  >>>   VIVIR    >>> TRANSMITIR.

La Formación del educador debe ir actualizándose. No puede estancarse en el pasado, en lo ya sabido.

La escuela tradicional enseñaba a aprender, a reproducir.

En la nueva escuela, el educador ha de lograr que el alumno  aprenda a aprender. Dedicarse a aumentar su potencial de aprendizaje, más que inculcarle conocimientos empaquetados. Enseñarle a generar conocimientos. Por eso, para esta nueva misión de la escuela, aprender no es simplemente reproducir.

Aprender es adquirir la capacidad  de transformar y de  construir nuevos conocimientos.

 De ahí, la necesidad de la formación continúa del  educador. Ha de perfeccionarse. Ha de evolucionar. De lo contrario, irá quedando al margen de la  Historia, con el consiguiente perjuicio para los educandos.

 Como educador carmelita, ha de ser una persona abierta a la:

         >  Oración – Contemplación.

         > Espíritu y vivencia de la fraternidad. (La  Comunidad Educativa debe ser  una  Epifanía  de la fraternidad.

         >  Alabanza y gratitud al Señor.

        >   Amor e identificación con María             

        >    Austeridad de vida.


   >   Disponibilidad y apertura a los signos de los tiempos.

   >    Acogida a todos, con preferencia a los más necesitados.

Estos rasgos, específicos del  Carisma y de la espiritualidad de la Orden, han de formar  parte del  proyecto personal del educador. Debe hacerlos vida para poder transmitirlos. Para crear camino.

Educadores religiosos y laicos.

En nuestros colegios  carmelitas, participan en la tarea educativa, profesores religiosos y laicos. En la actualidad, el número de estos últimos, supera, con creces, a los de vida consagrada.

¿Puede y debe, el educador laico, identificarse con el Carisma y espiritualidad de la Orden, para ejercer la acción educativa en nuestros Centros?

Puede y debe:

< Todos hemos sido convocados. “Id también vosotros”. La llamada no se dirige sólo a los Pastores, a los religiosos y religiosas. También los fieles laicos son convocados, personalmente por el Señor, de quien reciben una misión a favor de la Iglesia y del mundo>  (Juan Pablo II)

La llamada a la perfección, al apostolado y a la santidad, es universal: “Id  a  predicar el Evangelio”. Y también “ Sed santos como vuestro Padre Celestial es santo”.

 La ruta de la perfección nos es dada:  “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”.

El seguimiento no es solo ir detrás de Él, sino que es ir en Él y con Él. Le pertenecemos.

 Nos dice Juan Pablo II <Los cristianos no se pertenecen a sí mismos, sino que son propiedad de Cristo como los sarmientos unidos a la vid>  

El laico, profesor en un Centro tutelado por religiosos o religiosas, ha de ser consciente de  <que su tarea educativa debe transparentar el carisma que justifica y explica la existencia de  tal Institución en la Iglesia y en la sociedad. De otra manera, el laico y también el religioso, podría ser un agente de disolución o difuminación de lo que llamamos  Carácter Propio> (Abilio de Gregorio “La escuela católica”…)

No puede hacerse vida un “Proyecto Educativo” si el equipo de educadores no están identificados con lo esencial de dicho Proyecto.

No es fácil la identificación. No depende de un acto de la voluntad. El educador ha de sentirse “vocacionado”  y coherentemente, responder a la “llamada”. La educación evangelizadora es una “misión”.

 

El educador carmelita, como cristiano, <es un enviado que lleva un mensaje que no es suyo. Es la buena nueva que Jesús viene a ofertar al hombre. Es como si Jesús le dijera: Ve a decir y a testificar con tu acción profesional cuanto Yo dije y testifiqué> (Abilio de Gregorio)

 

Comunidad Educativa

Hemos de tener presente que la tarea corresponde, no solo al educador, sino también, a los otros estamentos que componen la Comunidad: Entidad Titular, padres, personal  no docente y de servicios… La escuela ha de ser una gran familia, donde el  diálogo, la unidad y el perdón se constituyen en vivencias del Proyecto Educativo.

<En ocasiones, lo que llamamos  “comunidad educativa”  no es más que un grupo de personas que trabajan bajo el techo del centro docente sin percibir, claramente, cual es el papel que tienen en la estructura, porque no hay normas definidas de comportamiento, o porque no hay comunicación ni contacto entre sus miembros.

Lo que determina la existencia de una comunidad es la voluntad   de pertenencia al grupo, de cada uno de sus miembros.

El sociólogo Fichter asigna cuatro rasgos al concepto de comunidad: * Relaciones personales estrechas. *Lazos emotivos del individuo en los asuntos del grupo. *Entrega moral o compromiso ante los valores que se consideran elevados y significativos para el grupo y para la institución. *Sentido de solidaridad con los demás miembros del grupo.

Todo esto se derrumba cuando la institución o la comunidad educativa entra en una crisis de identidad: no tiene claros cuales son sus fines, su significado social, sus valores base, etc…>(Abilio de Gregorio. Escuela católica. ¿Que escuela?)

En una auténtica Comunidad Educativa, todos los miembros que la integran deben estar implicados en el proceso de educación, cuya meta no es la  información – conocimiento (necesario en una educación integral), sino, la formación para poder ver con los ojos de Dios y desde esa mirada, actuar con disponibilidad en cada acontecimiento de la vida y de la  historia.                                    

En la escuela, el profesor carmelita,  enseña a no separar nunca la acción de la contemplación, descubriendo y haciendo descubrir al alumno, la riqueza de la vida interior.                                   

                                  

                                           Sin interioridad, la cultura carece de entrañas.

 

 

MISIÓN, VISIÓN Y VALORES DEL EDUCADOR EN LA ESCUELA CARMELITA

 

MISIÓN

“>La tarea  del educador es encender o avivar, en los alumnos, el deseo de Dios y el gozo de la fraternidad, potenciando, a la vez, el desarrollo de la Ciencia, la Tecnología y la Cultura.

>Hacer escuela promotora de vida que conecta con los nuevos  lenguajes y culturas, provocando la sed del aprendizaje, de la identidad personal y del crecimiento integral.

>Escuela que urge a vivir, desde dentro, austeridad, sencillez, plenitud, creatividad y libertad, en una búsqueda incesante de la Verdad, la Unidad y el Amor.

VISIÓN

>Respondiendo  siempre a los signos de Identidad, a los principios de la escuela Carmelita y a sus líneas maestras de acción evangelizadora, educadora y gestora.

>Viviendo  la Misión, como fuerza motivadora de sentido, unificación, crecimiento y mejora continúa.

>Dinamizando y transmitiendo  la Misión  en planes Pastorales, Tutoriales y Curriculares de acción conjunta, en los que todos se sientan corresponsables, según sus competencias y tareas, aprendiendo y compartiendo.

>Compartiendo un  liderazgo  resonante en la Gestión integrada, estratégica y delegada, dando valor a la comunicación y transparencia, a la coherencia, equilibrio, solidez, alineamiento y compromiso.

>Asumiendo la formación permanente: Humana, espiritual y técnica, que ayude a dar           respuesta a las necesidades reales existentes.

Dos finalidades últimas en la meta del educador Carmelita: Anunciar y vivir el Evangelio y dinamizar la cultura y la formación.

VALORES: 

 Toda educación debe apoyarse en una plataforma de valores. El valor que se quiere potenciar en los alumnos debe  ser  creencia, opción y proyecto personal del educador. 

“>Interioridad:   Dimensión contemplativa de la vida. Búsqueda de la Verdad. Respuesta libre y esperanzada, Luz y sal en el camino.  Oración y contemplación 

>Fraternidad: Espiritualidad  como proyecto de vida e itinerario compartido, fundamentado en la interioridad.: Diálogo, discernimiento. Unanimidad. 

 

>Comunidad: Reciprocidad, relación dialógica. Valoración y discernimiento de las pobrezas personales. Comunión: Oración en común, escucha de la Palabra, participación en celebraciones, convivencias…

>Solidaridad:   Sentido de  igualdad, personalización y humanización. Valoración de los carismas  personales .  Servicio a las pobrezas reales.

>Justicia: El sentido de la justicia en la educación, nos lo aclara Jesús con la Parábola de los Talentos. Valoración de la inteligencia emocional, moral y social. Aceptar el error del  otro y creer en el cambio de los demás.

>Paz: Corazón  abierto  al amor  y  al  perdón. Autenticidad, equilibrio personal. Seguridad en sí mismo. Libertad interior.”  (Misión, Visión y Valores: PE. Escuela Monte Carmelo)

 

EL EDUCADOR CARMELITA HA DE:

>  Estimular, cotidianamente la búsqueda de la verdad, tomando conciencia de ser servidor         de  ella.

>Alimentar la gran riqueza comunitaria siendo signo de unidad, equidad y solidaridad.

> Educar el realismo sin  mutilar el idealismo.

> Creer que el alumno es protagonista de su educación.

> Valorar la individualidad, la singularidad, la originalidad  y  creatividad.

> Atención a la diversidad. 

> Dinamizar la evaluación como un proceso de diálogo, encuentro, valoración y mejora.

>Invitar al encuentro  de Dios en todo lo que se vive y acontece, proponiendo caminos para motivar y crecer en interioridad y contemplación,  como conquista fundamental de la sabiduría vital y don para integrar la vida, la cultura  y la Fe, valorando el diálogo y respuesta interior, que de sentido de comunión y compromiso a la intervención  de Dios en nuestra historia.”(P.E. Escuela Monte Carmelo)

 El  Papa Benedicto XVI,  en el año 2000, en el encuentro de Educadores Cristianos, siendo entonces Cardenal Ratzinger, dijo:

“Educar es el arte de vivir y  mostrar el camino de la vida, el camino que lleva a la felicidad…la pobreza más profunda es la incapacidad de alegría, el tedio de la vida considerada  absurda y contradictoria… y esta es la pobreza más extendida en las sociedades ricas y pobres…Somos convocados a unir la inteligencia  y la Fe; pero no se puede evangelizar sólo con palabras. El evangelio crea vida, crea comunidad, crea camino…”

 

 

  

 

Como Carmelitas, Vivimos nuestra vida en obsequio de Jesucristo y servirle fielmente con corazón puro y buena conciencia a través de un comprometiéndose en la búsqueda del rostro del Dios vivo (dimensión contemplativa de la vida), en la oración, en la fraternidad y en el servicio (diakonía) en medio del pueblo. Estos tres elementos fundamentales del carisma no son valores aislados o inconexos, sino que  están estrechamente ligados entre sí. 

Todo esto lo vivimos bajo la protección, la inspiración y la guía de María, la Virgen del Carmen, a la que honramos como “nuestra Madre y hermana”.



ocarmpage | by Dr. Radut