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Crónica y experiencia de las Jornadas Mundiales de la juventud (JMJ) en Cracovia

Fray João Costa, O.Carm.

Fray João, es un religioso carmelita estudiante de teología, de Portugal. Hizo el noviciado en Salamanca en el curso 2013- 2014, y ha tenido la gentileza de ofrecemos esta hermosa crónica de la JMJ, para el Boletín. Muchas gracias João.

Cuando decidimos participar en la JMJ, no teníamos muy claro cómo sería, si muy difícil o no, o si respondería a nuestras expectativas.

Somos un grupo carmelita de nueve personas que quieren ir de Portugal, y veíamos que no lo podíamos hacer solos, así que, m nos apuntamos para ir con la organización Carmelita de España, A l , junto con el Padre David del Carpió, de la parroquia de Begoña. Dificultades sabíamos que íbamos a encontrar, pero lo teníamos claro, queríamos llegar ahí y estar con el Papa y con todos esos jóvenes.

Poco a poco fuimos entendiendo mejor lo que significaba participar en una JMJ, en este sentido, la preparación para ello nos ayudó mucho.

La gran pregunta para este acontecimiento de la JMJ fué: ¿cuál es el motivo, que hace que tantos jóvenes, provenientes de todas partes del mundo, dejen su hogar, sus familias, sus comodidades para participar en una actividad de apenas unos días? Para contestarla tenemos la necesidad de entender que la JMJ es una celebración de la fe. Es un gran acontecimiento, en el que fiesta y fe se unen inseparablemente y al que el Papa invita a jóvenes de todo el mundo, a un lugar concreto. La Jornada Mundial de la Juventud es internacional: llegan jóvenes de más de 180 naciones. Su objetivo común: conocerse entre sí, compartir experiencias y celebrar una gran fiesta ante la presencia del Papa.

El Papa Francisco escogió Polonia para este encuentro en el 2016 con el tema “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán la misericordia” (Mt 5,7), y nosotros decimos sí al desafío del Papa. Dejamos nuestras familias, nuestras comunidades y salimos al encuentro de tantos jóvenes de todo el mundo, que buscan servir a Dios de las más diversas formas, nunca olvidando quién los guía.

Como en todos los viajes, hay una partida y una llegada, iniciamos en Madrid rumbo a Polonia. ¡Por fin comienza nuestra peregrinación! Tantos meses preparando esta JMJ que parecía mentira que había llegado el gran día. Después de la bendición del Obispo, nos subimos en el bus y partimos hacia Lourdes. Una vez allí, participamos en la Eucaristía, pudiendo así presentar nuestras vidas y nuestras oraciones ante el altar del Señor, dando gracias por haber llegado al Santuario de Nuestra Señora de Lourdes.

Después de la experiencia vivida en Lourdes, en que nos encontramos con la historia de la aparición de la Virgen a Santa Bernardette, salimos hacia Lyon, y el cansancio ya se hacía sentir, pero no nos detuvo para alcanzar la meta.

Llegar donde queríamos, llevaría unos días más, así que aprovechamos para conocernos mejor y conocer los lugares por donde íbamos pasando. En resumen, pasamos por Lyon, Tréveris, Frankfurt, y salimos hacia Wroclaw en Polonia. Allí tuvimos los “días de las diócesis”, que consistían en actividades organizadas por las familias cristianas de esa parroquia que nos acogió. Son 4 días previos a los actos centrales que tendrían lugar en Cracovia, y donde tuvimos diferentes actividades y catequesis con distintos obispos de varios países. Fueron días de compartir culturas y experiencias, días en que se compartió no solo el pan con las familias, sino también su cariño y sus casas. En ellas nos sentimos como verdaderos hijos, vivimos su hospitalidad y su generosidad sin límites, como don de Dios.

El día 25 de julio estuvimos por Czestochowa. Se trata de un lugar muy especial, centro del cristianismo polaco. Durante el viaje, nos hemos aproximado al significado que tiene este lugar para todo el pueblo polaco, a través de una película que narra la vida del mártir Popieluszko en medio de la actividad sindicalista de resistencia al comunismo y con la relevancia de la figura de san Juan Pablo II, cuya presencia, por cierto, se percibió de un modo muy singular en estas jornadas, en cada misa, en cada encuentro de jóvenes.

Cuando llegamos a Cracovia, fue una gran sorpresa encontrar tantos jóvenes que venían de tantas partes del mundo para que se encontraran con el Papa. No nos esperábamos encontrar tanta gente en un solo sitio, buscando lo mismo que nosotros. Así empezó esta JMJ, con ilusión y esperanza.

Un día muy especial para nosotros carmelitas, fue el día 27 de Julio, en que tuvimos un encuentro con muchos jóvenes, cerca de 350, que venían de nuestras comunidades carmelitanas de todo el mundo, y nos concentramos en un convento carmelitano situado en el centro de la ciudad de Cracovia.

Encontramos jóvenes provenientes de Malta, Polonia, Ucrania, Lituania, Holanda, Rumania, España, Portugal, Estados Unidos, El Salvador, Puerto Rico, México, Venezuela e Italia.

El Prior General, P. Fernando Millán Romeral, presentó su carta “Jóvenes Carmelitas, sembradores de misericordia”. Después esta carta, sirvió para ser

reflexionada en los distintos grupos. Fue posible ver nuestra Basílica en memoria de los dos mártires carmelitas, los beatos Tito Brandsma y Hilario Januszewski, donde se celebró la eucaristía. La jornada carmelita ofreció a los jóvenes la               oportunidad

de encontrarse, conocerse y descubrir que existen muchos carmelitas por el mundo, preparados para descubrir a Cristo en el Carmelo. Después cada grupo presentó su experiencia de trabajo pastoral juvenil que se realiza en sus provincias respectivas. Terminamos este día con mucha alegría y fiesta, sabíamos que continuaría... pues era el inicio de una grande Familia, de un gran proyecto de vida.

Después de un día carmelitano con los hermanos, un nuevo día amaneció para de nuevo seguir la aventura de la JMJ. Hemos ido a dar la bienvenida al Papa, el evento ha aglutinado a muchísimas personas para mostrar el afecto a aquel que Cristo eligió para apacentar sus ovejas.

En su discurso, el Papa animó mucho a los jóvenes con varios consejos, yo me quiero quedar con uno en concreto, con el que anima a los jóvenes a no ser conformistas, que no se conviertan en jubilados, que hagan frente a los conformistas y que no tiren la toalla antes de empezar. Nosotros somos jóvenes llenos de energía, estamos aquí para transformar nuestra realidad en el lugar que sea, a imagen de Dios, que sea un lugar de justicia, de belleza, de amor, de misericordia, no nos podemos conformar con la injusticia, ni con el mal, pero debemos ser revolucionarios con las armas del amor.

El día 31 nos desplazamos hacia el Campo de la Misericordia para otro encuentro con el Papa, en el que la cumbre de este día, sería la Vigilia. Recorrimos 8 km a pie para llegar a ese campo. Por el camino, los vecinos nos ofrecían agua, tomates, mangueras y duchas para que no nos deshidratáramos ya que hacía muchísimo calor. La imagen que nunca se me va a olvidar, será esta de la gente practicando las obras de misericordia todo el día, dejando sus trabajos, para ayudar a los peregrinos que pasaban delante de sus puertas. Si todos fuésemos así todos los días, este mundo ciertamente sería mucho mejor.

Ya instalados en el Campo de la Misericordia, participamos en la Vigilia del Papa con los jóvenes. El mensaje del Papa fue profundo y claro, dice que los jóvenes no pueden ser jóvenes fácilmente manipulables y sin personalidad. Tienen que ser ellos mismos quienes forjen su futuro. “Compraos unas zapatillas de deporte y poneos a trabajar”. Ese es su mandato y nos hemos comprometido, mayores y jóvenes, a cumplirlo. Así que,

¡manos a la obra!.

Con todo esto, y reflexionando sobre la guerra en el mundo, él también llamó la atención para lo siguiente: “Nosotros no vamos a gritar ahora contra nadie, no vamos a pelear, no queremos destruir, no queremos insultar. Nosotros no queremos vencer el odio con más odio, vencer la violencia con más violencia, vencer el terror con más terror. Nosotros hoy estamos aquí, porque el Señor nos ha convocado. Y nuestra respuesta a este mundo en guerra tiene un nombre: se llama fraternidad, se llama hermandad, se llama comunión, se llama familia”, y acrecienta el Papa, “hoy los adultos necesitamos de ustedes, que nos enseñen como ahora hacen ustedes, a convivir en la diversidad, en el diálogo, en compartir la multiculturalidad, no como una amenaza sino, como una oportunidad y ustedes son una oportunidad para el futuro: tengan valentía para enseñarnos que es más fácil construir puentes que levantar muros. Necesitamos aprender esto”, así que hoy y mañana debemos aprender a ser constructores de puentes entre todos, y no aislarnos o aislar al hermano para no sufrir. Seamos hombres y mujeres de Fe en este mundo, anunciando la esperanza en Dios.

Otro día nació y dormir en el suelo trae sus sorpresas por la mañana, dolores y quejas no faltan, pero la fuerza recibida en el encuentro con el Papa Francisco supera todo esto. Poder escucharle hablar al mundo entero, y a la vez a nosotros en concreto ha sido algo maravilloso.

Ha sido poco después de las 9, cuando el Papa se ha acercado a la zona en la que estábamos, así que hemos corrido hasta las vallas para verlo muy de cerca. Parece una tontería, pero aunque le hayamos visto pasar solo unos segundos ha supuesto una emoción muy fuerte. La misma emoción que durante la misa que ha presidido.

Da la casualidad de que el Evangelio de hoy nos hablaba de Zaqueo buscando ansioso una oportunidad para poder ver a Jesús entre la multitud. Algo parecido nos sucedió con el Papa. Escucharlo en vivo es ya un privilegio, pero siempre se mantienen las ganas de verlo una y otra vez.

El Papa Francisco venía con una intención muy clara: que fuera a Dios a quien viéramos. Nos ha hablado de todo lo que nos impide encontrarnos de veras con Él: nuestras debilidades, nuestras vergüenzas, nuestro temor al ridículo o a la opinión general, nuestra desconfianza hacia nosotros mismos. No ha dejado de incidir en la idea de que el estar apesadumbrado es un obstáculo en la fe, y que Dios confia en nosotros más que nosotros mismos. Como san Juan Pablo II, ha invitado a la juventud, que busca un vida libre, valiente y auténtica, a no tener miedo a abrirle las puertas a Cristo, “Señor del riesgo”, lo llamó anoche.

Dice el Papa que Jesús nos dirige la misma invitación que a Zaqueo: «Hoy tengo que alojarme en tu casa». La Jornada Mundial de la Juventud, podríamos decir, comienza hoy y continúa mañana, en casa, porque es allí donde Jesús quiere encontrarnos a partir de ahora. “El Señor no quiere quedarse solamente en esta hermosa ciudad o en los recuerdos entrañables, sino que quiere venir a tu casa, vivir tu vida cotidiana: el estudio y los primeros años de trabajo, las amistades y los afectos, los proyectos y los sueños. Cómo le gusta que todo esto se lo llevemos en la oración. Él espera que, entre tantos contactos y chats de cada día, el primer puesto lo ocupe el hilo de oro de la oración. Cuánto desea que su Palabra hable a cada una de tus jornadas, que su Evangelio sea tuyo, y se convierta en tu «navegador» en el camino de la vida”. Así termina el Papa, invitando a que lo escuchemos y lo imitemos, recordando siempre nuestro encuentro con Dios.

Ahora que la JMJ llegó a su fin, me llevo mucho más de lo que pensé. He conocido más a Dios, no solo gracias al tiempo de reflexión personal y oración, sino también en cada persona que conocí en este viaje. Por eso es más fácil construir puentes que muros, porque nadie puede vivir y ser feliz en completa soledad. Y nadie puede disfrutar de algo como la JMJ si no tiene a alguien con quien compartirlo. Así que, podemos decir, que ganamos una familia en esta JMJ, una familia tan grande que se extiende a todas partes del mundo. En el 2019 estaremos una vez más reunidos para otra JMJ, que se va a realizar en Panamá, ahí encontraremos esta gran familia, y añadiremos más elementos.

Una vez de regreso, pasamos por Turín para dormir, y al otro día viajamos a Madrid.

Lo que se nos quedó en el corazón fue el sentimiento de gratitud por estos días, por aquellos a quienes conocimos, por quienes hicieron posible esta aventura y por la inolvidable fraternidad que testimoniamos en esta experiencia. Dar las gracias sería poco para lo que sentimos, lo que podemos hacer es, ofrecerlo todo a Dios y testimoniar la misericordia con nuestras vidas.

¡Que Dios los bendiga!

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Como Carmelitas, Vivimos nuestra vida en obsequio de Jesucristo y servirle fielmente con corazón puro y buena conciencia a través de un comprometiéndose en la búsqueda del rostro del Dios vivo (dimensión contemplativa de la vida), en la oración, en la fraternidad y en el servicio (diakonía) en medio del pueblo. Estos tres elementos fundamentales del carisma no son valores aislados o inconexos, sino que  están estrechamente ligados entre sí. 

Todo esto lo vivimos bajo la protección, la inspiración y la guía de María, la Virgen del Carmen, a la que honramos como “nuestra Madre y hermana”.