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La Cuaresma

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T.T.S por Escapulario del Carmen

El próximo 22 de febrero, con la celebración del Miércoles de Ceniza, los cristianos del mundo entero comenzaremos el tiempo de Cuaresma. Pero ¿qué es la Cuaresma?, ¿cómo podemos vivirla?, ¿qué ha dicho el Papa sobre ella? En el presente artículo intentaremos responder a estos tres interrogantes de manera que nos sirvan de ayuda en nuestra vivencia cuaresmal.

1. ¿QUÉ ES LA CUARESMA?

Para los cristianos de los primeros siglos la celebración más importante del año era la Vigilia Pascual y, después de ella, la cincuentena pascual hasta Pentecostés. Poco a poco, como preparación a estas fiestas, se fueron añadiendo algunos días. Primero los de Semana Santa, más tarde algunas semanas, sobre todo las tres primeras, y finalmente, las cinco semanas actuales. Por lo tanto, la Cuaresma surgió como una preparación a la Pascua, esto es, a la fiesta que es el eje central de todo el año litúrgico.

La Constitución Sacrosantum Concilium del Concilio Vaticano II nos recuerda esta misma idea añadiendo que este tiempo ha de vivirse en un clima de de escucha atenta de la Palabra de Dios y de oración incesante. Y recogiendo la más genuina tradición de la Iglesia, explicita la doble dimensión que caracteriza al tiempo de Cuaresma: la bautismal y la penitencial: “Puesto que el tiempo cuaresmal prepara a los fieles, entregados más intensamente a oír la palabra de Dios y a la oración, para que celebren el misterio pascual, sobre todo mediante el recuerdo o la preparación del bautismo y mediante la penitencia, dése particular relieve en la liturgia al doble carácter de dicho tiempo” ( SC 109).

Por lo tanto, y como respuesta a la pre-gunta ¿qué es la Cuaresma?, diremos que son los cuarenta días durante los que nos preparamos para celebrar la fiesta de la Pascua, y que han de ser vividos como un tiempo de purificación, de conversión interior y como toma de conciencia del compromiso bautismal.

2. CÓMO VIVIR LA CUARESMA?

En el apartado anterior hemos visto cómo la Cuaresma es el tiempo de preparación para la Pascua durante el que buscamos nuestra conversión a Dios y cumplir aquellas promesas que hicimos el día de nuestro Bautismo. Es a lo que se nos exhorta al inicio de la Cuaresma cuando al imponernos la ceniza en la frente nos dicen: “Conviértete y cree en el Evangelio”. Para ello se nos ofrecen tres  herramientas muy útiles: el ayuno, la limosna y la oración. Las tres son unas prácticas penitenciales muy arraigadas en la Escritura y en la Tradición de la Iglesia (cf. Tb 12,8; Mt 6,1-18).

Comenzando por la primera, el ayuno y la abstinencia, el Código de Derecho Canónico especifica que “ayuno y abstinencia reguardarán el miércoles de Ceniza y el Viernes Santo” (c.1251). Y que “la ley de la abstinencia obliga a los que han cumplido catorce años; la del ayuno, a todos los mayores de edad, hasta que hayan cumplido cincuenta y nueve años” (c.1252). El ayuno del miércoles de Ceniza y del Viernes Santo consiste -según estableció la Conferencia Episcopal Española en un Decreto emitido el 21 de noviembre de 1986- “en no hacer sino una sola comida al día; pero no se prohíbe tomar algo de alimento a la mañana y a la noche, guardando las legítimas costumbres respecto a la cantidad y calidad de los alimentos”. En cuanto a la abstinencia consiste en no tomar alimentos cárnicos o derivados de ellos (sopas, salsas... etc.). Sin embargo, la penitencia en los tiempos actuales no ha de reducirse sólo y exclusivamente a lo que se refiere a alimentos. En un mundo en que abundan los medios materiales se puede ayunar de todo lo que signifique consumismo. Juan Pablo II, por ejemplo, recomendó el ayuno de televisión por cuaresma: `¡En cuántas familias el televisor parece sustituir, más que favorecer, el diálogo entre las personas! Cierto ayuno, también en este ámbito, puede ser saludable, tanto para dedicar mayor tiempo a la reflexión y a la oración, como para cultivar las relaciones humanas” (Juan Pablo II, Ángelus, 10 de marzo de 1996). Del mismo modo los cristianos podrían hacer ayuno de internet, y varios Obispos lo han recomendado.

Junto con el ayuno y la abstinencia encontramos una segunda práctica penitencial que es la limosna. El anteriormente citado Decreto de la Conferencia Episcopal Española del 21 de noviembre de 1986 decía sobre este asunto: “Es además aconsejable y merecedor de alabanza que, para manifestar el espíritu de penitencia propio de la Cuaresma, se priven los fieles de gastos superfluos tales como manjares o bebidas costosos, espectáculos y diversiones”. Y más arriba recomendaba `a todos los fieles cultivar el espíritu penitencial, no sólo interna e individualmente, sino también externa y socialmente, que puede expresarse (...) en iniciativas de caridad y ayuda a los más necesitados, emprendidas como comunidad cristiana a través de las parroquias, de Cáritas o de otras instituciones similares”. Y al hablar sobre la cantidad que ha de entregarse como limosna especifica que `en la cuantía que cada uno estime en conciencia”.

Y en tercer lugar estaría la oración, quizá la más importante de las tres, y que es el medio por el que Dios nos alcanza luz, fuerza y todas las demás gracias que necesitamos. ¿Qué tipo de oración podemos intensificar durante la Cuaresma? Primeramente actos de piedad como el Rosario o el Via Crucis. También puede servirnos el dedicar unos minutos al día para leer y orar con la Palabra de Dios, sabiendo que, según Santa Teresa, la oración no es otra cosa sino “estarse muchas veces a solas, tratando de amistad con quien sabemos nos ama”. Y, finalmente, la celebración de la Eucaristía, a ser posible diariamente, recordando aquellas palabras de San Francisco de Sales: “Dos clases de gente necesitan comulgar a menudo: Los perfectos, porque no deben alejarse de Aquél que es fuente y manantial de su perfección y los imperfectos, para que puedan aspirar a la perfección; Los fuertes para no debilitarse y los débiles para fortalecerse; Los enfermos para sanar y los sanos para no enfermar (...) Los que tienen poco trabajo, necesitan comulgar frecuentemente porque les sobra tiempo y la ociosidad es peligrosa para el espíritu; y los que están muy atareados, por la necesidad de alimento que re-quiere un arduo trabajo”.

De manera que para responder a la segunda pregunta que nos hacíamos al principio -¿cómo vivir la Cuaresma?- podríamos decir que con un espíritu de conversión, para decidirnos así a cumplir las promesas a las que nos comprometimos en nuestro Bautismo para llegar a ello usar tres herramientas que son la oración, el ayuno y la limosna. Y, por último, como signo de que queremos volver a Dios y seguir sus mandamientos sería también muy aconsejable acudir al Sacramento de la Penitencia para recibir así el abrazo del Padre Misericordioso (cf Lc 15,11-32) que nos perdona y limpia de todos nuestros pecados con la Sangre derramada por su Hijo en la Cruz del Calvario.

3. ¿QUÉ NOS HA DICHO EL PAPA SOBRE LA CUARESMA?

Llegando ya al final de nuestro artículo esnecesario escuchar qué es lo que nos dice el Sucesor de Pedro sobre este tiempo sagrado que vamos a comenzar. Esa era la tercera y última pregunta que nos hacíamos al principio: “¿Qué nos ha dicho el Papa sobre la Cuaresma?”.

En su Mensaje para la Cuaresma del año pasado, el Papa dijo: “Limosna, oración y ayuno: es el trazado de la pedagogía divina que nos acompaña, no sólo en Cuaresma, hacia el encuentro con el Señor Resucitado”. De esta manera los tres nos encaminan hacia la conversión auténtica, la cual “es posible porque Dios es rico en misericordia y grande en el amor. La suya es una misericordia regeneradora, que crea en nosotros un corazón puro, renueva en el interior un espíritu firme, restituyéndonos la alegría de la salvación”. De manera que la Cuaresma es “un camino de cuarenta días donde experimentar de modo iieficaz el amor misericordioso de Dios”.

Ahora bien, “conscientes siempre de no poder llevar a cabo nuestra conversión nosotros solos, con nuestras fuerzas, porque es Dios quien nos convierte”, hemos de acudir a la oración: “Todos pueden abrirse a la acción de Dios, a su amor”. “Pienso, especialmente, -decía en el Mensaje para la Cuaresma del 2009- en un mayor empeño en la oración, en la lectio divina, en el Sacramento de la Reconciliación y en la activa participación en la Eucaristía, sobre todo en la Santa Misa dominical. Con esta disposición interior entremos en el clima penitencial de la Cuaresma”.

“¡Cuán fuerte es la seducción de las riquezas materiales –decía Benedicto XVI el año pasa-do hablando sobre la práctica de la limosna cuaresmal- y cuán tajante tiene que ser nuestra decisión de no idolatrarlas! lo afirma Jesús de manera perentoria: ‘No podéis servir a Dios y al dinero’ (Lc16,13). La limosna nos ayuda a vencer esta constante tentación, educándonos a socorrer al prójimo en sus necesidades y a compartir con los demás lo que poseemos por bondad divina”.

Y continuaba el Papa diciendo que el ayuno “nos ayuda a tomar conciencia de la situa-ción en la que viven muchos de nuestros herma“al escoger libremente privarnos de algo para ayudar a los demás, demostramos con-cretamente que el prójimo que pasa dificultades no nos es extraño. Precisamente para mantener viva esta actitud de acogida y atención hacia los hermanos, animo a las parroquias y demás co-munidades a intensificar durante la Cuaresma la práctica del ayuno personal y comunitario”.

Una vez respondidas las tres preguntas que nos hacíamos al principio -¿Qué es la Cuares- ,ma? ¿Cómo vivir la Cuaresma?, y ¿Qué nos ha dicho el Papa sobre la Cuaresma?-, podemos terminar con las palabras de Benedicto XVI al inicio de la Cuaresma del año pasado: “Que María, Madre y Esclava fiel del Señor, ayude a los creyentes a proseguir la ‘batalla espiritual’ de la Cuaresma armados con la oración, el ayuno y la práctica de la limosna, para llegar a las celebraciones de las fiestas de Pascua renovados en el espíritu”.

Como Carmelitas, Vivimos nuestra vida en obsequio de Jesucristo y servirle fielmente con corazón puro y buena conciencia a través de un comprometiéndose en la búsqueda del rostro del Dios vivo (dimensión contemplativa de la vida), en la oración, en la fraternidad y en el servicio (diakonía) en medio del pueblo. Estos tres elementos fundamentales del carisma no son valores aislados o inconexos, sino que  están estrechamente ligados entre sí. 

Todo esto lo vivimos bajo la protección, la inspiración y la guía de María, la Virgen del Carmen, a la que honramos como “nuestra Madre y hermana”.



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