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“Dios de Infinita Misericordia” en los Escritos Místicos de Santa María Magdalena de Pazzi

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P. Charlò Camilleri, O.Carm.

El aniversario del nacimiento de Santa María Magdalena de Pazzi, hace 450 años, no podía celebrarse en un año más apropiado que este Año Jubilar de la Misericordia. Realmente podemos llamar a esta santa la cantante de la Divina Misericordia: “¡Oh Dios, misericordioso y alto, tu misericordia es sin límites! ¡Es cierto que Tú amas a tus criaturas! ¡A Ti te interesa más atraer al hombre a Ti que el hombre venga hacia ti!”.

¿De dónde viene el himno de la misericordia divina de esta santa? En primer lugar, ella se dio cuenta de que Dios puso Sus ojos sobre ella desde su concepción en el seno de su madre y a pesar de que no hizo nada para ser digna de esta elección, Dios, en Su amor y misericordia, la quería para Sí. En este sentido, la santa se da cuenta de que cuando Dios muestra misericordia, es amoroso. Por otra parte, el amor de Dios es Su misericordia y Su misericordia es el amor. La misericordia no surge de la capacidad emocional de sentir compasión por una persona sino que emerge del amor. Dios tiene misericordia de nosotros porque somos queridos para Él. En maltés, esto parece ser más la unión entre el amor y la misericordia. Alguien querido para mí, que es familiar, igual a mí, se conoce como ‘querido’, un derivado de la ‘misericordia, amor.

En su experiencia mística, explica claramente en sus escritos místicos, María Magdalena de Pazzi menciona la misericordia de una manera explícita y directa por cerca de 1,020 veces cuando habla de Dios. Sus principales escritos son, de hecho, una transcripción de sus hermanas de todo lo que ella solía experimentar vocalmente mientras que se hallaba en éxtasis. Por lo tanto, estos escritos parecen caracterizarse por el anuncio del misterio que se abría ante ella y que ella anuncia en la Iglesia a través de la predicación. Estas enseñanzas se encuentran en cinco volúmenes de manuscritos: Los Cuarenta Días, Los Coloquios, Revelaciones e Inteligencias y La Prueba. A éstos, hay que añadir otros escritos de un género diferente, como las cartas personales a los miembros de su familia y amigos, así como consejos que ella solía dar a sus compañeras monjas y que éstas reunieron en un libro.

Aquí vamos a dar un vistazo a algunas consideraciones temáticas acerca de la misericordia en los escritos de la Santa.

La Misericordia como remedio a la indiferencia

Si hay algo que María Magdalena predica en sus escritos, esto es sin duda la Misericordia Divina en contraste con la indiferencia e ingratitud del hombre. Ella refleja muy a menudo sobre la indiferencia del hombre hacia Dios, y pregunta de una manera sorprendente que es lo que el hombre quiere de Dios para ser atraído hacia Él: “¿Qué se necesita de Ti, oh gran Amor:” ¿Es el conocimiento? ¿Es la bondad, la bondad? ¿Es la Misericordia? Es la Gentileza o el Amor? Ella hace estas preguntas, para tratar de entender porqué el hombre reacciona tan mal con Dios, mientras que medita en la Pasión de Jesucristo, que es “la rama del olivo de la paz y la misericordia de Dios’, y los sufrimientos que padeció en manos de los injustos. Las heridas de Cristo en la Cruz traspiran de forma abundante la misericordia, de modo que el alma pueda beber de ella y se convierte “en toda humildad tan misericordiosa de manera generosa con sus hermanos en sus necesidades espirituales y materiales.”

Por lo tanto, es a través de esta misericordia que la enfermedad de la indiferencia se sana. Para la indiferencia y un corazón frío, Dios da la medicina de la misericordia que desenrolla el corazón (miseri-cordiai) y nos mueve hacia Dios y hacia nuestros hermanos. El alma que bebe de la misericordia que brota de las heridas de Cristo, se siente más ligera del apego a las cosas materiales de este mundo y con gran agilidad se convierte en una dedicada a la ayuda de Dios y del hombre. En otras palabras, el alma llega a ser como Cristo, hace honor a su nombre.

Su Nombre es Misericordia

Magdalena de Pazzi también reflexiona en el significado del nombre de Cristo. el nombre de Cristo “en el cielo es la belleza, en la tierra es la misericordia y el amor, en el infierno la justicia.” Para nosotros y para nuestra salvación, Su nombre es misericordia, porque Él “en todo actúa de una manera misericordiosa, qué misericordia se produce por el gran amor que tiene hacia todas las criaturas.” De hecho, la creación es el resultado de Su misericordia, la redención se desprende de Su misericordia, la entrega de su cuerpo y de su sangre en la Eucaristía es provocada por Su misericordia, porque “Su nombre es misericordia” según lo ha expresado el Papa Francisco en su libro Su nombre es Misericordia.

Puesto que Su nombre es misericordia, Su identidad es la Misericordia, en las palabras de la santa “Su mismísimo propio ser es Misericordia”, insistiendo en que “En realidad, nadie puede entender esta Misericordia, excepto Dios mismo.” No podemos entender a Dios por completo. Reconocemos que Él es misericordia por Su conducta hacia nosotros. En Su conducta hacia nosotros, de esta manera, Dios muestra Su justicia hacia nosotros incluso cuando nos regaña. Él nos hace esto para mejorar nuestras vidas y para mantenernos alejados de lo que nos hace daño a nosotros, a los demás y a nuestra relación con Él. Su regaño, provocado por la misericordia, nos lleva de nuevo a nuestros sentidos y hacia Él, tanto es así que estamos listos para recibir el perdón que se nos da a través de nuestra unión con Él.

De Pazzi insiste que el que está en el infierno “Dios reacciona de un modo justo y misericordioso”, porque la misericordia no va contra lo que es justo y recto, y la justicia no es justicia si no refleja la amorosidad de Dios hacia nosotros, sino que se convierte en un castigo vengativo, que no es así con Dios, como la santa afirma “con tanta misericordia te mantienes y tú no tomas venganza sobre las ofensas que cometemos hacia ti.” Es interesante señalar que la santa enseña que nuestra percepción de que hay oposición entre la Justicia y la Misericordia Divina se produce a través de Lucifer.

La Santa se imagina que a través de esto, el diablo pone las escaleras que usamos para elevarnos hacia Dios, como criaturas puntiagudas, que nos hacen difícil que subamos a un ritmo acelerado hacia este Dios de la Misericordia, mientras se nos olvida que Dios destruyó esta no-inexistente oposición entre la Misericordia y la Justicia porque a través del amor que Él tiene para con nosotros, nos dio a su Hijo Único que se hizo hombre. Este amor que se expresa en tan sólo la misericordia justa y la justicia amorosa nos empuja a vivir siempre en la verdad y el amor de Dios, abrazados en Su misericordia:

“O mi dulce Dios ¿qué misericordia puedo recibir de Ti si yo no me abandono totalmente en Ti? Ten misericordia de mí, Dios mío. En verdad sé que no soy digna de esta misericordia sino de mil infiernos. Sin embargo, realmente puedo orar por misericordia, oh Dios, porque en lo que es tuyo, ...........(intención). Entonces, mi Dios, todo lo que puedo hacer es orar por misericordia, y por favor libérame no de los lugares donde muchos Te maldicen”.

Como Carmelitas, Vivimos nuestra vida en obsequio de Jesucristo y servirle fielmente con corazón puro y buena conciencia a través de un comprometiéndose en la búsqueda del rostro del Dios vivo (dimensión contemplativa de la vida), en la oración, en la fraternidad y en el servicio (diakonía) en medio del pueblo. Estos tres elementos fundamentales del carisma no son valores aislados o inconexos, sino que  están estrechamente ligados entre sí.


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