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El regalo de maría: "el santo escapulario"

Escapulario+Carmen.jpg

Rafael María López Melús, O.Carm.

En la II Parte de este libro, al hablar de la Espiritualidad, es lógico que dediquemos un amplio espacio a este "regalo" que, según la tradición, hizo María a toda la humanidad por medio de san Simón Stock el 16.7.1251 (n. 91).

El Escapulario de la Virgen del Carmen es el signo externo de devoción mariana, que consiste en la consagración a la Santísima Virgen Maria por la inscripción en la Orden carmelita, en la esperanza de su protección maternal.

El distintivo externo de esta inscripción o consagración es el pequeño Escapulario marrón, por todos tan conocido.

El Escapulario de la Virgen del Carmen es un sacramental, es decir, según el Vaticano II, "un signo sagrado según el modelo de los sacramentos, por medio del cual se significan efectos sobre todo espirituales, que se obtienen por la intercesión de la Iglesia" (S.C.60).

Al llegar a Europa los eremitas del Monte Carmelo en la primera mitad del siglo XIII, no fueron muy bien recibidos por algunos y llegó a peligrar la existencia de la Orden. Por ello el Superior General de la misma, san Simón Stock (1.1265), suplicaba con insistencia la ayuda de la Santísima Virgen con esta oración, que trae un antiquísimo Santoral de la Orden y que cada día cantamos o rezamos los carmelitas:

"Flor del Carmelo,
Viña florida,
esplendor del cielo;
Virgen fecunda y singular;
oh Madre tierna,
intacta de hombre;
a los carmelitas
proteja tu nombre,
estrella del mar".

 

Se le apareció la Virgen rodeada de ángeles, según la tradición, el 16 de julio de 1251 y le mostró el santo Escapulario de la Orden diciéndole: "Este será el privilegio para ti y todos los carmelitas; quien muriere con él no padecerá el fuego eterno, es decir, el que con él muriere se salvará".

Desde entonces se difundió esta devoción y uso del santo Escapulario del Carmen hasta que fue el vestido de reyes y nobles, pobres y ricos, clérigos y seglares, de todos los tiempos y lugares. Por ello el Cardenal Isidro Gomá y Tomás (f 1940) llamó a la devoción del Escapulario del Carmen "devoción católica como la misma Iglesia".

El Escapulario de la Virgen del Carmen es un signo de fe y de compromiso cristiano.

Es un signo aprobado por la Iglesia desde hace siete siglos.

Un signo que representa el compromiso de seguir a Jesús coma Maria:

  • abiertos a Dios y a su voluntad,
  • guiados por la fe, la esperanza y el amor, - cercanos a las necesidades de los demás,
  • orando en todo momento y descubriendo a Dios presente en todas las circunstancias.

Un signo que introduce en la familia del Carmelo.

Un signo que alimenta la esperanza del encuentro con Dios en la vida eterna con la ayuda de la protección e intercesión de Maria.

El ESCAPULARIO es un MEMORIAL de todas las virtudes de María. Así lo recordaba a todos: religiosos, ,terciarios y cofrades, "que Forman, por un especial vínculo de amor, una misma familia de la Santísima Madre", el Papa Pío XII, el 11.2.1950, como lo hemos visto en el recuadro de la página anterior.

 

"Reconozcan en este memorial de la Virgen un espejo de humildad y castidad. -Vean, en la forma sencilla de su hechura, un compendio de modestia y candor. -Vean, sobre todo, en esta librea, que visten día y noche, significada, con simbolismo elocuente, la oración, con la cual invocan el auxilio divino. -Reconozcan, por fin, en ella su consagración al Sacratísimo Corazón de la Virgen Inmaculada, por Nos recientemente recomendada". (Pío XII, carta Neminem profecto latet del 11.2.1950).

 

"La devoción del Escapulario de Carmen ha hecho descender sobre el mundo una copiosa lluvia de gracias espirituales y temporales" (Pío XII, el 6.8.1950).

P. Rafael Maria Lopes Melus, O.Carm,

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Nació el 25.02.1928 en Viver de la Sierra (Zaragoza; España) y es el quinto de ocho hermanos, de los cuales cuatro son sacerdotes.

Profesó como carmelita en Onda el 08/09/1946. Realizó sus votos solemnes en Roma el 30. 10. 1949. Fue ordenado sacerdote en Roma el 06.07.1952.

Como Carmelitas, Vivimos nuestra vida en obsequio de Jesucristo y servirle fielmente con corazón puro y buena conciencia a través de un comprometiéndose en la búsqueda del rostro del Dios vivo (dimensión contemplativa de la vida), en la oración, en la fraternidad y en el servicio (diakonía) en medio del pueblo. Estos tres elementos fundamentales del carisma no son valores aislados o inconexos, sino que  están estrechamente ligados entre sí. 

Todo esto lo vivimos bajo la protección, la inspiración y la guía de María, la Virgen del Carmen, a la que honramos como “nuestra Madre y hermana”.



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