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Evangelizar Desde La Claus" En La Soledad Del Carmelo

Para mí lo primero de todo es saberse amada por Dios, y descubrir en Él el ca-mino de la vida, experimentando el gozo de esa mirada de predilección, que nos regala por su infinita misericordia. 

Creo y pienso que sólo a través de esa visión podré transmitir el mensaje evangélico, porque nunca podré evangelizar si no vivo yo ese mensaje, ahondando en la fe, fe de alma orante, dejando que Dios sea la sorpresa de las almas.

Desde aquí en la oscuridad del claustro carmelitano, nuestra "oración silenciosa" es como una palanca impulsora que mueve los corazones y ayuda a los que tienen en la Iglesia la misión de dar a conocer la Palabra, el mensaje de Jesús.

No hace mucho que leía, que Dios no tiene preferencias a la hora de citarnos a su intimidad, lo puede hacer a cualquier hora del día.

El eje es el "amor", encontrarle a El en cada acontecimiento y circunstancia que envuelve nuestra vida. Sólo así se reconoce esa voz del que camina junto a ti. Entonces se disfruta la certeza de la fe y el gozo del Amado que camina junto a nosotros.

Experimentar la salvación da alegría y paz en medio del dolor, que vivido con fe es fecundo para la Iglesia.

Se dice, y con mucha razón, que actualmente faltan testimorflos de vida, porque las palabras, que no responden a una vivencia suenan a hueco, aunque no siempre sea así.

María, la primera evangelizadora, la mujer de la Anunciación y de la Visitación, presentó a Jesús en el templo. Dios en Jesús niño se manifestó pequeño, invisible a los ojos de los teólogos, insignificante para los jerarcas, Salvador para los ancianos. Luz para el Pueblo humilde y sencillo.

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Como Carmelitas, Vivimos nuestra vida en obsequio de Jesucristo y servirle fielmente con corazón puro y buena conciencia a través de un comprometiéndose en la búsqueda del rostro del Dios vivo (dimensión contemplativa de la vida), en la oración, en la fraternidad y en el servicio (diakonía) en medio del pueblo. Estos tres elementos fundamentales del carisma no son valores aislados o inconexos, sino que  están estrechamente ligados entre sí. 

Todo esto lo vivimos bajo la protección, la inspiración y la guía de María, la Virgen del Carmen, a la que honramos como “nuestra Madre y hermana”.