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El Papa: "las huellas de santa Teresa nos conducen siempre a Jesús"

El santo padre Francisco ha enviado una carta al obispo de Ávila, monseñor Jesús García Burillo, con motivo de la celebración litúrgica de santa Teresa de Jesús.

Y así, da gracias "a Dios por el don de esta gran mujer y animar a los fieles de la querida diócesis abulense y a todos los españoles a

conocer la historia de esa insigne fundadora, así como a leer sus libros, que, junto con sus hijas en los numerosos Carmelos esparcidos por el mundo, nos siguen diciendo quién y cómo fue la Madre Teresa y qué puede enseñarnos a los hombres y mujeres de hoy".

Ella -asegura el Papa en la misiva- entendió su vida como camino de perfección por el que Dios conduce al hombre, morada tras morada, hasta Él y, al mismo tiempo, lo pone en marcha hacia los hombres. De este modo, el Pontífice se pregunta por qué caminos quiere llevarnos el Señor tras las huellas y de la mano de santa Teresa. Para responder a esta cuestión recuerda cuatro caminos que le hacen mucho bien: el de la alegría, de la oración, de la fraternidad y del propio tiempo.

Teresa de Jesús invita a sus monjas a 'andar alegres sirviendo', recuerda. Por eso, explica Francisco que "la verdadera santidad es alegría, porque 'un santo triste es un triste santo. Los santos, antes que héroes esforzados, son fruto de la gracia de Dios a los hombres". Cada santo nos manifiesta un rasgo del multiforme rostro de Dios. Y en santa Teresa -según afirma el Papa en su carta- contemplamos al Dios que, siendo 'soberana Majestad, eterna Sabiduría', se revela cercano y compañero, que tiene sus delicias en conversar con los hombres: Dios se alegra con nosotros. Y, de sentir su amor, le nacía a la Santa una alegría contagiosa que no podía disimular y que transmitía a su alrededor. El Papa afirma que esta alegría es un camino que hay que andar toda la vida. Y es una alegría que "no se alcanza por el atajo fácil que evita la renuncia, el sufrimiento o la cruz, sino que se encuentra padeciendo trabajos y dolores mirando al Crucificado y buscando al Resucitado".

En segundo lugar Francisco habla del camino de la oración. "Rezar no es una forma de huir, tampoco de meterse en una burbuja, ni de aislarse, sino de avanzar en una amistad que tanto más crece cuanto más se trata al Señor, 'amigo verdadero' y 'compañero' fiel de viaje, con quien 'todo se puede sufrir', pues siempre 'ayuda, da esfuerzo y nunca falta', explica el Santo Padre. Tal y como recuerda en su carta al obispo de Ávila, "por muchos caminos puede Dios conducir las almas hacia sí, pero la oración es el camino seguro". Y recuerda los consejos de la santa: "en una cultura de lo provisorio, vivan la fidelidad del 'para siempre, siempre, siempre'; en un mundo sin esperanza, muestren la fecundidad de un 'corazón enamorado' y en una sociedad con tantos ídolos, sean testigos de que 'solo Dios basta'". 

La fraternidad es el tercer camino destacado por el Papa. Para la santa reformadora -explica- la senda de la oración discurre por la vía de la fraternidad en el seno de la Iglesia madre. "Esta fue su respuesta providencial, nacida de la inspiración divina y de su intuición femenina, a los problemas de la Iglesia y de la sociedad de su tiempo: fundar pequeñas comunidades de mujeres que, a imitación del "colegio apostólico", siguieran a Cristo viviendo sencillamente el Evangelio y sosteniendo a toda la Iglesia con una vida hecha plegaria", observa Francisco. Y para esta fraternidad Teresa de Jesús no recomienda muchas cosas, simplemente tres: "amarse mucho unos a otros, desasirse de todo y verdadera humildad".

Al respecto, el Papa expresa su deseo por "comunidades cristianas más fraternas donde se haga este camino: andar en la verdad de la humildad que nos libera de nosotros mismos para amar más y mejor a los demás, especialmente a los más pobres".

Finalmente, recuerda que la experiencia mística de santa Teresa "no la separo del mundo ni de las preocupaciones de la gente". Al contrario, precisa el Papa,"le dio nuevo impulso y coraje para la acción y los deberes de cada día".

Ella vivió las dificultades de su tiempo -tan complicado- sin ceder a la tentación del lamento amargo, sino más bien aceptándolas en la fe como una oportunidad para dar un paso más en el camino. "Hoy Teresa nos dice: Reza más para comprender bien lo que pasa a tu alrededor y así actuar mejor", afirma el Papa. Y añade: "¡Ojalá contagie a todos esta santa prisa por salir a recorrer los caminos de nuestro propio tiempo, con el Evangelio en la mano y el Espíritu en el corazón!"

¡Ya es tiempo de caminar! Estas palabras de santa Teresa de Ávila a punto de morir  -observa Francisco- son la síntesis de su vida y se convierten para nosotros, especialmente para la familia carmelitana, sus paisanos abulenses y todos los españoles, en una preciosa herencia a conservar y enriquecer.

Y concluye diciendo: ¡Ya es tiempo de caminar, andando por los caminos de la alegría, de la oración, de la fraternidad, del tiempo vivido como gracia! Po eso el Santo Padre pide recorrer los caminos de la vida de la mano de santa Teresa. "Sus huellas nos conducen siempre a Jesús".

Como Carmelitas, Vivimos nuestra vida en obsequio de Jesucristo y servirle fielmente con corazón puro y buena conciencia a través de un comprometiéndose en la búsqueda del rostro del Dios vivo (dimensión contemplativa de la vida), en la oración, en la fraternidad y en el servicio (diakonía) en medio del pueblo. Estos tres elementos fundamentales del carisma no son valores aislados o inconexos, sino que  están estrechamente ligados entre sí. 

Todo esto lo vivimos bajo la protección, la inspiración y la guía de María, la Virgen del Carmen, a la que honramos como “nuestra Madre y hermana”.