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Provincia de Italia

La Provincia Italiana de los Carmelitas se ha formado por la unión de cuatro entidades carmelitas ya existentes y operantes en Italia: La Provincia de Sicilia (la primera Provincia de la Orden en occidente, fundada en el s. XIII), la Provincia Toscana (llamada así desde la segunda mitad del s. XIII), la Provincia Romana (separada de la Provincia Toscana desde el 1333) y el Comisariado General de Italia Septentrional

(erigido en el 1952, después de separarse de la Provincia de Toscana en el año 1947). El proceso de convergencia que ha conducido a la unificación ha durado casi veinte años. En efecto, el Capítulo General de 1971 y posteriormente los capítulos del 77 y del 83, reconsejaban una mayor colaboración y la unificación de las Provincias Carmelitas más pequeñas y vecinas.

Después de numerosas gestiones y consultas entre los religiosos, en el 1982 las Provincias Romana y Toscana y el Comisariato de la Italia Septentrional, formaron la "Federación del Centro-Norte" para una cooperación más estrecha en algunos campos de trabajo, como la formación, las vocaciones, la comunicación y sus publicaciones. El 1987, la Provincia de Sicilia pidió participar en el camino federativo, por lo que la Federación tomó el nombre de "Provincias Italianas Federadas".

En los años siguientes los cuatro participantes decidieron orientarse hacia la unificación. Esta fue jurídicamente sancionada con un decreto del Prior General de la Orden Carmelita con fecha 31 de mayo de 1989. Una larga preparación a través de asambleas generales de los religiosos, comisiones de estudio y comisión preparatoria, acaba finalmente en la celebración del primer Capítulo Provincial unitario, que se realizó en Sassone (Roma) del 10 al 15 de junio de 1991, siendo elegido Provincial el P. Tiberio Scorrano.

Actualmente la Provincia Italiana tiene cerca de 230 religiosos trabajando en Italia, Congo, Camerún, Rumanía y Colombia.


Para más información:

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Como Carmelitas, Vivimos nuestra vida en obsequio de Jesucristo y servirle fielmente con corazón puro y buena conciencia a través de un comprometiéndose en la búsqueda del rostro del Dios vivo (dimensión contemplativa de la vida), en la oración, en la fraternidad y en el servicio (diakonía) en medio del pueblo. Estos tres elementos fundamentales del carisma no son valores aislados o inconexos, sino que  están estrechamente ligados entre sí. 

Todo esto lo vivimos bajo la protección, la inspiración y la guía de María, la Virgen del Carmen, a la que honramos como “nuestra Madre y hermana”.