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Provincia de Malta

Esta Provincia, que comprenden la Isla de Malta (isla que se menciona en las Actas de los Apóstoles 28, 1), fue erigida el 7 de mayo de 1892. Al principio, las fundaciones maltesas formaban parte de la Provincia Siciliana de San Angelo, pero cuando los ingleses tomaron el gobierno del archipiélago maltés, estas fundaciones formaron un vicariato independiente.  

Los Carmelitas llegaron a Malta el año 1418, cuando la noble dama Margarita de Aragón, dejó en su testamento, la capilla y los campos adyacentes en los límites de la Lunzjata (Rabat) a cualquier Orden religiosa que aceptara las cláusulas del testamento. Los Carmelitas aceptaron la oferta y posteriormente, a partir de esta fundación, se crearon los conventos de Valletta (1570), Vittoriosa (1582 - 1652), Mdina (1659), Balluta - Sliema (1892), Santa Venera (dos casas: 1913 y 1980), Fgura (1945) y Fleur-de-lys (1947). En el 1944 se inauguró una escuela media, más tarde llamada "Saint Elias College". De esta escuela han salido muchas y buenas vocaciones que hoy son religiosos cultos y virtuosos. En el 1949, para responder a la llamada del Prior General, la Provincia se comprometió a enviar misioneros a Africa, pero a instancias del mismo Prior General, fueron enviados al Perú, y en el 1956 a Bolivia. En el 1987 la Provincia también se comprometió a hacerse cargo de la iglesia y convento de Milazzo en Sicilia (Italia). El año 1990 los Carmelitas volvieron a su primer convento de la Lunzjata (Rabat), donde han construído una casa de oración para retiros espirituales.

Entre sus hijos más ilustres se cuentan dos obispos: Mons. Francesco Raiti, Obispo de Trápani en Sicilia y Mons. Redento Gauci, obispo de Chuquibamba en el Perú.

Actualmente la Provincia Maltesa tiene cerca de 60 religiosos trabajando en Malta,  

 


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Como Carmelitas, Vivimos nuestra vida en obsequio de Jesucristo y servirle fielmente con corazón puro y buena conciencia a través de un comprometiéndose en la búsqueda del rostro del Dios vivo (dimensión contemplativa de la vida), en la oración, en la fraternidad y en el servicio (diakonía) en medio del pueblo. Estos tres elementos fundamentales del carisma no son valores aislados o inconexos, sino que  están estrechamente ligados entre sí. 

Todo esto lo vivimos bajo la protección, la inspiración y la guía de María, la Virgen del Carmen, a la que honramos como “nuestra Madre y hermana”.