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Proyecto “Awakening” San Felice del Benaco

Sabrina Rubio Perez

El pasado mes de agosto nos reunimos, durante cinco días, jóvenes carmelitas de diferentes lugares de Europa en los que la Orden tiene presencia, para celebrar la segunda parte del proyecto “Awakening”.

Fueron unos días muy intensos en los que el compartir experiencias y talleres formativos nos ayudó a entender mejor nuestra pertenencia a la Orden y a descubrir cómo el carisma del Carmelo se hace presente en lo cotidiano de nuestras vidas.

El lugar elegido para el encuentro fue el santuario de Nuestra Señora del Carmen en San Felice del Benaco, Italia. Y, como no podía ser de otra forma, sólo tenemos buenas palabras para aquella comunidad. Nos abrieron las puertas de su casa y nos hicieron sentir parte de la familia. Estuvieron pendientes en todo momento de las necesidades de los asistentes y durante nuestra estancia no faltó ningún detalle.

Como en el anterior encuentro en Fátima, volvían a ser las palabras de Dios al profeta Elías las que nos convocaban: “Levántate…”. Palabras que nos invitaban a ponernos en pie ante nuestras comodidades y a emprender el camino, a vivir unos días de reflexión y profundización en la fe y a experimentar la grandeza de la “familia carmelita”. Es emocionante compartir con el otro lo que soy, nuestras realidades, tan diferentes y a la vez tan cercanas, impregnadas del espíritu del Carmelo. Descubrir que el carisma es un don de Dios, que no es de mi propiedad, yo no lo he elegido, ha sido dado por Él, el Dios-amor, que se hace humano en cada encuentro con el hermano.

Fueron unos días en lo que también compartimos muchos momentos de oración. No hubiese sido un verdadero encuentro si no se hubiese hecho presente la Palabra. La oración con la que comenzábamos el día daba sentido a todas las tareas que se iban sucediendo a largo de la jornada. Preparamos nuestra “casa” para ser habitada, habitada por Aquel que lo hace todo nuevo.

Comenzamos por compartir nuestras realidades, tras una maravillosa introducción del proyecto “Awakening” por parte del P. Dave y Víctor, miembros del comité. De la puesta en común de lo tratado en los diferentes grupos provinciales, quiero señalar la ilusión y el cariño de los jóvenes por estar cerca de las comunidades de frailes y trabajar juntos. El deseo de que nuestros conventos sean casas abiertas donde podamos encontrarnos y compartir la Vida desde la vocación de cada uno, desde lo que Dios tiene preparado para cada uno, desde el proceso de fe que cada uno esté viviendo, desde el sentimiento unánime de ser hijos e hijas de Dios.

Nos convertimos en “buscadores de Dios” a través de una historia, la nuestra. El P. Dave nos ayudó a conocer mejor nuestros orígenes, a ver el Carmelo como el “lugar del corazón donde Dios mora” y nos invitó a compartir una lectio divina sobre la Regla y un tiempo de silencio en la capilla, antes de celebrar juntos la Eucaristía.

Para adentrarnos en la historia de la orden, antes era necesario hacer un alto en el camino y responder a tres preguntas; quién dice el mundo que soy yo, cómo me veo a mí mismo y cómo pienso que Dios me ve. Fue toda una propuesta para reconocer mi esencia, mi parte más verdadera, lo que yo soy, lo que me hace único/a, aquello que Dios ha puesto en mí. Porque el mejor regalo que tengo para ofrecerlo a Dios y al otro es lo que yo soy, pero para eso antes debo encontrar mi lugar, estar dispuesto a viajar hacia mi interior, porque es allí donde realmente se cuece la vida. Y ahí, cuando descubro quién soy, comienza mi misión, pues en ese momento ya estoy preparado para preguntarle al Señor: “¿qué quieres de mí?”

Fue una gran suerte contar estos días con la presencia del P. Miceál O’Neill. Es un gran comunicador y como oyente puedo decir que fue un privilegio escucharlo hablar de las mujeres del Carmelo. No puedo dejar de agradecer su acompañamiento, que fuese un joven más en medio de nosotros. Con su ponencia nos llevó a saborear la noche oscura del alma a través de la poesía de San Juan de la Cruz; fue uno de esos momento que son mágicos, no porque pasen cosas sobrenaturales, sino porque dejan en el corazón experiencias extraordinarias. Acabamos el recorrido de oración, en silencio, juntos, en la intimidad de la capilla.

Como no podía ser de otra forma, el sábado lo dedicamos a la figura de María. El P. Luca y una servidora fuimos invitados a contar nuestra experiencia en el Carmelo. Quiero resaltar que, a pesar de mi miedo a hablar en público y mi timidez, me sentí muy cómoda compartiendo mi vocación de madre y mi amor por el Carmelo. La maternidad fue un momento clave en mi vida, el nacimiento de mi hijo me llevó a experimentar ese Sí incondicional en el que no existen dudas, en el que una se deja modelar por las manos de Dios y es capaz de dar vida.

Un breve espacio para compartir dio paso a la intervención del Padre General Fernando Millán, el cual en su ponencia “tres testigos del amor”, como siempre, con un lenguaje muy fresco dirigido a los jóvenes, actualizó para nosotros la historia, y nos emocionó enseñándonos que nosotros también estamos llamados a ser testigos del amor de Dios en lo cotidiano de nuestras vidas; fue una tarde de paseos, charlas, fotos y grandes momentos compartidos, que los allí presentes nunca olvidaremos.

Para terminar, abrimos una “ventana de esperanza” desde la que todos los grupos provinciales pudieron expresar sus deseos de futuro y cómo los llevarían a cabo después de lo vivido en San Felice.

Sólo me queda agradecer de manera muy especial al P. John Keating y a todos los miembros del Comité Europeo de la Juventud Carmelita que hayan contado conmigo para este viaje. El proyecto Awakening ha sido un sueño para muchos de nosotros. Ha llegado a su fin, y es momento de compartir sensaciones y seguir caminando juntos. Los jóvenes carmelitas queremos seguir escribiendo nuestra historia y ser portadores del mensaje de Jesucristo en medio del mundo a través de nuestro carisma y nuestra espiritualidad.

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Como Carmelitas, Vivimos nuestra vida en obsequio de Jesucristo y servirle fielmente con corazón puro y buena conciencia a través de un comprometiéndose en la búsqueda del rostro del Dios vivo (dimensión contemplativa de la vida), en la oración, en la fraternidad y en el servicio (diakonía) en medio del pueblo. Estos tres elementos fundamentales del carisma no son valores aislados o inconexos, sino que  están estrechamente ligados entre sí. 

Todo esto lo vivimos bajo la protección, la inspiración y la guía de María, la Virgen del Carmen, a la que honramos como “nuestra Madre y hermana”.