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La Reconciliación

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Responde: Manuel Conde, O.Carm.

En una reunión, en la que nos planteamos seriamente la reconciliación entre personas que se han distanciado y hasta se odian por razones políticas, económicas o sociales, nos hemos encontrado con que la reconciliación parece casi imposible. ¿Cree Ud. que realmente estas diferencias son muy difíciles de superar? Grupo de Matrimonios. Granada.

Cuando una persona se aferra a determinados criterios y normas, como normas absolutas y considera que su verdad es la verdad total, difícilmente puede concebir que otras puedan tener alguna parte de verdad. En esta posición la persona no tiene posibilidad de reconciliarse. Con esta clase de personas la única posibilidad de reconciliación es que los demás cedan en todo.

Toda reconciliación exige, de parte de quienes están distanciados o alejados, que depongan la actitud de que ellos solos tienen la verdad absoluta y de que, a pesar de cuanto hayan podido pensar, es posible que también ellos tengan una visión parcial de las cosas y que no siempre pueden gloriarse de tener razón.

La reconciliación es difícil. Y más todavía cuando no sólo es una persona la que tiene esa actitud, sino sobre todo cuando esa actitud viene avalada y aún impulsada por el ambiente social que le rodea.

Una verdadera reconciliación sólo puede tener lugar entre los hombres si éstos realmente consideran la reconciliación en relación con Dios. Dios, a pesar de poseer la verdad absoluta y ser el bien sin mezcla de mal, cuando el hombre le ha ofendido pero le pide perdón, se lo otorga, sin tener en cuenta que ha ofendido a la suma verdad y al sumo bien.

En nuestra sociedad, en la que estas actitudes rígidas no sólo se sostienen y se mantienen, sino que consideran como las únicas razonables, la reconciliación es difícil. Creo sinceramente que la reconciliación es difícil, pero no imposible. Y por eso, debemos procurar de nuestra parte actitudes de reconciliación y trabajar para que todos, en una reflexión profunda de sinceridad, nos reconciliemos para crear una sociedad de hermanos.

Es fácil predicar una sociedad más justa y más fraternal. Pero cuando esa sociedad no está constituida como a nosotros nos parece, la rechazamos y nos hacemos insoportables a quienes no piensan y actúan como nosotros.

Responde: Manuel Conde, O.Carm.

Como Carmelitas, Vivimos nuestra vida en obsequio de Jesucristo y servirle fielmente con corazón puro y buena conciencia a través de un comprometiéndose en la búsqueda del rostro del Dios vivo (dimensión contemplativa de la vida), en la oración, en la fraternidad y en el servicio (diakonía) en medio del pueblo. Estos tres elementos fundamentales del carisma no son valores aislados o inconexos, sino que  están estrechamente ligados entre sí.


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