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San Juan Pablo II y El Carmelo

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P. Emanuele Boaga, O. Carm.

El Papa Francesco canonizó el pasado día 27 de abril de 2014 a su predecesor Juan Pablo II (1920-2005), al que el Carmelo está particularmente agradecido, tanto por las manifestaciones y documentos con los que ha incrementado el culto a la Madre y Decoro del Carmelo, como por la delicada y paterna benevolencia con que ha tratado al Carmelo en numerosas circunstancias.

  Karol Wojtyla nació el 18 de mayo de 1920 en Wadowice, un pueblecito polaco no lejos de Cracovia. Cerca de su casa estaba el convento de los Carmelitas descalzos, fundado en 1892 por Rafael Kalinowski, muy admirado por Karol Wojtyla, que lo canonizaría en 1991. Siendo niño y joven frecuentaba esta iglesia, especialmente con ocasión de las fiestas propias del Carmelo, recibiendo así una benéfica impronta que el pontífice mismo recordaría muchas veces.

   Finalizados sus estudios escolares en 1938, inició los estudios filosóficos en la universidad de Cracovia. En esta ciudad la presencia del Carmelo era particularmente viva en el convento de los Carmelitas descalzos así como en dos monasterios de Carmelitas descalzas. El joven estudiante Wojtyla mantuvo de esta manera contactos esporádicos con la comunidad de los descalzos, en la que una vez hizo los ejercicios espirituales. Los contactos con las dos comunidades de Carmelitas descalzas fueron más frecuentes. Pero el que lo introdujo en el conocimiento y en el estudio de S. Juan de la Cruz y de Sta. Teresa de Jesús fue un laico, un sastre de profesión, llamado Jan Tyranoski.

  El año 1942 ingresó en el seminario mayor de Cracovia, siendo ordenado sacerdote el día primero de noviembre de 1946. Desde este momento se intensificaron los contactos con el Carmelo mientras al mismo tiempo crecía su conocimiento de su espiritualidad. Trasladado al Pontificio ateneo Angelicum de Roma, se dedicó a profundizar en la doctrina de S. Juan de la Cruz, sobre la que escribió la tesis doctoral, que fue premiada con un summa cum laude el 19 de junio de 1948.

  De regreso a su patria, pronto maduró en Wojtyla el amor y la admiración por la espiritualidad carmelitana, pero el arzobispo cardenal Sapieha lo invitó a continuar como sacerdote diocesano. Los contactos con el Carmelo continuaron mientras ejercía el ministerio pastoral en Cracovia y enseñaba ética en la universidad católica de Lublino. El año 1958 fue nombrado auxiliar del arzobispo de Cracovia, del que fue sucesor el año 1967. Durante estos años se estrecharon sus relaciones con el convento y con los monasterios descalzos de Cracovia y con el de Zakopane para pedir oraciones. Pero además, siendo arzobispo de Cracovia, no cesaba de visitar nuestro convento.

  Otro factor más profundo e íntimo alimentó los lazos de Wojtyla con el Carmelo desde que era niño: la tierna devoción a María, Madre y Decoro del Carmelo, cuya protección y beneficios recibidos ha subrayado sobre todo a lo largo de su pontificado. El veía la expresión de esta protección en el escapulario, que había recibido siendo niño en el convento de los carmelitas descalzos de Wadowice.  Muchas veces se ha referido a esto, y también han sido frecuentes sus referencias a una intensa piedad mariana, reflejada -desde que ascendió al solio pontificio el 16 de octubre de 1978- en cada encuentro con los Carmelitas de ambas ramas de la Orden. Puede decirse que en su largo pontificado no ha desaprovechado ninguna ocasión, sobre todo en la fiesta anual de la Virgen del Carmen, para dirigir a la familia carmelitana y a todos los devotos del Carmen un pensamiento recordando la protección y los beneficios inherentes al oficio de la Virgen Madre dentro del misterio de Cristo y de la Iglesia, estimulando así una actitud de agradecimiento filial como expresión de familiaridad hacia ella y de conformidad con la voluntad divina. En unas setenta veces, con ocasión del rezo dominical del Ángelus, de encuentros con diversos grupos durante sus viajes apostólicos y en las audiencias de los miércoles, quiso el Papa subrayar uno u otro aspecto de la devoción carmelitana a la Virgen y conducir a sus queridos hijos hacia la oración suplicante y  hacia la imitación de sus virtudes.

   Pero la enseñanza más profunda que Juan Pablo II ha ofrecido a todos los Carmelitas se encuentra sobre todo en la carta apostólica El Acontecimiento Providencial, enviada el 25 de marzo de 2001 con ocasión del Año Mariano Carmelitano. De hecho, su contenido va más allá de la circunstancia que la motivó, pasando a ser una reflexión sobre las grandes líneas de la espiritualidad mariana que el Carmelo vive y ha de cultivar.

   El Papa Juan Pablo II también ha beatificado y canonizado a  numerosas figuras de Carmelitas eminentes por su santidad. Entre los Carmelitas, tres beatos mártires; Tito Brandsma, Ilario Januzsewski y Jaime Retouret, a los que se suma el mártir africano laico Isidoro Bakanja, miembro de la cofradía del escapulario. Además, el 20 de diciembre de 2003 declaró las virtudes heroicas de la sierva de Dios María Teresa Scrilli, fundadora del Instituto de las Hermanas de Nuestra Señora del Carmelo; y el 20 de diciembre de 2004 firmó el milagro alcanzado por intercesión de la sierva de Dios María Crucifixa Curcio, fundadora de la Congregación de las Hermanas Carmelitas Misioneras de Santa Teresa del Niño Jesús. También beatificó al terciario maltés Giorgio Preca, sacerdote y fundador de la Sociedad de la doctrina Cristiana MUSEUM, mientras el sacerdote y terciario carmelita Pietro Poveda Castroverde, beatificado el 10 de octubre de 1993, fue declarado santo en el 2003.

   Más amplio resulta el número de beatificaciones y canonizaciones de Carmelitas descalzos. Recordemos a los beatos que posteriormente fueron canonizados: Enrique de Ossó y Cervelló, Rafael Calinowski de San José, Teresa de Jesús de los Andes, Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein), María Maravillas de Jesús. Además, en 1992 declaró a Kalinowski patrón secundario de la diócesis de Sosnlovriec (Polonia), y en 1999 a Edith Steein co-patrona de Europa junto con Sta. Brígida de Suecia y Santa Catalina de Siena. Las otras beatificaciones de religiosos y religiosas OCD hechas por Juan Pablo II son: María de Jesús Crucificado Baouardy, Isabel de la Trinidad,  Teresa María Manetti de la Cruz, las tres mártires de Guadalajara, Francisco Palau y Quer, Josefa Nadal Gilbós, María Mercedes Prat y Prat, los mártires de la revolución francesa Gean Battista Durveneuil, Michele Luigi Brulard, Giacomo Cagnor, María Sagrario de San Luis Gonzaga, y el mártir Alfonso María Mazurek. En fechas diversas, el Papa declaró las virtudes heroicas de los siervos de Dios: María Teresa González Quevedo Cardoso; María Giuseppina de Jesús Crucificado; Elías de San Clemente; Antonio de Jesús Intreccialagli; Anita Cantieri; Camila Rolón de San José; Eleonor López de Maturana de San Luis; Juan Vicente de Jesús María; Teresa Mira García y los padres de Santa Teresa del Niño Jesús, Luis Martin y Zelia Guérin.

   En este contexto se sitúan algunas cartas apostólicas escritas por el papa Juan Pablo II con motivo de aniversarios y de celebraciones específicas. Otras referencias a estas figuras eminentes del Carmelo las hizo Juan Pablo II durante audiencias y encuentros.

   Debemos recordar aún, como llamada a vivir los ideales y la vida del Carmelo, las palabras dirigidas por Juan Pablo II a los capítulos generales de las dos ramas de la Orden. Los Carmelitas han celebrado bajo su pontificado cuatro capítulos generales (1983, 1989, 1995, 2001). En los tres primeros se obtuvo el don de una audiencia especial; al último envió el Papa una carta. También los Carmelitas descalzos celebraron cuatro capítulos generales en el pontificado de Juan Pablo II (1985, 1991, 1997, 2003). A cada uno de ellos dirigió puntualmente su palabra paterna y su bendición. Tuvo igualmente palabras de estímulo paterno para las religiosas participantes en los capítulos generales de las diversas congregaciones carmelitanas, recibiéndolas en audiencia especial.

   Además de las celebraciones de los capítulos generales, que marcan el desarrollo de la vida, Juan Pablo II también se hizo presente con motivo de otras fiestas de la familia carmelitana. El 7 de octubre de 2002 dirigía una carta a los superiores generales de las dos ramas de la Orden con motivo del 550 aniversario de la bula Cum nulla, en la que resalta los abundantes frutos proporcionados al Carmelo y a la Iglesia por las monjas carmelitas con su “testimonio luminoso de mujeres ejemplares”, invitando también a los laicos de la familia del Carmelo a seguir el camino de la santidad a ejemplo de Elías y de María.

   En su acción pastoral en la diócesis de Roma es conocida la solicitud del Papa por las parroquias y las comunidades religiosas. Las visitas realizadas a las de los carmelitas se caracterizaban por un clima de gran simplicidad y familiaridad, abandonando muchas veces los discursos oficiales, y dando muestras de interés y de sincero afecto.

   Juan Pablo II nombró nueve obispos entre los Carmelitas de la Antigua Observancia mientras dos obispos carmelitas creados por Pablo VI pasaron a otras sedes. Sin embargo, los Carmelitas descalzos nombrados obispos por Juan Pablo II fueron catorce, mientras cinco creados por Pablo VI pasaron a otras sedes. El 22 de mayo de 1991 Juan Pablo II elevó a la dignidad cardenalicia a un Carmelita descalzo, Mons. Anastasio Ballestrero, arzobispo de Bari y luego de Torino.

   Entre las gracias y concesiones a fin de propagar la devoción a la Madre y Decoro del Carmelo se ha de recordar la elevación al rango de basílica menor de algunos santuarios e iglesias en las que la Virgen del Carmen es la titular, así como la coronación de algunas imágenes muy veneradas. Recordemos de manera particular la audiencia del 12 de septiembre de 2001 en la plaza de San Pedro, que se desarrolló sin las habituales muestras festivas al estar marcada por el dolor y el estupor de la catástrofe del día anterior en Nueva York con el atentado terrorista de las “torres gemelas”. En aquella ocasión el pontífice puso una nueva corona sobre la cabeza de la imagen de la Virgen del Carmen, llevada a tal propósito desde la iglesia vecina de Santa María in Traspontina como peregrinación que concluía el Año Mariano Carmelitano del 750 aniversario del escapulario.

   Estos gestos del crecimiento de la devoción mariana evocan una vez más el lazo profundo y tierno que unió el corazón de Juan Pablo II a la Madre de Dios y de los hombres, y -como si fuera su herencia- son una especie de invitación continua, como él repetía frecuentemente, “a dirigirle una humilde oración para que ella, con su intercesión, alcance para cada uno poder seguir seguro por el camino de la vida y llegar felizmente a la santa montaña, Jesucristo, nuestro Señor” (Ángelus, 21 de julio de 1988).

Como Carmelitas, Vivimos nuestra vida en obsequio de Jesucristo y servirle fielmente con corazón puro y buena conciencia a través de un comprometiéndose en la búsqueda del rostro del Dios vivo (dimensión contemplativa de la vida), en la oración, en la fraternidad y en el servicio (diakonía) en medio del pueblo. Estos tres elementos fundamentales del carisma no son valores aislados o inconexos, sino que  están estrechamente ligados entre sí. 

Todo esto lo vivimos bajo la protección, la inspiración y la guía de María, la Virgen del Carmen, a la que honramos como “nuestra Madre y hermana”.



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