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Vida de los Monasterios Clausuras y Nuevas Fundaciones

P. Mario Alfarano, O.Carm.

En la vida de las monjas carmelitas, el paso del año 2013 al año 2014 coincidió con el paso del cierre de algunos monasterios a la fundación de otros. Efectivamente, durante los últimos meses del año pasado se han cerrado en Europa tres monasterios: Essen,

Piedrahita y Roccagloriosa. Ya en el año 2002 las pocas y ancianas monjas de Duisburg, Alemania, pasaron a Essen, al ala de un convento de religiosas donde eran atendidas. Habiendo quedado sólo sor Baptista, se procedió a la supresión canónica del monasterio. Por otro lado, en España, las cuatro monjas del monasterio de la “Madre de Dios” de Piedrahita, fundado el año 1460, pasaron a la comunidad de Madrid. Igualmente, en Italia ha sido suprimido el histórico monasterio de la “S. Croce di Lucca”, fundado en Nápoles el año 1537, que hace unos años se había transferido a Roccagloriosa. Las tres monjas que quedaban pasaron a la vecina comunidad de Fisciano: con anterioridad otras dos monjas habían sido acogidas por las comunidades de Ostuni y de Sutri.

Decidir el cierre de un monasterio es siempre causa de gran sufrimiento para las hermanas que ingresaron con el deseo de pasar en él toda la vida. En la mayor parte de los casos, se llega a tal decisión por necesidad, a causa del reducido número de hermanas y, sobre todo, de su muy avanzada edad. A esto se añade no disponer de monjas con posibilidades para ir en ayuda de dichas comunidades. Sin embargo, cerrar un monasterio significa para las  monjas afectadas abrirse a una nueva experiencia de fraternidad, a unirse a otras hermanas de la misma Orden, incluso más jóvenes, para formar juntas una nueva comunidad. Esto es lo que el Prior General y yo mismo hemos podido constatar durante la visita realizada a los monasterios de Madrid y de Fisciano. No sólo hemos gozado viendo la serenidad y el contento de las hermanas ancianas que se sienten rejuvenecidas por un ambiente más vivo y lleno de atenciones hacia ellas, sino que también nos ha admirado la generosidad de las comunidades que las han acogido y su deseo de hacer que se sientan en casa: hermanas entre hermanas.

En los primeros meses de este año se han fundado dos nuevos monasterios de monjas carmelitas y están en marcha otros nuevos proyectos. El 19 de febrero, la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica (CIVCSVA) emanó el decreto de inicio de la fundación del segundo monasterio de Venezuela. Hacía tiempo que la comunidad de Porlamar, Isla Margarita, deseaba llevar al continente la presencia de las monjas. Por fin, con la participación de tres monjas procedentes de Santiago de los Caballeros (República Dominicana), Camaná (Perú) y Machacos (Kenya) se ha dado vida a este nuevo monasterio dedicado a “Santa María del Monte Carmelo“, en Caño Grande, diócesis de Barinas. Por otra parte, el 6 de mayo de 2014 la CIVCSVA emanó el decreto de inicio de la fundación del monasterio de “Santa Teresita del Niño Jesús“ en Azua. Este es el quinto monasterio de República Dominicana. Las monjas de La Vega quisieron responder así a la invitación del obispo de la diócesis de San Juan de la Maguana de abrir un monasterio en una zona de la diócesis cuya escisión está  prevista que pase a ser una diócesis independiente y que, como zona de misión, tiene necesidad de la vida contemplativa. Finalmente, en el mes de junio, el Consejo General ha dado su consentimiento a la petición de las monjas de Machacos, Kenya, de iniciar antes de finalizar el año una fundación en Zimbabue, a petición del obispo de Mutare y de los hermanos del Comisariado de la Provincia de Irlanda.

Estos nuevos  monasterios son causa de una gran alegría, ya que frecuentemente se erigen en zonas de misión o en las que completan y enriquecen la presencia de la familia carmelitana. Creo que la apertura de nuevos monasterios responde al propósito del Concilio Vaticano II de llevar la vida contemplativa a cada Iglesia local, especialmente a las más jóvenes: “ya que la vida contemplativa es expresión de la presencia eclesial en su forma más plena, es necesario que la misma se construya por doquier en las jóvenes Iglesias“ (Ad Gentes n. 18).  

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Como Carmelitas, Vivimos nuestra vida en obsequio de Jesucristo y servirle fielmente con corazón puro y buena conciencia a través de un comprometiéndose en la búsqueda del rostro del Dios vivo (dimensión contemplativa de la vida), en la oración, en la fraternidad y en el servicio (diakonía) en medio del pueblo. Estos tres elementos fundamentales del carisma no son valores aislados o inconexos, sino que  están estrechamente ligados entre sí. 

Todo esto lo vivimos bajo la protección, la inspiración y la guía de María, la Virgen del Carmen, a la que honramos como “nuestra Madre y hermana”.