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Una Visión Sobre Los Jóvenes Nuestro Tiempo

Daniel Egido Simón

Tras 16 años como catequista, animando la pastoral juvenil de la Provincia Bética y como responsable de las actividades realizadas desde la Subcomisión.

JuCar (Juventud Carmelita) de la Región Ibérica, escribo estas líneas para compartir mi visión sobre la juventud y la pastoral juvenil que se está llevando a cabo.

LOS JÓVENES Y LA TECNOLOGÍA

No se puede empezar a hablar de los jóvenes de hoy en día sin enmarcarlos dentro del desarrollo tecnológico de los últimos años y que se ha ¡do implantando en nuestras vidas, sobre todo en las de los jóvenes.

Para los jóvenes la tecnología implica acceso a la información: poder saber al instante lo que está pasando en la otra punta del mundo, comunicarse con personas a miles de kilómetros, libertad para poder expresar y publicar cualquier opinión... Ese acceso a la información puede ser de gran utilidad, de hecho, los colegios cada vez implantan más las nuevas tecnologías en sus métodos de enseñanza. Pero no olvidemos que el acceso a la información debe ser racionado, ya que los jóvenes son muy vulnerables e influenciables, especialmente en la adolescencia. Además muchos jóvenes desarrollan su forma de comunicarse a través del ordenador o el móvil pero luego no saben cómo actuar cara a cara. Así, lo que supone un avance en comunicación también implica el riesgo de mermar las habilidades de comunicación. Los jóvenes de nuestro tiempo son una nueva generación donde la tecnología influye muy notablemente en su crecimiento y formación.

LOS JÓVENES Y LA SOCIEDAD

Parece que nuestra sociedad empieza a despegar de una crisis provocada por un sistema capitalista que consiste en hacer más rico al rico y más pobre al pobre. Los jóvenes son el objetivo para la venta de muchas industrias y cadenas: ropa, perfumes, estética y cómo no, un sinfín de aparatos electrónicos. Los ídolos deportivos y famosos se terminan convirtiendo en representantes de las grandes marcas para atraer a los jóvenes a un consumo, por lo general, innecesario. Esto hace que muchos jóvenes valoren esencialmente lo material y lo superficial, creciendo en ellos el culto al cuerpo y a las grandes marcas.

Por otro lado, esta crisis también ha dejado un rastro de corrupción y de desconfianza en las instituciones políticas. Desconfianza que también ha alcanzado a la Iglesia, como institución eclesial, especialmente por los medios de comunicación que se han centrado en transmitir las incoherencias, objeto del morbo y la difamación.

Ante esta situación no nos alarmemos cuando veamos que los jóvenes protestan. Aquellos que tienen ese espíritu de rebeldía y de aspirar a un mundo idealizado, propios de la juventud, no se conforman con el entorno que les rodea y protestan para que las cosas cambien. En los últimos años han surgido nuevos movimientos políticos y sociales impulsados por gente joven y sin experiencia, pero que reclaman ese cambio. ¿No era esto acaso lo que hacían los profetas del antiguo Israel? ¿No se quejaba el pueblo de Israel al Dios de Moisés cuando estaba sometido a la esclavitud de Egipto?

Quizás las reivindicaciones juveniles puedan producir cierto miedo, pues hay quienes lo llevan a una radicalidad exagerada y atacan también a la Iglesia, sin ver la religiosidad y la caridad de los cristianos. No obstante, nuestra Iglesia también está necesitada de un cambio que el Papa Francisco manifiesta de forma radical: una Iglesia de puertas abiertas donde los pobres sean los primeros. En abril de este año la Conferencia Episcopal Española pedía "perdón por los momentos en que no se había sabido responder con prontitud a los lamentos de los más necesitados" y criticaba las políticas económicas actuales y la corrupción de nuestro país.

Es en medio de esta sociedad donde la fe debe presentarse a los jóvenes como una alternativa actual, que valora a las personas y, en especial, a los jóvenes por su forma de ser. Es aquí donde el Evangelio debe presentarse como una opción de vida coherente, donde las riquezas se comparten con los más necesitados. Un joven no podrá sentirse identificado con una Iglesia que predica los valores ideales del Evangelio pero cierra los ojos a las injusticias sociales y a la corrupción.

LOS JÓVENES Y LOS MOVIMIENTOS JUVENILES

Una de las mejores formas de llegar a los jóvenes es a través de los movimientos juveniles, donde éstos pueden expresarse con libertad y analizar sus relaciones con los que les rodean.

La mera participación de los jóvenes en estos movimientos ya implica la búsqueda de algo más allá de lo cotidiano, que no puede ser cubierto a través de las clases, el deporte, las marcas o la tecnología. Los jóvenes buscan algo que les permita romper con el esquema cotidiano de trabajo, obligaciones, rutina... En algunos ese "algo" puede ser simplemente un rato de distensión. Para otros, esta necesidad va más allá y quieren profundizar en algo que haga que su vida sea diferente a la del resto, algo que aporte luz y esperanza en medio de una sociedad materialista. La búsqueda de este "algo" lleva a muchos a descubrir a Dios.

La fe llega a los jóvenes de hoy por medio del compartir de experiencias y vivencias personales. A Dios se le descubre a través de los demás, por ello, fomentar el compartir de experiencias y el dar testimonio personal suelen ser las mejores herramientas para ayudar a los jóvenes a despertar su fe. Los grupos juveniles suelen alcanzar su máximo apogeo en las edades comprendidas entre 15 y 17 años. Es a esta edad cuando los jóvenes sienten que empiezan a tomar decisiones propias, comienzan a tener su propio concepto y juicio de la sociedad, del entorno que les rodea, de la utilidad de las instituciones y lo que éstas aportan. Compartiendo su visión dentro de los grupos juveniles es cuando los jóvenes descubren que pueden identificarse unos con otros.

A su vez las relaciones interpersonales se desarrollan con mayor afectividad en esta época. Estas relaciones van a provocar sentimientos como la unidad, la amistad, la familiaridad.... Sin embargo, cuando el joven antepone su propio interés descubre que los lazos afectivos se rompen. Pero estos lazos pueden volver a atarse por medio del perdón, primero el perdón de Dios, que es seguro y generoso, y después el perdón fraterno.

Puesto que el final de la adolescencia, suele ser la etapa más intensa, es el momento ideal para trabajar la identidad, cristiana y carmelita. Los grupos que surgen en colegios o parroquias suelen contar con jóvenes de procedencia y actitudes similares, lo que ayuda a fraguarlos. Sin embargo, una vez alcanzada la edad adulta, el joven se aventura en un mundo nuevo (universidad, formación profesional, trabajo...) y comienza a conocer personas con distintas procedencias y actitudes muy diferentes. En medio de este nuevo mundo el jovendebe elegir si quiere mantenerse fiel a esa identidad o abandonarse a otros pensamientos que le permitan encajar socialmente dentro de su nuevo entorno. Desde luego, aquel que supera esta prueba, consolidará su fe y su identidad por mucho tiempo.

LOS JÓVENES Y la Eucaristía

Una de las grandes cuestiones entre religiosos y catequistas es dónde están los jóvenes en las celebraciones eucarísticas. La Jornada Mundial de la Juventud de Madrid 2011 puso de manifiesto que la Iglesia está llena de jóvenes activos y colaboradores, que se pronuncian firmemente en el credo católico pero que, generalmente, no se les ve en misa.

Cierto es que dentro de los grupos juveniles se celebran Eucaristías. Aprovechando el número reducido de participantes y al querer realizar unas celebraciones más didácticas, se intenta ser fiel a lo que el Evangelista Lucas cuenta en Hechos de los Apóstoles: "ponían todo en común". Por ellos, en estas celebraciones el joven puede compartir sus vivencias de fe, pedir perdón por el mal que ha hecho, dar testimonio, etc. Esto hace que dichas Eucaristías se vivan con gran fervor.

Algo muy similar sucede en la pascua juvenil. Las celebraciones se llenan de emoción al sentir uno mismo como le lavan los pies o lavando los pies al compañero o clavando las cruces personales en la cruz de nuestro Señor para nos libere de ellas. Así, la vigilia pascual es una auténtica fiesta espiritual donde el corazón del joven se siente revivido en la fe.

Entonces... ¿Qué sucede al domingo siguiente que los jóvenes no están en la iglesia? Somos conscientes de que existe una crisis vocacional en nuestra Iglesia, pero también debemos ser conscientes de que existe una crisis sacramental en la juventud. Para muchos, el domingo es el día de tiempo libre en el que uno puede aprovechar para practicar un deporte, visitar un familiar o dedicarse al estudio. Si la Eucaristía solamente se entiende desde un responder a las súplicas del sacerdote y escuchar un sermón, el joven considerará que no es "útil" para su vida.

Los jóvenes deben ser educados en la asistencia y la participación en la Eucaristía y como en todo proceso educativo la familia debe ser el pilar sobre el que se fundamente la presencia de los jóvenes en la misa. Pero también la pastoral juvenil y los sacerdotes deben tomar parte activa y contribuir a que las Eucaristías sean momentos de profunda vivencia religiosa y espiritual.

LOS JÓVENES Y EL FUTURO (DEL Carmelo)

El Carmelo de la Región Ibérica es muy rico en jóvenes. Sin ir más lejos este año 171 jóvenes han realizado la peregrinación a Santiago de Compostela con los grupos "JuCar". También es rico en parroquias y colegios extendidos por toda la geografía española que sirven para acunar estos movimientos juveniles y transmitir el carisma carmelita. Disponemos de una ONG,"Karit, Solidarios por la Paz" donde cada vez se unen más jóvenes para realizar una experiencia de voluntariado en países empobrecidos del Sur o simplemente contribuir a la construcción de un mundo mejor. No podemos olvidar las hermandades, cofradías o terceras órdenes, cuyos jóvenes se entregan con devoción a la Virgen del Carmen.

En la realidad actual del Carmelo, carente de vocaciones en los últimos tiempos, toda esta actividad se mantiene gracias al empeño de muchos jóvenes, ya adultos (monitores, catequistas, voluntarios, profesores..), que se sienten parte de la familia carmelita y que trabajan para mantener el carisma. El trabajo que se realiza, ya sea para realizar una peregrinación multitudinaria o para mantener un grupo juvenil vivo, es, en ocasiones, impagable.

Además estos jovenes-adultos, saben acercarse a los más pequeños en su lenguaje, haciendo uso de las nuevas tecnologías, disponen de una formación mucho mejor que la que tenían sus predecesores y han sobrevivido a esa etapa de madurez en la que uno debe mantenerse fiel a la fe ante el mundo laboral o universitario. Allí donde ya no llegan los religiosos, estos jóvenes se cargan a la espalda la responsabilidad de mantener el Carmelo joven y vivo.

El reto futuro es importante. El Carmelo debe acompañar a los nuevos responsables de pastoral, para que se sientan seguros. Y debe tenerlos en cuenta en la toma de decisiones, para que se sientan responsables de lo que hacen y transmiten. Integrar la vida laboral con la actividad pastoral y mantenerse coherente en la fe no es tarea fácil, pero con la ayuda del Señor y de los Padres y Hermanas Carmelitas se puede conseguir. Ojalá que toda esta juventud se convierta en una fuente de vocaciones que, de una u otra manera, siga manteniendo vivo el espíritu del Carmelo.

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Como Carmelitas, Vivimos nuestra vida en obsequio de Jesucristo y servirle fielmente con corazón puro y buena conciencia a través de un comprometiéndose en la búsqueda del rostro del Dios vivo (dimensión contemplativa de la vida), en la oración, en la fraternidad y en el servicio (diakonía) en medio del pueblo. Estos tres elementos fundamentales del carisma no son valores aislados o inconexos, sino que  están estrechamente ligados entre sí. 

Todo esto lo vivimos bajo la protección, la inspiración y la guía de María, la Virgen del Carmen, a la que honramos como “nuestra Madre y hermana”.