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Provincia de Pernambuco

La corona de España encargó la evangelización de sus colonias americanas sólamente a algunas Ordenes religiosas. Los Carmelitas no estaban en este proyecto. Portugal no puso limitaciones y Brasil llegó a ser el campo misionero de la Orden Carmelita en el Nuevo Mundo. La primera fundación carmelita se lleví a cabo el año 1580 en Olinda,

Pernambuco. Se hicieron otras fundaciones en todo el Brasil, de suerte que un siglo después, en 1685, el amplio vicariato de Brasil que dividido en los comisariados, el de Río de Janeiro y el de Bahía-Pernambuco. Ambos se convirtieron en Provincias en 1720. Algunas casas de la Provincia Bahía-Pernambuco abrazaron la Observancia Estricta y fueron constituídas como Provincia con el título de "Pernambuco", el año 1744.

En el siglo XIX América Latina adoptó la política de suprimir las Órdenes religiosas perseguidas en Europa y hacia finales del siglo sólo quedaban unos pocos frailes ancianos en todo el territorio de Brasil. En 1886 el Comisariado Provincial de Pernambuco informó al Prior General de la Orden Carmelita que los miembros sobrevivientes de la Provincia se encontraban todos en un sólo convento, en Recife; las otras 4 casas habían quedado en manos del clero diocesano. En 1894, la Provincia de España recién restaurada se propuso la renovación de la Orden en el Brasil. Cuando se vió que esta tarea superaba sus proprias posibilidades, la Provincia de Holanda asumió la Provincia de Río de Janeiro, la Provincia Bética asumió el cuidado de Bahía y la Provincia Arago-Valentina la de Pernambuco. Eventualmente el resto de la Provincia de Bahía se unió a la de Río de Janeiro, pero en 1949 Pernambuco se había recuperado suficientemente para poder asumir una vez más la condición de Provincia.

Actualmente la Provincia de Pernambuco tiene cerca de 70 religiosos trabajando en Brasil y Mozambique.

 


 

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Como Carmelitas, Vivimos nuestra vida en obsequio de Jesucristo y servirle fielmente con corazón puro y buena conciencia a través de un comprometiéndose en la búsqueda del rostro del Dios vivo (dimensión contemplativa de la vida), en la oración, en la fraternidad y en el servicio (diakonía) en medio del pueblo. Estos tres elementos fundamentales del carisma no son valores aislados o inconexos, sino que  están estrechamente ligados entre sí. 

Todo esto lo vivimos bajo la protección, la inspiración y la guía de María, la Virgen del Carmen, a la que honramos como “nuestra Madre y hermana”.