Pasar al contenido principal

Provincia Alemania Inferior Ex

de enero de 2013, las dos provincias de Alemania se unieron en una provincia llamada Provincia de Alemania

Las primeras Constituciones de la Orden Carmelita, del año 1281, indicaban ya la existencia de una Provincia alemana. En el 1294 se dividió en dos Provincias: Inferior y Superior. Durante la primera mitad del s. XIV las Provincias se unieron

y se dividieron varias veces, probablemente a causa de las diferencias que existían entre Luis de Baviera y el Papado, pero en el 1348 la división fue definitiva. En aquel tiempo la Provincia de Alemania Inferior se extendía por la Renania, Bélgica y Holanda.

Durante la Reforma, la Provincia, con su convento principal en Colonia, sufrió poco, si se la compara con su Provincia hermana, y en su Provincial Eberhard Billick, la Iglesia encontró un distinguido defensor de la fe. Durante la Guerra de los Treinta Años (1618-1648) resultó altamente dificil el renacimiento de la Provincia, pero, cesadas las hostilidades, fue posible el comienzo de una más estricta observancia, de modo particular a través de las ayudas de Antonin de Charité, de la Provincia turonense. En 1660 la Provincia se reformó completamente.

Los dieciséis conventos de esta floreciente Provincia desaparecieron sin dejar huellas, durante la supresión decretada por Napoleón en el 1803 y en los años sucesivos. Fue en 1924 cuando la Provincia Holandesa, recibiendo la antigua iglesia de Mainz, hizo que la presencia carmelitana fuese viva de nuevo en esta región. En los años sucesivos ha habido otras fundaciones, pero fue en 1969 cuando la Provincia de la Alemania Inferior recuperó definitivamente su total normalidad. Actualmente es responsable de la misión en Camerun.

shieldOCarm

Como Carmelitas, Vivimos nuestra vida en obsequio de Jesucristo y servirle fielmente con corazón puro y buena conciencia a través de un comprometiéndose en la búsqueda del rostro del Dios vivo (dimensión contemplativa de la vida), en la oración, en la fraternidad y en el servicio (diakonía) en medio del pueblo. Estos tres elementos fundamentales del carisma no son valores aislados o inconexos, sino que  están estrechamente ligados entre sí. 

Todo esto lo vivimos bajo la protección, la inspiración y la guía de María, la Virgen del Carmen, a la que honramos como “nuestra Madre y hermana”.