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INSTRUMENTUM LABORIS - ESPAÑOL

INSTRUMENTUM LABORIS

CAPÍTULO GENERAL DE LOS HERMANOS DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA DEL MONTE CARMELO, 2019

INTRODUCCIÓN:

En una ocasión, a una monja trapense le preguntaron sobre su comunidad, y ella respondió: “Yo no habría escogido vivir con estas mujeres, pero Dios las ha escogido para vivir conmigo”. En los ochocientos años de nuestra existencia carmelita, Dios ha elegido a muchas personas santas, y a veces no tan santas, para convivir “en obsequio de Jesucristo”. Nosotros formamos parte de esa larga historia, que continúa.

La elección proviene, en primer lugar, de Dios. “Yo os he elegido”. En este momento de la historia, en la saga continua de nuestra existencia como Orden religiosa, nos detenemos una vez más en época de capítulo para reflexionar, evaluar, discernir, contextualizar y situarnos nosotros mismos y nuestra misión en este siglo XXI del Señor.

A menudo, reflexionando sobre nuestro estilo de vida, se hace referencia a la comunidad primitiva de Jerusalén (He 2, 44-47). Constantemente, al rememorar este texto fundacional de la vida comunitaria cristiana, se nos invita a volver a las fuentes de nuestro estilo de vida en comunidad y a los “pozos” que usamos para satisfacer los deseos más profundos que tenemos dentro. En 1971, el escritor espiritual Thomas Spidlik, S. J., escribió bellamente sobre esta comunidad primitiva:

«Desde el comienzo, eran conscientes de ser los nuevos profetas de Dios, llamados a poblar la tierra y a encaminar a la raza humana hacia los ‘últimos tiempos’. Su estilo de vida era escandaloso. Estaba prohibido el individualismo; su vida era comunitaria; la propiedad privada, en muchos casos, desapareció; proclamaban la Nueva de la Salvación con un testimonio gozoso y sencillo, alegrándose de las persecuciones que sufrían por causa de Jesús y perdonando a sus enemigos… Ese grupo vivía según la doctrina del amor. Todo se subordinaba al amor entre los cristianos y su amor a todos. Escuchando la Palabra, el uso del dinero, la fracción del Pan, la creación de ministros, las visitas entre cristianos y sus salidas misioneras, todo, cualquier decisión, tenía el amor como paradigma. Así fue como los cristianos empezaron a crear el rostro de la Iglesia. “Hechos” por la Iglesia, “hicieron” la Iglesia»[1].

El hecho de juntarse los miembros era y es un acto de amor al Dios Vivo, y así, nuestro capítulo es mucho más que jurídico, ya que se trata de abrirse al Espíritu de ese amor que se cierne sobre la asamblea de nuestra realidad presente. El documento oficial sobre la formación en la Orden (RIVC) comienza precisamente con este tema del amor:

«Dios “nos amó primero” y nos llamó a participar en la comunión de la Trinidad. Nosotros reconocemos su llamada en la experiencia de su amor. Movidos por el Espíritu, escuchamos la Palabra de Cristo, que es el Camino que conduce a la Vida. Siguiendo sus huellas, encomendándonos al amor misericordioso de Dios, emprendemos la marcha hacia la cumbre del Monte Carmelo, el lugar donde encontramos a Dios y nos transformamos en Él»[2].

 Nuestras Constituciones nos dicen que un Capítulo General es «el signo principal de la unidad de nuestra Orden, con toda su diversidad. Es la reunión fraterna en la que reflexionamos juntos, en comunidad, para fortalecer nuestra fidelidad al Evangelio y a nuestro carisma, y nuestra sensibilidad hacia las necesidades del tiempo y del lugar. Por medio del Capítulo General, toda la Orden, permitiendo ser guiada por el Espíritu Santo de nuestro Señor Jesucristo, trata de conocer la voluntad de Dios en un momento determinado de la historia para que podamos servir mejor a la Iglesia»[3].

El tema elegido para el Capítulo General de 2019 es: “Vosotros sois mis testigos (Is 43, 10); de una generación a la otra: llamados a ser fieles a nuestro carisma carmelita”. Este tema ofrece una continuidad con el último Capítulo General y con la Congregación General de Fátima de 2016. Su esencia está tomada del artículo 21 de las Constituciones de 1995. Se relaciona con nuestro servicio en medio del pueblo y subraya tres ideas principales para que las considere el Capítulo sobre los retos que tenemos delante de nosotros en los próximos años: fidelidad a nuestro carisma carmelita; continuidad con las generaciones pasadas que oyeron la misma llamada; y el reto de dar testimonio a las generaciones presentes y futuras. Como indica el número 21 de las Constituciones, debe haber una apertura y un deseo de escuchar al mundo, “dispuestos a afrontar los retos de la vida y a dar una respuesta evangélica auténtica basada en nuestro carisma”. El profeta Isaías (43, 10) dice: “Vosotros sois mis testigos”, mis siervos escogidos, comprendiendo y sabiendo que “Yo soy el Señor” [4].

Este tema subraya tres puntos específicos que tratar: nuestra TRADICIÓN, el TESTIMONIO que da nuestra vida al mundo y el RETO que tenemos ante nosotros, ahora que avanzamos hacia los próximos seis años. Más abajo se presentan algunos pensamientos para suscitar el diálogo, individualmente, en las comunidades y en las Provincias.

Quizá es hora, en este año del Señor 2019, de que nos reunamos para celebrar las fuentes de nuestra inspiración; de escuchar una vez más lo que el Señor Dios nos dice, como hizo con Elías: “¿Por qué estás aquí?”. ¡Nuestra llamada al Carmelo es una elección de Dios, pero también es nuestra, según optamos responder! Habrá unas cuantas opciones que tomar durante el Capítulo, especialmente respecto a las modificaciones de las Constituciones de 1995, que deben brotar de las respuestas fundamentales e iniciales dadas a nuestra vocación religiosa. Las opciones actuales se basan en una sucesión de opciones realizadas por nosotros y por generaciones anteriores a lo largo de la historia del Carmelo.

Hemos de tomarnos tiempo en nuestras comunidades para dialogar sobre las implicaciones del tema de nuestro Capítulo, para que los delegados al mismo sean conscientes de estos pensamientos y sentimientos en todo el mundo. Teniendo al menos tres reuniones comunitarias, enriquecidas por la oración y la reflexión personal, ¿podemos avanzar para encontrar un modelo de cómo podemos vivir hoy nuestro estilo de vida carmelita –que sea auténticamente fiel a nuestra tradición–, para que el don que es el Carmelo pueda dar testimonio al mundo en el que vivimos de que somos realmente “una fraternidad contemplativa en medio del pueblo”?

Nuestra oración

Señor, Tú nos has elegido y llamado
a cada uno de nosotros a la tierra del Carmelo
para ser testigos de tu amor de una generación a otra.
En ti ponemos nuestra confianza, sabiendo que, con el profeta Elías,
podemos proclamar que el Señor es el Dios verdadero,
buscando el rostro de este Dios vivo en el corazón del mundo.
 
Que tu Espíritu de amor nos guíe hacia tu futuro,
para que, como en los días antiguos junto a la fuente del Monte Carmelo,
los hermanos y hermanas de la Orden, una vez más,
sean renovados para una vida verdadera y para su misión.
 
En solidaridad con la familia Carmelita,
pedimos que nuestro próximo Capítulo General,
bajo la protección de la Madre de Dios,
sea bendecido por la fidelidad a tu Evangelio,
dando una respuesta evangélica auténtica a nuestra llamada
en medio de nuestro pueblo. Por Cristo, nuestro Señor. Amén.

PRIMERA REUNIÓN – NUESTRA TRADICIÓN:

“De una generación a otra…”

“Cantaré eternamente tus misericordias, Señor; de generación en generación mi boca anunciará tu verdad” (Sl 89, 2)

PARA NUESTRA CONSIDERACIÓN:

Nosotros tenemos una riqueza de testimonios y documentación escrita desde el capítulo extraordinario posconciliar de 1968, fruto de muchos de nuestros expertos de los siglos XX y XXI, que abrieron de par en par para nosotros las riquezas del carisma, su historia y espiritualidad, tomada de los últimos ochocientos años. Eso ha enriquecido nuestras vidas, nuestra formación y nuestro orgullo genuino sobre lo que somos. Nuestra experiencia presente ha sido y sigue siendo nutrida por el significado de nuestra historia. Nuestros valores, nuestra interpretación de los mismos y nuestro diálogo con ellos enriquecen nuestra historia hoy. Poniendo de nuevo ante nuestros ojos los grandes textos clásicos de nuestra tradición, el texto fundacional de nuestra Regla, y el modo en que en estas pasadas décadas hemos llegado a interpretarlos con nuestro estilo de vida actual. ¿Conocemos de verdad nuestra Regla, Constituciones, Ratio, etc.? Sí, podríamos decir, pero en comunidad oímos las claves esenciales expresadas explícitamente para nosotros en un marco común, que nos llevan a una vida juntos dirigida por el bien común.

Tal vez sea útil recordar que las grandes asambleas de Israel, la comunidad cristiana primitiva, las asambleas litúrgicas de la Iglesia de hoy, colocan la proclamación de la Palabra en el corazón de su realidad. Generaciones anteriores de carmelitas han leído nuestros textos en común. Son textos que pertenecen a nuestra identidad y que también pueden retar nuestro estilo de vida actual. La tradición no es tradicionalismo, sino una rica fuente de sabiduría que nutre a nuestros grandes testigos, nuestros santos, que los llevó a una vida que dio testimonio a su generación y también a la nuestra. Es de especial importancia lo que se refiere a la seria tarea de la formación y de la formación continuada.

Con todo, la fidelidad al carisma ha de ser algo más que documentos o palabras; ha de ser una realidad vivida y visible, si queremos ser de verdad auténticos testigos para el mundo en que vivimos.

El artículo 21 de las Constituciones, del que está tomado el tema de nuestro Capítulo, establece:

“Como fraternidad contemplativa, también buscamos el rostro de Dios en el corazón del mundo. Nosotros creemos que Dios ha establecido su morada en medio de su pueblo, y, por este motivo, la fraternidad carmelita sabe que es una parte viva de la Iglesia y de la historia: una fraternidad abierta, capaz de escuchar al mundo en el que vive, y que desea ser interpelada por él; dispuesta a hacer frente a los retos de la vida y a dar una respuesta evangélica auténtica basada en nuestro propio carisma”.

A la luz de esta larga tradición, podemos hacernos algunas preguntas personales: ¿somos de verdad una fraternidad contemplativa, y, si es así, en qué modo? Si nuestra respuesta es algo negativa, entonces, ¿qué se interpone en nuestro camino? ¿Por qué en ciertos casos se ve que no funciona y algunos se desaniman durante el camino?

De nuevo nos preguntamos si somos una fraternidad “abierta”, “capaz” y deseosa de escuchar; de afrontar los retos de hoy y luego dar “una respuesta evangélica auténtica basada en nuestro carisma”. ¿Somos demasiado auto-referenciales, sin darnos cuenta de cómo la vida de la gente que nos rodea ha evolucionado? Más que estructuras o documentos, este capítulo nos tiene que hacer capaces de dar una respuesta evangélica a otros, y, al mismo tiempo, retarnos a encontrar formas concretas de vivir nuestra respuesta, que promueva nuestra misión hoy de un modo creíble, como dice la Congregación General de Fátima: “Más con nuestras vidas que con nuestras palabras”. A la luz de todo esto, ¿podemos tratar de describir lo que significa ser “carmelitas que viven en obsequio de Jesucristo” a nuestros hermanos y hermanas del siglo XXI?

BUSCANDO UNA RESPUESTA:

  1. ¿Cuán a menudo nosotros, como comunidades de fe, compartimos lo que aprobamos en nuestros documentos?
  2. ¿Cuándo fue la última vez que evaluamos nuestra vida y ministerio carmelita a la luz de nuestros documentos fundamentales de la Orden?
  3. ¿Existe una distancia real entre nuestra identidad teórica y la realidad verdadera vivida? ¿Cómo eliminar ese trecho?

DOS TEXTOS A TENER EN CUENTA:

«Nosotros somos conscientes de que somos ricos en tradición y modelos teológicos. Pero quizá necesitamos revitalizar nuestros viajes místicos, que, en la práctica, sirven para transmitir a otros la riqueza del Carmelo y ‘la belleza de haber visto al Señor’. El carmelita, en medio del mundo, está al servicio del cultivo del jardín de Dios, el Carmelo, creando lugares sagrados, espacios místicos donde Dios puede brillar»[5].

«Entrar en la experiencia carmelita es formar parte de una historia que va adelante. Es entrar en una larga tradición humana, espiritual, eclesial y apostólica, probada por el tiempo. Aunque se necesita releer, reinterpretar y profundizar nuestra comprensión de esta tradición, esto no significa que debemos comenzar desde cero. Este trabajo de revisión continua brinda a las personas muchas oportunidades de ofrecer sus propias aportaciones, con sus dones específicos, enriqueciendo, desarrollando y renovando así la vida de la Orden»[6].

SEGUNDA REUNIÓN – NUESTRO TESTIMONIO

“Fieles a nuestro carisma Carmelita”

“Recibiréis fuerza cuando el Espíritu Santo venga sobre vosotros, y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra” (He 1, 8).

PARA NUESTRA REFLEXIÓN:

El papa Francisco, cuando se le preguntó en la Unión de Superiores Generales qué se espera de la vida consagrada hoy, respondió con una palabra: “¡Testigos!”. Esto se corresponde plenamente con la misión de la Iglesia desde los primeros tiempos, como muestran los Hechos de los Apóstoles. ¿Quién es testigo? ¿Qué hace un testigo? ¿Cómo nos identificamos como testigos?

La vida religiosa ha de promover el crecimiento de la Iglesia mediante la atracción. La Iglesia debe ser atractiva. ¡Despertad al mundo! ¡Sed testigos de una manera diferente de hacer las cosas, de actuar, de vivir! Vivir de otra manera en este mundo es posible[7].

Avanzar cuesta; es más fácil seguir hacienda lo que siempre hemos hecho y tal como lo hemos hecho siempre. ¡Vino nuevo en odres nuevos!

Quizá el primer gran testigo del período evangélico es Juan el Bautista, que señala la presencia de uno que está entre nosotros. Un testigo tiene alguna verdad vital que proclamar y la defiende con una forma de actuar auténtica.

Para usar una forma actual de hablar, “Carmelo” es el nombre de una marca que significa contemplación y santidad. ¿De qué modo es esto verdad hoy? Somos llamados a “despertar al mundo”, pero a veces puede ser necesario comenzar por “despertarnos a nosotros mismos”. Hay dos aspectos del crecimiento que se refieren a lo que se exige a un testigo, expresados a menudo con las palabras “fidelidad creativa”; fidelidad a nuestra identidad y creatividad viva para dar testimonio ante el mundo. En las palabras “fidelidad creativa” hay un equilibrio que señalar. Lo que somos se ha formado a lo largo de generaciones y ha dado identidad a la tradición mendicante. Como comunidades, podemos reflexionar sobre el hecho que somos “minores”, pequeños, no gente que busca un status clerical en una Iglesia estructurada jerárquicamente.

Como frailes, hemos de ser responsables de lo que somos. Otros, en nuestro mundo, guiados a menudo por un paradigma político, por finanzas globales o por los medios de comunicación seculares, ven el mismo mundo que vemos nosotros, pero con otros ojos. Nosotros tenemos que ir más allá de esta mundanidad, sin negar los grandes avances intelectuales y científicos realizados en nuestro tiempo. Se sugiere que los mendicantes miremos desde la periferia, con una mirada contemplativa sobre el mundo y con un corazón contemplativo. Otra perspectiva podría ser: ¿dónde están nuestros místicos en este siglo XXI? “¡Qué grandes son sus signos, qué poderosas sus marav illas! Su reino es un reino eterno; su soberanía va de generación en generación” (Dn 3, 100).

BUSCANDO UNA RESPUESTA:

  1. Como carmelitas del siglo XXI, ¿cuál puede ser nuestro testimonio hoy?
  2. ¿Qué debemos dejar para seguir hoy auténticamente las huellas de nuestros antepasados?
  3. ¿Qué precio estamos dispuestos a pagar para que nuestra fraternidad sea un testimonio?

DOS TEXTOS A TENER EN CUENTA:

El Señor declara:
“Vosotros sois mis testigos,
vosotros sois mis siervos, elegidos por mí
para conocerme,
y poner vuestra confianza en mí,
y comprender que yo soy el Señor.
Antes que yo no existió ningún dios,
ni lo habrá después de mí” (Is 43, 10).

 

«Los profetas reciben de Dios la habilidad de escrutar los tiempos en los que viven y de interpretar los acontecimientos; son como centinelas que vigilan de noche y perciben la llegada de la aurora. Los profetas conocen a Dios y a los hombres, sus hermanos. Son capaces de discernir y denunciar el mal del pecado y la injusticia. Porque son libres, no están en deuda con nadie sino con Dios, y no tienen otro interés que Dios. Los profetas tienden a ponerse del lado de los pobres y desvalidos, porque saben que Dios está de su parte»[8].

TERCERA REUNIÓN – EL RETO

“Una auténtica respuesta evangélica” (Const. 21)

“Su fidelidad dura por todas las generaciones” (Sl 119, 90)

PARA NUESTRA REFLEXIÓN:

En primer lugar, hemos de recordar que somos invitados a dar una respuesta “evangélica”. Ser auténticos es, ciertamente, un gran reto, y, en el contexto de la realidad presente del mundo de hoy, abarca palabras como honradez, transparencia, humildad y sinceridad. Estos son temas que afronta una Iglesia que está bajo el microscopio de un mundo no siempre amigable hoy día. De algún modo, se hace realidad la frase del Evangelio: “Nada hay oculto que no sea descubierto…”. Podemos ver esto como una amenaza o una crisis. La palabra ‘crisis’ hay que entenderla en el sentido griego de krisis, que significa una llamada a juzgar y decidir. El reto será ir por el camino de la verdad. Problemas que afectan a algunas partes del mundo hoy y son ciertamente escandalosas, luego se verán más globalmente. Curar heridas producidas por ministros del Evangelio es parte del reto que tenemos delante. La vida comunitaria genuina, no casas de huéspedes desde las que “yo” ejerzo mi ministerio, requiere comunidades que trabajan juntas, que tienen un número suficiente de miembros presentes en actividades comunes. Ese ha de ser nuestro objetivo ahora. Esto es verdad para las provincias del Nuevo Mundo tanto como para las del Viejo Mundo.

El próximo septiembre tomaremos decisiones que tendrán consecuencias, pero esto es normal y podría ser difícil de afrontar. Nuestra época está grandemente enriquecida por documentos como Evangelii Gaudium, Laudato si’, Amoris laetitia, Gaudete et exsultate, etc.

Piensa en el joven al que el Señor le pidió dejarlo todo y seguirle… Se trató de una exigencia demasiado grande, ya que estaba apegado a lo que no le daba libertad. Nosotros somos llamados a algo más:

La verdad de la vida humana es que somos llamados a las realidades más altas, y, sin embargo, a menudo tenemos inclinaciones que nos llevan a las más bajas. Deseamos ser divinos, y, sin embargo, a veces nos permitimos deshumanizarnos… La mejor protección contra ese declive es ser conscientes de su posibilidad… La humildad es la verdad, y una actitud realista hacia nosotros mismos y hacia los demás ayuda muchísimo a llevar una vida sincera[9].

En un sentido muy real, la Encarnación nos ha de enseñar a ser expertos en humanidad, enriquecidos por la sabiduría de los siglos.

En los últimos años, hemos visto las estadísticas, la demografía, los análisis y los proyectos. Permitiendo que la sabiduría de nuestra Regla nos guíe más allá del estrés inmediato, la esclavitud de la ocupación constante y la adicción a los medios de comunicación social, bien nos puede decir: “Permaneced en vuestras celdas o junto a ellas, meditando en la Ley del Señor día y noche y velando en oración…”[10]. De esta meditación vendrá la respuesta ‘evangélica’. Ciertamente, nuestra hermana María aprendió esto y sirvió al Señor con mucho fruto. Sus palabras son claras: “Él mira a su sierva en su humildad; por eso todas las generaciones me llamarán bienaventurada” (Lc 1, 48).

BUSCANDO UNA RESPUESTA:

  1. Como carmelitas fieles, ¿cómo nos comprometemos con el futuro en un servicio humilde al Reino de Dios?
  2. ¿Cuál es el mayor reto que tu comunidad/Provincia afronta en el mundo de hoy?
  3. ¿Qué esperamos del próximo Capítulo, que nos guíe al futuro, sin dejar que nadie nos robe la alegría del Evangelio?

DOS TEXTOS A TENER EN CUENTA:

«La mundanidad spiritual, que se oculta tras la apariencia de piedad e incluso de amor a la Iglesia, consiste en buscar no la gloria del Señor, sino la gloria humana y el bienestar personal. Es lo que el Señor reprochaba a los fariseos: “¿Cómo podéis creer, los que recibís gloria unos de otros y no buscáis la gloria que viene del único Dios?” (Jn 5, 44). Es una forma sutil de buscar “sus propios intereses, y no los de Jesucristo” (Flp 2, 21). Asume muchas formas, dependiendo de los tipos de personas y de grupos en los que se filtra. Ya que se basa en apariencias cultivadas cuidadosamente, todo aparece como debería ser. Pero si se filtra en la Iglesia, “sería infinitamente más desastrosa que cualquier otra mundanidad simplemente moral”» (Evangelii Gaudium, 93).

«Como el profeta Jonás, siempre llevamos latente la tentación de huir a un lugar seguro que puede tener muchos nombres: individualismo, espiritualismo, encerramiento en pequeños mundos, dependencia, instalación, repetición de esquemas ya prefijados, dogmatismo, nostalgia, pesimismo y refugio en las normas. Tal vez nos resistimos a salir de un territorio que nos era conocido y manejable. Sin embargo, las dificultades pueden ser como la tormenta, la ballena, el gusano que secó el ricino de Jonás, o en viento y el sol que le quemaron la cabeza, y, lo mismo que para él, pueden tener la función de hacernos volver a ese Dios que es ternura y que quiere llevarnos a una itinerancia constante y renovadora. Dios siempre es novedad, que nos empuja a partir una y otra vez y a desplazarnos para ir más allá de lo conocido, hacia las periferias y las fronteras. Nos lleva allí donde está la Humanidad más herida y donde los seres humanos, por debajo de la apariencia de la superficialidad y el conformismo, siguen buscando la respuesta a la pregunta por el sentido de la vida. ¡Dios no tiene miedo! ¡No tiene miedo! Él va siempre más allá de nuestros esquemas y no le teme a las periferias. Él mismo se hizo periferia (cf. Flp 2, 6-8; Jn 1, 14). Por eso, si nos atrevemos a llegar a las periferias, allí lo encontraremos, él ya estará allí. Jesús nos primerea en el corazón de aquel hermano, en su carne herida, en su vida oprimida, en su alma oscurecida. Él ya está allí» (Papa Francisco, Gaudete et exsultate, 134-135).

Evangelii Gaudium concluye con una oración, parte de la cual podemos hacerla nuestra, mientras nos preparamos para otra etapa de nuestra historia en marcha, de una generación a otra, del amor de Dios por nosotros en el Carmelo:

Virgen de la escucha y la contemplación,
Madre de amor, Esposa de las bodas eternas,
ruega por la Iglesia, de la que eres imagen pura,
para que nunca se encierre en sí misma
o pierda su pasión por establecer el Reino de Dios.
Estrella de la nueva evangelización,
ayúdanos a dar un testimonio radiante de comunión,
servicio, fe ardiente y generosa,
justicia y amor por los pobres.
Que la alegría del Evangelio
Llegue hasta los confines de la tierra,
Iluminando incluso las periferias de nuestro mundo. 


[1] Prólogo, Breviario Patrístico, 1971 [ed. italiana]; Patristic Breviary, 1992 [edición inglesa].
[2] RIVC 1.
[3] Const. 255.
[4] Carta de convocatoria del Capítulo General de 2019.
[5] Mensaje final, Congregación General de 2011, Analecta, 62, 2, página 424.
[6] RIVC, 26.
[7] Papa Francisco, Encuentro con los 120 generales de las órdenes religiosas, 29 de noviembre de 2013.
[8] Papa Francisco (2014), Carta apostólica a todos los consagrados con ocasión del Año de la Vida Consagrada, §2.
[9] Casey, Michael, OCSO (1999). Truthful Living, pp. 35-36.
[10] Regla carmelita, 10.