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Duodécimo día del Capítulo General (21 de septiembre)

Duodécimo día del Capítulo General (21 de septiembre)
75/2019 – 25 – 09

El Papa Francisco, el día 21 de septiembre, concedió una audiencia a los miembros del Capítulo General en la Sala Clementina. Los capitulares, seguidamente, fueron a comer al CISA. La comunidad y los empleados del Colegio de San Alberto se multiplicaron en detalles hacia todos los capitulares.
Llamó la atención la cordialidad y cercanía del Papa Francisco. En su mensaje, teniendo en cuenta el tema del Capítulo, “Vosotros sois mis testigos” (Is 43,10); de una generación a la otra: llamados a ser fieles a nuestro carisma carmelita” (cf. Const 21), desarrolló tres ideas:
1.- Fidelidad y contemplación. El Papa Francisco recordó “la Iglesia se siente orgullosa de vosotros y, cuando piensa en el Carmelo, os identifica como una insigne escuela de contemplación”. “El Bto. Tito Brandsma, mártir y uno de los grandes místicos del siglo XX, así lo afirmaba: “Es característico de la Orden del Carmen, aunque sea una Orden mendicante de vida activa y que vive en medio del pueblo, conservar una gran estima por la soledad y el desapego del mundo, considerando la soledad y la contemplación como lo mejor de su vida espiritual…”.“El modo carmelita de vivir la contemplación os prepara para servir al pueblo de Dios a través de cualquier ministerio y apostolado. Lo cierto es que, hagáis lo que hagáis, seréis fieles a vuestro pasado y os abriréis al futuro con esperanza si “viviendo en obsequio de Jesucristo” atendéis, especialmente, el camino espiritual de las personas”.
2.- Acompañamiento y oración. El Santo Padre recordó que “el Carmelo es sinónimo de vida interior”… “Los místicos y escritores del Carmelo advirtieron que ‘estar en Dios’ y ‘estar en sus cosas’ no siempre coinciden. Andar afanados en mil cosas de Dios, sin estar enraizados en Él, podrían pasarnos factura: perderlo a Él por el camino”. Sta. Mª Magdalena de Pazzi advirtió que “la ‘tibieza’ puede instalarse en la vida consagrada cuando los consejos evangélicos son sólo una rutina y el amor a Jesús se desplaza del ‘centro’ de la vida”. Seguidamente, advirtió sobre el peligro de la mundanidad. Nos recordó también: “acompañen a la gente a ‘tratar de amistad’ con Dios. “De hablar de Dios u oír de Él -decía Sta. Teresa- casi nunca me cansaba” (V 8,12). Nuestro mundo tiene sed de Dios y confía que los carmelitas, maestros de oración, les ayuden a salir del ruido, la prisa y la ‘sequía espiritual’. “Como buenos artesanos de fraternidad, depositen su confianza en el Señor, venciendo la inercia de la instalación y evitando la tentación de reducir la comunidad religiosa a ‘equipos de trabajo’, que pudieran acabar diluyendo los elementos más básicos de la vida religiosa.
3.- Ternura y compasión. Finalmente, el papa Francisco subrayó que “el contemplativo tiene un corazón compasivo. Cuando el amor se debilita todo pierde su sabor. El amor verdadero, diligente y creativo, es bálsamo para los que están cansados y agobiados…”.Si algún día a nuestro alrededor dejan de haber enfermos y hambrientos, olvidados y despreciados -los minores de los que habla vuestra tradición mendicante- no es que no estén, sino, sencillamente, es que no los vemos. Los pequeños y los ‘descartados’ siempre los tendremos, ofreciéndonos una oportunidad para que la contemplación sea una ventana a la belleza, a la verdad y, también, a la bondad”. Citó al Bto. Angelo Paoli -del cual celebraremos prontamente el tercer centenario de su muerte- el cual buscaba a Jesús en los pobres. Apuntó el Santo Padre que confiaba tanto en la providencia divina, que “en su despensa nunca faltaba de nada para poder atenderlos”. “¡Ojalá que vuestra despensa rebose de “compasión” ante toda forma de sufrimiento humano!” -afirmó el Papa Francisco.
Más adelante afirmó: “la contemplación sería sólo un episodio accidental si quedara reducida a arrobamientos y éxtasis que nos alejasen de la alegrías y preocupaciones de la gente. Desconfíen del contemplativo que no es compasivo. La ternura, según el estilo de Jesús nos vacuna contra la “pseudomística”, la “solidaridad de fin de semana” y la tentación de mantenernos alejados de las llagas del Cuerpo de Cristo. Las llagas de Jesús son aún hoy visibles en el cuerpo de los hermanos que están desnudos, humillados y esclavizados. Tocando estas llagas, acariciándolas, es posible “adorar al Dios vivo en medio de nosotros”. “Hoy se necesita una auténtica ‘revolución de la ternura’ que nos haga más sensibles frente a las noches oscuras y los dramas de la humanidad.

 


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Como Carmelitas, Vivimos nuestra vida en obsequio de Jesucristo y servirle fielmente con corazón puro y buena conciencia a través de un comprometiéndose en la búsqueda del rostro del Dios vivo (dimensión contemplativa de la vida), en la oración, en la fraternidad y en el servicio (diakonía) en medio del pueblo. Estos tres elementos fundamentales del carisma no son valores aislados o inconexos, sino que  están estrechamente ligados entre sí. 

Todo esto lo vivimos bajo la protección, la inspiración y la guía de María, la Virgen del Carmen, a la que honramos como “nuestra Madre y hermana”.