Pasar al contenido principal

Alegría en la comunidad contemplativa - Alegrarse en las profundidades del silencio

por Alegría en la comunidad contemplativa

Silencio en el corazón, silencio en la oración, silencio en nuestro habitáculo, silencio en un mundo ruidoso…

Escuchar la Escritura

El templo se construyó con piedra tallada en la cantera, de modo que durante la construcción no se escucharon martillos, sierras ni instrumentos de hierro (1R 6,7).

Llegó la palabra del Señor a Elías diciendo: “Sal y permanece de pie en el monte ante el Señor. Entonces pasó el Señor y hubo

un huracán tan violento que hendía las montañas y quebraba las rocas ante el Señor, pero en el huracán no estaba el Señor. Después del huracán, un terremoto; pero en el terremoto no estaba el Señor. Después del terremoto, fuego, pero en el fuego no estaba el Señor. Después del fuego, el susurro de una brisa suave. Al oírlo Elías se cubrió el rostro con el manto, salió y se mantuvo en pie a la entrada de la cueva. Le llegó una voz que le dijo: “¿Qué haces aquí, Elías?” (1R 19,11-13).

Escuchar la Tradición Carmelitana

La Regla nos invita a permanecer solos en la celda, que “calienta al hijo de la gracia como fruto de su seno, lo nutre, lo abraza y lo conduce a la plenitud de la perfección haciéndolo digno de la intimidad de Dios”. Esta celda no es sólo estructura exterior, sino que se ha de construir en el interior: allí habita Dios y allí nos invita a entrar para buscarlo. (RIVC, 35).

La decisión de la redención fue concebida en el eterno silencio de la vida divina. La fuerza del Espíritu Santo invadió a la Virgen, que, en lo escondido, oraba en su silenciosa morada de Nazaret llevando en ella a nuestro Salvador Encarnado; la Iglesia primitiva, reunida en torno a la Virgen que oraba en silencio, esperaba el cumplimiento inminente de la promesa, la efusión del Espíritu Santo, que habría de conducirla a una conciencia más clara sobre ella misma y a una mayor fecundidad fuera de ella. 

… La Virgen, que guardaba en su corazón la palabra de Dios, es el modelo para todas las almas atentas y vigilantes, en las cuales resuena la oración sacerdotal de Jesús, y se hace perennemente vida en ellas (Edith Stein.The Hidden life, pp. 11-13).

Escuchar la Tradición de la Iglesia

En el desierto se vuelve a descubrir el valor de lo que es esencial para vivir; así, en el mundo contemporáneo, son muchos los signos de la sed de Dios, del sentido último de la vida, a menudo manifestados de forma implícita o negativa. Y en el desierto se necesitan sobre todo personas de fe que, con su propia vida, indiquen el camino hacia la Tierra prometida y de esta forma mantengan viva la esperanza». En todo caso, allí estamos llamados a ser personas-cántaros para dar de beber a los demás. A veces el cántaro se convierte en una pesada cruz, pero fue precisamente en la cruz donde, traspasado, el Señor se nos entregó como fuente de agua viva. ¡No nos dejemos robar la esperanza! (Evangelii Gaudium, 86).

Para la reflexión

¿Qué significa para mí el silencio? ¿Qué fruto aporta él a mi vida?

Salmodia (del Salmo 37)

Confía en el Señor y haz el bien,

    habita tu tierra y practica la lealtad.

Sea el Señor tu delicia,

    y él te dará lo que pide tu corazón.

Encomienda tu camino al Señor,

    confía en él, y él actuará.

En silencio, descansa en el Señor y espera en él…

Oración

Oh Dios, Padre nuestro, enséñanos a cultivar un silencio más profundo que penetre en nuestros corazones para que busquemos tu rostro en todo momento. Ilumínanos por medio de la contemplación de tu amado Hijo, para que nos transforme la visión de su gloria. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Doxología

Que Cristo habite por la fe en vuestros corazones, para que, arraigados y cimentados en el amor, podáis comprender con todos los santos la anchura y la longitud, la altura y la profundidad, y conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, y os llenéis de toda la plenitud de Dios. (Ef 3,17-19).

shieldOCarm

Como Carmelitas, Vivimos nuestra vida en obsequio de Jesucristo y servirle fielmente con corazón puro y buena conciencia a través de un comprometiéndose en la búsqueda del rostro del Dios vivo (dimensión contemplativa de la vida), en la oración, en la fraternidad y en el servicio (diakonía) en medio del pueblo. Estos tres elementos fundamentales del carisma no son valores aislados o inconexos, sino que  están estrechamente ligados entre sí. 

Todo esto lo vivimos bajo la protección, la inspiración y la guía de María, la Virgen del Carmen, a la que honramos como “nuestra Madre y hermana”.