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Alegría en la comunidad contemplativa - Me alegro de formar parte de una comunidad de creyentes

por Alegría en la comunidad contemplativa

    Caminar junto a otros en nombre del amor infalible hace que me alegre en la fe.

Escuchar la escritura

Más valen dos que uno solo, pues obtienen mayor ganancia de su esfuerzo. Si uno cae, lo levantará su compañero: pero ¡ay del solo que cae!, que no tiene quien lo levante. (Qo 4,9-10).

Acudían diariamente al templo con perseverancia y con un mismo espíritu, partían el pan en las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios y gozando de la simpatía de todo el pueblo. (Hch 2,46-47).

Escuchar la Tradición Carmelitana

Así que, hermanas, todo lo que pudiereis sin ofensa de Dios, procurad ser afables y entender de tal manera con todas las personas que os traten, que amen vuestra conversación y deseen vuestra manera de vivir y de tratar y no se atemoricen y amedrenten de la virtud (Sta. Teresa de Jesús, Camino de perfección, 41,7).

El amor por la vida común, la participación activa y creativa en los momentos de oración, en las reuniones, en el refectorio y en la recreación, contribuyen a crear una sensibilidad reciente hacia la comunidad. Poco a poco se identifica uno con la comunidad y e hace capaz de sentir como propias las decisiones tomadas conjuntamente, aunque en un principio no se compartan plenamente. Aunque son valores el reconocimiento y el desarrollo de los dones, de las capacidades y actitudes personales, hay que formar para asumir las tareas apostólicas, misioneras y profesionales para, con y en nombre de la comunidad. En el ámbito de la comunidad, aprendemos a compartir el servicio y la misión. La labor de cada uno expresa y hace concreta la misión de toda la comunidad: se trabaja y se activa en su nombre y como enviados suyos. (RIVC, 43).

Escuchar la Tradición de la Iglesia

Allí está la verdadera sanación, ya que el modo de relacionarnos con los demás que realmente nos sana en lugar de enfermarnos es una fraternidad mística, contemplativa, que sabe mirar la grandeza sagrada del prójimo, que sabe descubrir a Dios en cada ser humano, que sabe tolerar las molestias de la convivencia aferrándose al amor de Dios, que sabe abrir el corazón al amor divino para buscar la felicidad de los demás como la busca su Padre bueno. Precisamente en esta época, y también allí donde son un «pequeño rebaño» (Lc 12,32), los discípulos del Señor son llamados a vivir como comunidad que sea sal de la tierra y luz del mundo (cf. Mt 5,13-16). Son llamados a dar testimonio de una pertenencia evangelizadora de manera siempre nueva. ¡No nos dejemos robar la comunidad! (Evangelii Gaudium, 92).

Para la reflexión

¿Dónde encuentro alegría en la vida comunitaria? ¿Qué impacto produce esta alegría fuera de mi comunidad?

Salmodia (del Salmo 133)

Ved qué dulzura, qué delicia, convivir los hermanos unidos.

Es ungüento precioso en la cabeza,

que va bajando por la barba, que baja por la barba de Aarón,

hasta la franja de su ornamento.

Es rocío del Hermón, que va bajando sobre el monte Sión.

Porque allí manda el Señor la bendición: la vida para siempre.

Oración

Señor, ayúdanos a amarte y a amarnos los unos a los otros en la comunidad en la que nos has puesto. Ayúdanos a encontrar la verdadera alegría en el encuentro fraterno, a imitación de la Iglesia primitiva. Haz que nunca nos cansemos de vivir en comunidad. Amén.

Doxología

Que el Señor os haga progresar y sobreabundar en el amor de unos con otros, y en el amor para con todos, como es nuestro amor para con vosotros, para que se consoliden vuestros corazones con santidad irreprochable ante Dios, nuestro Padre, en la venida de nuestro Señor Jesucristo, con todos sus santos. (1Ts 3,12-13).

Como Carmelitas, Vivimos nuestra vida en obsequio de Jesucristo y servirle fielmente con corazón puro y buena conciencia a través de un comprometiéndose en la búsqueda del rostro del Dios vivo (dimensión contemplativa de la vida), en la oración, en la fraternidad y en el servicio (diakonía) en medio del pueblo. Estos tres elementos fundamentales del carisma no son valores aislados o inconexos, sino que  están estrechamente ligados entre sí. 

Todo esto lo vivimos bajo la protección, la inspiración y la guía de María, la Virgen del Carmen, a la que honramos como “nuestra Madre y hermana”.