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Alegría en la comunidad contemplativa - Me alegro incluso en mis batallas

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por Alegría en la comunidad contemplativa

He pasado muchas dificultades, y me he hecho más fuerte…

Escuchar la Escritura

Salió y, como de costumbre, fue al monte de los Olivos, los discípulos le siguieron. Llegado al lugar les dijo: “pedid que no caigáis en tentación”. Se apartó de ellos como un tiro de piedra, y puesto de rodillas oraba diciendo: “Padre, si quieres, aparta de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya”. Entonces se le apareció un ángel venido del cielo que le confortaba. I sumido en agonía, insistía más en su oración. Su sudor se hizo como gotas espesas de sangre que caían en tierra. Levantándose de la oración, vino donde los discípulos y los encontró dormidos por la tristeza; y les dijo: “¿Cómo es que estáis dormidos? Levantaos y orad para que no caigáis en tentación”. (Lc 22,39-46)

Escuchar la Tradición Carmelitana

Siguiendo los pasos de los primeros eremitas de nuestra Orden, nosotros también recorremos el camino del desierto, que desarrolla nuestra dimensión contemplativa. Eso quiere decir abandonarse a un proceso gradual de auto-vaciamiento y despojamiento de uno mismo para ser revestidos de Cristo y llenados de Dios. Este proceso “comienza cuando uno confía en Dios, sea cual sea el momento que él escoge para acercarse a nosotros”. De hecho, no entramos en el desierto por nosotros mismos, sino que es el Espíritu Santo quien nos llama y nos atrae a él, es Él quien nos sostiene en el combate espiritual, nos reviste con la armadura de Dios, nos llena de sus dones y de la divina presencia, hasta que somos transformados en Dios y reflejamos algún rayo de su infinita belleza. (RIVC, 32)

Escuchar la Tradición de la Iglesia

También aparecen constantemente nuevas dificultades, la experiencia del fracaso, las pequeñeces humanas que tanto duelen. Todos sabemos por experiencia que a veces una tarea no brinda las satisfacciones que desearíamos, los frutos son reducidos y los cambios son lentos, y uno tiene la tentación de cansarse. Sin embargo no es lo mismo cuando uno, por cansancio, baja momentáneamente los brazos que cuando los baja definitivamente dominado por un descontento crónico, por una acedia que le seca el alma. Puede suceder que el corazón se canse de luchar porque en definitiva se busca a sí mismo en un carrerismo sediento de reconocimientos, aplausos, premios, puestos; entonces, uno no baja los brazos, pero ya no tiene garra, le falta resurrección. Así, el Evangelio, que es el mensaje más hermoso que tiene este mundo, queda sepultado debajo de muchas excusas. (Evangelii Gaudium, 277).

Para reflexionar

En los momentos de más vacío, cuando todo me parece oscuro, ¿a quién me dirijo?

Salmodia (Del Salmo 86)

Inclina tu oído, Señor, escúchame, que soy un pobre desamparado.

Protege mi vida, que soy un fiel tuyo; salva a tu siervo que confía en ti.

Tu eres mi Dios, piedad de mi, Señor, que a ti te estoy llamando todo el día.

Alegra el alma de tu siervo, pues levanto mi alma hacia ti.

Porque tú, Señor, eres bueno y clemente, rico en misericordia con los que te invocan.

Señor, escucha mi oración, atiende a la voz de mi súplica.

En el día del peligro te llamo, y tú me escuchas.

Te doy gracias de todo corazón, Señor, Dios mío, y daré gloria a tu nombre por siempre, pues grande es tu amor conmigo, me has librado de lo profundo del infierno.

Oración

¿Quién se podrá liberar de los modos y términos bajos si no le levantas tú a ti en pureza de amor, Dios mío? ¿Cómo se levantará a ti el hombre engendrado y criado en bajeza, si no lo levantas tú, Señor, con la mano que le hiciste? No me quitarás, Dios mío, lo que una vez me diste en tu único Hijo Jesucristo, en que me diste todo lo que quiero; por eso me holgaré que no te tardarás si yo espero. (Juan de la Cruz, “Oración del alma enamorada”, Dichos de luz y de amor, 26).

Doxología

Al que es capaz de guardaros inmunes de caída y de presentaros sin tacha ante su gloria con alegría, al Dios único, nuestro Salvador, por medio de Jesucristo, nuestro Señor, gloria, majestad, fuerza y poder antes de todo tiempo, ahora y por todos los siglos. Amén. (Judas, 24-25).

Como Carmelitas, Vivimos nuestra vida en obsequio de Jesucristo y servirle fielmente con corazón puro y buena conciencia a través de un comprometiéndose en la búsqueda del rostro del Dios vivo (dimensión contemplativa de la vida), en la oración, en la fraternidad y en el servicio (diakonía) en medio del pueblo. Estos tres elementos fundamentales del carisma no son valores aislados o inconexos, sino que  están estrechamente ligados entre sí. 

Todo esto lo vivimos bajo la protección, la inspiración y la guía de María, la Virgen del Carmen, a la que honramos como “nuestra Madre y hermana”.



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