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Comisariado Generale de Panará

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La historia de los carmelitas en Paraná comienza con la historia de Ulrico Goevert, fraile de la Provincia de Alemania Superior. Él vino para Brasil en 1936, iniciando su trabajo junto con los carmelitas del nordeste. Después de 15 años, partió para una misión propia, fruto de un proyecto de su provincia, que fue concretizado en Paranavaí.

En 1951 solicitó una parroquia al obispo de Jacarezinho, Dom Geraldo Proença Sigaud, SVD, como un intento de desarrollar un trabajo misionero. Luego fue enviado a la parroquia São Sebastião, en Paranavaí. Él la describe como “una casa de madera sin tejado y con una pequeña torre”. La ciudad no contaba con más de 60 casas.

La toma de posesión del P. Ulrico como nuevo párroco tuvo lugar el día 29 de agosto. El trabajo fue grande  y la evolución ya se podía ver apenas diez días después, cuando la iglesia estuvo cubierta. De este modo, P. Ulrico pudo instalar un sagrario, asumiendo un gran compromiso al decir: “Salvador, mientras  los carmelitas estén aquí, esta luz nunca se apagará.“

Aquí comienza la historia no sólo del P. Ulrico, sino de los carmelitas en Paranavaí y de toda la región, ya que la parroquia contaba en esa época con un territorio de 12.000km2. Dado el gran trabajo pastoral que había, desde el nordeste fue enviado, en 1952, el P. Estanislau José, para ayudar en la misión y en las ocupaciones del convento.

Con el aumento de participación eclesial (1952) fue necesario la construcción de una nueva iglesia matriz. Era una bella iglesia con 45 m por 18 de largo, contando con tres naves y una torre, toda de madera, cuyos altares, sagrario y un gran crucifijo fueron esculpidos por el P. Henrique. El crucifijo se utiliza todavía hoy en el Santuario del Carmelo.

Entre las muchas dificultades estaba la de la catequesis de niños que no estaban alfabetizados. Para suplir este problema, el P. Ulrico fundó la Escuela Parroquial Nuestra Señora del Carmen.

 La Provincia de Alemania Superior envió posteriormente muchos otros frailes para la misión en Paranavaí: P. Henrique Wunderlich (1952), P. Boaventura Einberger (1953), P. Burkard Lippert y P.  Alberto Först (1954), P. Bruno Doepgen (1956), P.  Matias Warneke (1958), Rafael Mainka (1961), P.  Joaquim Knoblauch (1962), P.  Jerônimo Brodka (1963), P.  Justino Stampfer (1965), P.  Afonso Pflaum (1966), P.  Agostinho Wolf (1968), P.  Paulo Pollmann (1971). Podemos ver algunos de estos carmelitas en la foto de 1970 de la página anterior.

En 1953, el P. Boaventura fue enviado a Graciosa, a 18 km de Paranavaí. Para atender pastoralmente a esta comunidad, que luego sería la Parroquia de Nuestra Señora de las Gracias, inicia también la construcción del Seminario Inmaculada Concepción, en un terreno donado por las familias de Graciosa. Esta iniciativa unía la necesidad de una escuela a la preocupación vocacional de los carmelitas.

El Carmelo paranaviense fue enriquecido con una rama femenina en el año 1955, cuando de Italia llegaron cuatro Hermanas Carmelitas Misioneras de Santa Teresa, que ahora ayudarían a los frailes en las tareas del convento y en el trabajo pastoral y docente.

La piedra fundamental de la nueva Iglesia Matriz de Paranavaí fue colocada en 1960. De nuevo los misioneros iniciaron una gran obra, que después sería una construcción de “60 metros de largo, 24 de ancho, 9 de altura en el interior”, una bella iglesia que en 1965 ya podía ser bendecida y posteriormente pasaría a ser la carta postal de la ciudad. La iglesia fue adornada con pinturas y esculturas del artista Bálint Fehérkuty.

Ahora surgía la necesidad de la construcción de un nuevo convento, que sería construido junto a la iglesia. Fue proyectado, como la iglesia matriz, por los arquitectos Kölg y Szylagi, de forma amplia y práctica.

Preocupados por la formación de los nuevos frailes, los carmelitas habían fundado ya el Seminario Inmaculada Concepción en Graciosa (1953) y el de  San Juan de la Cruz en Paranavaí (1969). Sin embargo, no había un convento para albergar el noviciado o los jóvenes frailes estudiantes de filosofía y teología. Por lo que los Carmelitas fueron a Curitiba en 1968 y comenzaron a trabajar junto a la Parroquia de Nuestra Señora de la Concepción, construyendo un convento para  el noviciado y casa de estudiantes.

En la década de 1980 los frailes carmelitas que estaban en Curitiba se dedicaron a los más pobres, desarrollando varios trabajos como la formación bíblica y litúrgica y la animación eclesial en la periferia.

El Carmelo nacido en Paranavaí extendería sus trabajos en 1984 hacia otra región pastoral, asumiendo la Parroquia del Buen Señor Jesús, en Dourados, Mato Grosso do Sul. El P. Alberto Först trabajó en Dourados y en 1988 fue nombrado obispo para esta diócesis.

La contemplación que destaca a la Orden del Carmen se hace claramente presente por medio de las monjas. El Carmelo de Paraná en el año 1991 comenzó a contar también con la presencia de estas mujeres dedicadas únicamente a la oración, con un grupo de ocho hermanas procedentes del monasterio Flos Carmeli de Jaboticabal. Con la ayuda de los frailes y de los fieles, fundaron el monasterio Mater Carmeli en Paranavaí.

En 1994 los carmelitas extenderán su trabajo pastoral a dos nuevas comunidades. La primera en Bairro Novo en Curitiba, que en el año 2000 se convertiría en la Parroquia del Profeta Elías. La  segunda misión en la región amazónica en la ciudad de Rolim de Moura, en el joven estado de Rondônia, donde comenzaron a atender a casi un centenar de comunidades rurales. En el mismo año se inició un trabajo social para la recuperación de los drogodependientes, que se convertiría en la Asociacion de Casas del Siervo Sufriente.

El día 20 de octubre de 2012 la Orden del Carmen, por medio de su Prior General, P. Fernando Millán Romeral, concedió la responsabilidad de este Carmelo a los frailes brasileños, estableciendo aquí un Comisariado General. Pero si ahora somos 33 frailes, distribuídos en los conventos de Paranavaí, Graciosa, Curitiba, Rolim de Moura y las parroquias de Navegantes y Florianópolis, que desarrollan diferentes trabajos en los ámbitos eclesiales, sociales y de la educación, le debemos la gran fuerza misionera a aquellos primeros frailes alemanes que trajeron el Carmelo a Paraná.

Como Carmelitas, Vivimos nuestra vida en obsequio de Jesucristo y servirle fielmente con corazón puro y buena conciencia a través de un comprometiéndose en la búsqueda del rostro del Dios vivo (dimensión contemplativa de la vida), en la oración, en la fraternidad y en el servicio (diakonía) en medio del pueblo. Estos tres elementos fundamentales del carisma no son valores aislados o inconexos, sino que  están estrechamente ligados entre sí. 

Todo esto lo vivimos bajo la protección, la inspiración y la guía de María, la Virgen del Carmen, a la que honramos como “nuestra Madre y hermana”.



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