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La Domus Carmelitana

La primera piedra del Colegio Internacional San Alberto (y de la Domus Carmelitana) de Roma fue puesta el 20 de julio de 1899 por el Cardenal Protector de la Orden, Vicenzo Vannutelli. La construcción de los dos primeros pisos se terminó en el 1901. Durante los primeros diez años se sintió la necesidad de ampliar el Colegio. En el 1922 comenzaron las obras del tercer piso, que fue acomodado en los años posteriores.
El fin primario del Colegio Internacional de San Alberto era crear un Instituto de estudios superiores para la formación de los estudiantes carmelitas. Pero, en el 1998, a falta de estudiantes y con vistas al Año Jubilar de 2000, la construcción del Centro Internacional de San Alberto fue reestructurada completamente y dividida en dos entes independiente: el "Centro Internacional de San Alberto" para los estudiantes carmelitas y la "Domus Carmelitana" para acoger los peregrinos.
La Domus Carmelitana, situada en el corazón del barrio más central de Roma, a 500 metros de la Basílica de San Pedro, en las cercanías de los lugares más sugestivos de la Capital, conectada por todos los medios de transportes a trenes y aeropuertos, esta casa dispone de 53 habitaciones para un total de 106 camas. Las habitaciones están dotadas de baño, calefacción, televisión via satélite, teléfono y frigo-bar. La Casa dispone además de un atrayente espacio para recibidor, una sala comedor donde se sirven todos los menús internacionales, un bar, una terraza con vista panorámica, un patio-jardín interno, una sala para encuentros con cabinas para traducciones simultáneas, una sala dedicada al diálogo interreligioso y la posibilidad de celebraciones litúrgicas en la Capilla anexa al Centro Internacional San Alberto.
 

Para más información
Domus Carmelitana
S. Alberto Patriarca di Gerusalemme
Via Alberico II°, 44, 00193 Roma, Italia.
Tel: (+39) 066840191 Fax: (+39) 06684019200
Email: info @ domuscarmelitana.com
Como Carmelitas, Vivimos nuestra vida en obsequio de Jesucristo y servirle fielmente con corazón puro y buena conciencia a través de un comprometiéndose en la búsqueda del rostro del Dios vivo (dimensión contemplativa de la vida), en la oración, en la fraternidad y en el servicio (diakonía) en medio del pueblo. Estos tres elementos fundamentales del carisma no son valores aislados o inconexos, sino que  están estrechamente ligados entre sí. 

Todo esto lo vivimos bajo la protección, la inspiración y la guía de María, la Virgen del Carmen, a la que honramos como “nuestra Madre y hermana”.