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la espiritualidad carmelitana a la luz de la regla, de nuestros santos y del documento de aparecida

Camilo Maccise

INTRODUCCIÓN

El espíritu de la Orden es fruto de su espiritualidad que surge del carisma. Cada Instituto religioso tiene su propia espiritualidad. Lo recuerda VC en el n. 93: “El carisma “genera una espiritualidad peculiar, esto es, un proyecto preciso de relación con Dios y con el ambiente circundante,

caracterizado por peculiares dinamismos espirituales y por opciones operativas que resaltan y representan uno u otro aspecto del único misterio de Cristo. Cuando la Iglesia reconoce una forma de vida consagrada o un Instituto, garantiza que en su carisma espiritual y apostólico se dan todos los requisitos objetivos para alcanzar la perfección evangélica personal y comunitaria.

La vida espiritual, por tanto, debe ocupar el primer lugar en el programa de las Familias de vida consagrada, de tal modo que cada Instituto y cada comunidad aparezcan como escuelas de auténtica espiritualidad evangélica. De esta opción prioritaria, desarrollada en el compromiso personal y comunitario, depende la fecundidad apostólica, la generosidad en el amor a los pobres y el mismo atractivo vocacional ante las nuevas generaciones. Lo que puede conmover a las personas de nuestro tiempo, también sedientas de valores absolutos, es precisamente la cualidad espiritual de la vida consagrada, que se transforma así en un fascinante testimonio.

I.       QUÉ ES ESPIRITUALIDAD

- Es un estilo o forma de vivir la vida cristiana, que es vida “en Cristo” y “según el Espíritu”, que se acoge por la fe, se expresa en el amor y se vive en la esperanza.

- Hablar de espiritualidad no es, por tanto, hablar de una parte de la vida, sino de toda la vida, incluso la acción bajo el impulso del Espíritu Santo.

- La referencia primordial de la espiritualidad cristiana es Jesús, la conversión a Él y su seguimiento.

- Una es la vida cristiana y muchas las espiritualidades.

II.    LA ESPIRITUALIDAD CARMELITANA

- La espiritualidad carmelitano-teresiana hunde sus raíces en la experiencia de los primeros ermitaños que habitaron el Monte Carmelo. Esta experiencia se expresó, más adelante, en los escritos de la tradición de la Orden, en primer lugar en la Regla de san Alberto. Esos elementos fueron releídos por santa Teresa de Jesús y san Juan

de la Cruz. En la vivencia y reflexión posconciliar sobre su espiritualidad, el Carmelo destacó especialmente:

- la experiencia del Dios vivo y el seguimiento de Jesús

- la escucha orante de su Palabra,

- el empeño profético y

- la devoción a María vista como Madre, Hermana y Modelo.

III.  LA REGLA DE SAN ALBERTO DE JERUSALÉN

- La Regla está empapada de la Escritura. Una de las características de ella es precisamente el uso que hace de la Biblia desde el principio hasta el fin. La Regla está llena de reminiscencias bíblicas, de alusiones y citas de la Escritura. Por otro lado, recomienda el uso de la palabra de Dios y menciona el ejemplo de algunos personajes bíblicos. Estadísticamente hablando, existen en ese breve texto varias decenas de citas-evocaciones bíblicas porque la Escritura se había asimilado de tal manera que formaba parte de la vida de los ermitaños del Monte Carmelo.

- Por otra parte, la Regla subraya valores fundamentales de la vida cristiana. Entre ellos sobresalen: el seguimiento de Cristo, la escucha orante de la Palabra, la eucaristía y la oración litúrgica, el amor que conduce a la fraternidad, el trabajo, la abnegación evangélica, el silencio como medio de encuentro con Dios y con los demás. A través de la doctrina que se da sobre ellos se ofrecen orientaciones básicas que se pueden ir explicitando a la luz de los signos de los tiempos y de los lugares. En ellas el Carmelo encuentra un núcleo esencial que permite enfrentar los nuevos desafíos que se van presentando. Como carmelitas estamos llamados, en fidelidad al espíritu de la Regla, a servir a nuestros hermanos y, al mismo tiempo, a transmitirles la riqueza experiencial y doctrinal de la misma. Para hacer eso necesitamos ofrecer el testimonio de personas que viven esos valores encarnándolos en nuestra realidad.

IV.  LA EXPERIENCIA DE LOS ERMITAÑOS DEL MONTE CARMELO

- En la raíz misma de la Orden del Carmen está la experiencia de un personaje bíblico: Elías. Su figura fue inspiradora para un grupo de cruzados que se retiró a la montaña del Carmelo para renovar, desde la fe cristiana, la vida de un profeta comprometido con la Palabra de Dios y sus exigencias. Por otro lado, la vida de María como hermana y modelo, fue iluminadora y caracterizante de la espiritualidad carmelitana desde sus orígenes. Es verdad que en ningún lugar de la Regla se habla del profeta Elías y del ejemplo de la Virgen. Sin embargo, estas dos figuras bíblicas son las que, a través de toda la historia de la Orden, recibirán un relieve especial, al punto de determinar toda la espiritualidad carmelitana.

- Los rasgos de Elías y la espiritualidad del Carmelo: hombre de Dios, cercano al pueblo, hombre de oración. Estos tres rasgos de la personalidad de Elías influyeron decisivamente en la espiritualidad carmelitana que se orientó a la búsqueda de Dios, en la sencillez de la vida y en la escucha orante de la Palabra.

- María del evangelio como hermana y modelo. Junto con la figura de Elías, la figura bíblica de María, fue inspiradora para la Orden desde sus principios. Los ermitaños del Monte Carmelo supieron contemplar en ella a la Madre y Hermana cuya vida era el modelo de su existencia consagrada. Sobre todo descubrieron en ella a la Virgen sencilla de Nazaret, abierta a Dios y cercana al pueblo. Abierta a Dios escuchando su Palabra en la Escritura y en la vida (Lc 11,27); creyendo en esa Palabra, con una fe profunda que enfrentó dificultades concretas y se desarrolló en la oscuridad y en la prueba (Lc 1,45; Mt 1,13-23); viviendo las exigencias de la Palabra en todas las circunstancias, sin entender muchas cosas; guardando todo en su corazón (Lc 2,19. 50-51), caminando como peregrina de la fe y de la esperanza. Su cercanía al pueblo se les mostró en el hecho de que María se preocupó de las necesidades de la gente: va visitar a su prima Isabel para ayudarla cuando está cercano el momento de su parto (Lc 1,39-45.56); en la bodas de Caná se interesó de las necesidades materiales de la familia que ofrecía el banquete (Jn 2,1-12); acompañó a los apóstoles en la oración, a pesar de que ellos habían abandonado al Señor (Act 1,14). La Virgen era contemplada por los ermitaños como una mujer sencilla, una "pobre de Yahvé", abierta al servicio de los hermanos, porque estaba abierta a Dios y a sus planes (Lc 1,45-55).

V. SANTA TERESA Y SAN JUAN DE LA CRUZ

- Santa Teresa y San Juan de la Cruz centran la experiencia de Dios en Cristo, Palabra del Padre.

- Para santa Teresa, el lugar central del proyecto del Padre lo ocupa Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios, que asumió de verdad la aventura humana. A través de la lectura y de la meditación del evangelio, descubre la humanidad de Cristo y su papel central en la historia de la salvación. A este propósito escribirá con tonos polémicos contra los autores espirituales que consideraban la humanidad de Cristo como un obstáculo para llegar a los grados superiores de contemplación (Cf. Vida, c. 22). Ella coloca a Cristo en la historia y su oración se centra en su vida terrena Lo contempla como maestro y modelo, como libro vivo (Cf. Vida, 26,6), y subraya que seguir a Jesús es compartir su destino. Nos enseña que, cuando se vive "en Cristo", se tiene la fortaleza para servirlo en los hermanos, aceptando los trabajos y las fatigas que eso comporta.

- Por su parte, san Juan de la Cruz nos da, como primera y grande orientación el contemplar a Cristo para escuchar en El la definitiva revelación del Padre. Hay que mirar a Jesús en su vida terrena para tratar de actuar en todas las cosas como Él lo hizo (Cf. Subida I, 13,3). En Cristo, Dios "todo nos habló junto y de una vez" (Subida II, 22,3). Hay que mirarle hecho hombre. En su humanidad encontraremos más de los pensamos o imaginamos (Cf. Subida II, 22,6). Poner los ojos en Cristo implica varias cosas para San Juan de la Cruz. La primera es un conocimiento de su persona, que incluye el seguimiento con todas sus consecuencias, el testimonio y la interpelación de una realidad que se aparta de quien es camino, verdad y vida (Jn 14,6). El Santo de Fontiveros se queja de que Cristo "es muy poco conocido de los que se tienen por sus amigos" (Subida II 7,12). Las "negaciones" y las "noches oscuras" sanjuanistas no se dan al margen de la vida y de la historia. Se viven en el empeño por poner en práctica lo que el Padre nos ha revelado en su Hijo, asumiendo la cruz de la abnegación evangélica. Nunca hay que buscar a Cristo sin la cruz, afirma el Santo (Carta al P. Juan de santa Ana, fecha incierta).

VI. EL DOCUMENTO DE LA V ASAMBLEA GENERAL DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO Y DEL CARIBE (APARECIDA, BRASIL, 2007)

- Acaba de concluir la celebración de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, que tuvo lugar del 13 al 31 de mayo de 2007, en la ciudad de Aparecida, en Brasil. Esta quinta Conferencia, como lo indica su número, estuvo precedida por otras cuatro: Río de Janeiro (1955), Medellín (1968), Puebla (1979), Santo Domingo (1992).

- El 29 de junio, el Papa Benedicto XVI aprobó el Documento final de esa Asamblea, que ha sido publicado el mes pasado.

- Estructura del texto.- Comienza con una introducción en la que se pone de relieve que el texto ha sido fruto de un diálogo para renovar la acción de la Iglesia en continuidad creativa con las anteriores Conferencias del Episcopado reconociendo las luces y sombras que hay en la vida cristiana y en la tarea eclesial. La asamblea se ha propuesto renovar las comunidades eclesiales y estructuras pastorales para encontrar los cauces de la transmisión de la fe en Cristo como fuente de una vida plena y digna para todos, para que la fe, la esperanza y el amor renueven la existencia de las personas y transformen las culturas de los pueblos.

- El texto tiene tres grandes partes que sigue el método de reflexión teológico-pastoral “ver, juzgar y actuar”. De este modo, se mira la realidad con ojos iluminados por la fe y un corazón lleno de amor, y se proclama con alegría el evangelio de Jesucristo para iluminar la meta y el camino de la vida humana. Se buscan, mediante un discernimiento comunitario abierto al soplo del Espíritu Santo, líneas comunes de una acción realmente misionera, que ponga a todo el pueblo de Dios en un estado permanente de misión. Ese esquema tripartito está hilvanado por un hilo conductor en torno a la vida, en especial la vida en Cristo, y está recorrido

transversalmente por las palabras de Jesús, el Buen Pastor: «Yo he venido para que las ovejas tengan vida y la tengan en abundancia» (Jn 10,10).

La primera parte del documento

- La primera parte se titula La vida de nuestros pueblos. Allí se considera, en el capítulo primero, al sujeto que mira la realidad y que bendice a Dios por todos los dones recibidos, en especial, por la gracia de la fe que lo hace seguidor de Jesús y por el gozo de participar en la misión eclesial. Inmediatamente sigue el capítulo segundo, el más largo de esta parte, titulado

- En el capítulo segundo tiene como título Mirada de los discípulos misioneros hacia la realidad. En él, desde una perspectiva teologal y pastoral se considera, con cierto detenimiento, los grandes cambios que están sucediendo en nuestro continente y en el mundo, y que interpelan a la evangelización. Se analizan varios procesos históricos complejos y en curso en los niveles sociocultural, económico, sociopolítico, étnico y ecológico, y se disciernen grandes desafíos como la globalización, la injusticia estructural, la crisis en la transmisión de la fe y otros. Se plantean muchas realidades que afectan la vida cotidiana de nuestros pueblos: la realidad de la globalización y del cambio de época cuyo nivel más profundo es el cultural que desvanece la concepción integral del ser humano, su relación con el mundo y con Dios. La ciencia y la técnica se ponen cada vez más al servicio del mercado con los valores de eficacia y rentabilidad. Se verifica, a nivel masivo, una especie de nueva colonización cultural. Entre los aspectos positivos de estos cambios aparece el valor fundamental de la persona, de su subjetividad y experiencia.

- Desde el punto de vista económico la globalización sigue una dinámica de concentración de poder y de riquezas en manos de pocos, no sólo en los recursos físicos y monetarios, sino sobre todo de la información. Frente a ella hay que promover una globalización diferente que esté marcada por la solidaridad, por la justicia y por el respeto de los derechos humanos. Es alarmante también el nivel de la corrupción en las economías que involucra tanto al sector público como al sector privado. La población económicamente activa de la región está afectad por el subempleo (42%) y el desempleo (9%). Los campesinos, en su mayoría, sufren a causa de la pobreza, agravada por no tener acceso a tierra propia. Esto las impulsa a migrar por millones dentro y fuera de sus respectivos países.

- En la dimensión socio-política se constata como hecho positivo el fortalecimiento de los regímenes democráticos de muchos países, aunque en algunos casos se da una regresión autoritaria. Se está fortaleciendo la democracia participativa con una presencia más protagónica de nuevos actores sociales como son los indígenas, los afroamericanos, las mujeres. Se hacen esfuerzos por definir y aplicar políticas públicas en los campos de la salud, educación, seguridad alimentaria, previsión social, creación de empleos. Como factor negativo se anota el recrudecimiento de la corrupción en la sociedad y en el Estado, el crecimiento de la violencia, la aprobación de leyes injustas por encima de los derechos humanos. En algunos Estados ha aumentado la represión del derecho a la libertad de de expresión y de

enseñanza. En el campo de la ecología, las decisiones sobre las riquezas de la biodiversidad y de la naturaleza han sido tomadas por el afán del lucro sin tener en cuenta a las poblaciones tradicionales. Los indígenas y afroamericanos menospreciados y marginados comienzan a emerger en la sociedad y en la Iglesia.

- La situación de la Iglesia católica en esta hora histórica de desafíos es difícil y compleja. A pesar de sus deficiencias y ambigüedades ha continuado a testimoniar y anunciar a Cristo y a su evangelio. Se destacan la animación bíblica en la pastoral, la renovación litúrgica que acentuó la dimensión celebrativa y festiva de la fe cristiana. Resalta la abnegada entrega de tanto misioneros y misioneras y el hecho de que crezcan los esfuerzos de renovación pastoral y de pastoral social. Entre las sombras de la realidad de la Iglesia católica en América Latina se subrayan la disminución de sus miembros que pasan a otras confesiones o sectas; un cierto clericalismo y algunos intentos de volver a una eclesiología y espiritualidad anteriores al Vaticano II; la discriminación de la mujer y su ausencia en los organismos pastorales; la ausencia de autocrítica, de una auténtica obediencia y de ejercicio evangélico de la autoridad; los moralismos que debilitan la centralidad de Jesucristo. Hay también poco acompañamiento a los fieles laicos. En la evangelización, en la catequesis y, en general, en la pastoral persisten también lenguajes poco significativos para la cultura actual y en especial para los jóvenes. El número de sacerdotes sigue siendo insuficiente y no está equitativamente distribuido.

La segunda parte del documento

- La segunda parte, a partir de la mirada al hoy de América Latina y El Caribe, ingresa en el núcleo del tema: La Vida de Jesucristo en los discípulos misioneros. Indica la belleza de la fe en Jesucristo como fuente de Vida para los hombres y mujeres que se unen a Él y recorren el camino del discipulado misionero. Aquí, tomando como eje la Vida que Cristo nos ha traído, se tratan, en sucesivos capítulos, grandes dimensiones interrelacionadas que conciernen a los cristianos en cuanto discípulos misioneros de Cristo. En el capítulo tercero se habla de la alegría de ser llamados a anunciar el Evangelio, con todas sus repercusiones como «buena noticia» en la persona y en la sociedad: la buena noticia de la dignidad humana, de la vida, de la familia, de la actividad humana, del destino universal de los bienes; el capítulo cuarto se ocupa de la vocación a la santidad que hemos recibido los que seguimos a Jesús, al ser configurados con Él y estar animados por el Espíritu Santo.

- El capítulo quinto trata de la comunión de todo el pueblo de Dios y de todos en el pueblo de Dios, contemplando desde la perspectiva discipular y misionera los distintos miembros de la Iglesia con sus vocaciones específicas, y el diálogo ecuménico, el vínculo con el judaísmo y el diálogo interreligioso. Se mencionan como lugares para la comunión la diócesis, la parroquia como comunidad de comunidades, las comunidades eclesiales de base y las pequeñas comunidades, las conferencias episcopales; como vocaciones específicas: los obispos, los presbíteros, los diáconos permanentes, los laicos, las personas consagradas. El capítulo sexto plantea un itinerario para los discípulos misioneros que considera la riqueza

espiritual de la piedad popular católica, una espiritualidad trinitaria, cristocéntrica y mariana de estilo comunitario y misionero, y variados procesos formativos, con sus criterios y sus lugares según los diversos fieles cristianos, prestando especial atención a la iniciación cristiana, la catequesis permanente y la formación pastoral.

La tercera parte del documento

La tercera parte ingresa plenamente en la misión actual de la Iglesia latinoamericana y caribeña. Conforme al tema se la formula con el título «La vida de Jesucristo para nuestros pueblos». Sin perder el discernimiento de la realidad ni los fundamentos teológicos, aquí se consideran las principales acciones pastorales con un dinamismo misionero. En el capítulo séptimo se presenta La misión de los discípulos misioneros al servicio de la vida plena, considerando la Vida nueva que Cristo nos comunica en el discipulado y nos llama a comunicar en la misión, porque el discipulado y la misión son como las dos caras de una misma medalla. Aquí se desarrolla una gran opción de la Conferencia: «convertir a la Iglesia en una comunidad más misionera». Con este fin se fomenta la conversión pastoral y la renovación misionera de las iglesias particulares, las comunidades eclesiales y los organismos pastorales. Aquí se impulsa una misión continental que tendría por agentes a las diócesis y a los episcopados.

En el capítulo octavo: El Reino de Dios y la promoción de la dignidad humana, se confirma la opción preferencial por los pobres y excluidos que se remonta a Medellín, a partir del hecho de que en Cristo Dios se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza, se reconocen nuevos rostros de los pobres (vg., los desempleados, migrantes, abandonados, enfermos, y otros) y se promueve la justicia y la globalización de la solidaridad. Bajo el título Familia, personas y vida, el capítulo noveno promueve una cultura del amor en el matrimonio y en la familia, y una cultura del respeto a la vida en la sociedad; al mismo tiempo se desea acompañar pastoralmente a las personas en sus diversas condiciones de niños, jóvenes y adultos mayores, de mujeres y varones, y se fomenta el cuidado del medio ambiente como casa común. Todo se hace a partir del anuncio de la Buena Noticia de la dignidad infinita de todo ser humano creado a imagen de Dios y recreado como hijo de Dios.

En el capítulo décimo titulado Nuestros pueblos y la cultura, continuando y actualizando las opciones de Puebla y de Santo Domingo por la evangelización de la cultura y la evangelización inculturada, se tratan los desafíos pastorales de la educación y la comunicación, los nuevos areópagos y los centros de decisión, la pastoral de las grandes ciudades, la presencia de cristianos en la vida pública, especialmente el compromiso político de los laicos por una ciudadanía plena en la sociedad democrática, la solidaridad con los pueblos indígenas y afrodescendientes, y una acción evangelizadora que señale caminos de reconciliación, fraternidad e integración entre nuestros pueblos, para formar una comunidad regional de naciones en América Latina y El Caribe.

El documento concluye pidiendo al Señor con María que guíe y acompañe el caminar de la Iglesia latinoamericana y del Caribe y la acompañe y fortalezca a todos sus miembro en su fe para que sean discípulos y misioneros.

El Mensaje de la V Conferencia General a los pueblos de América Latina y el Caribe

- Dos días antes de la conclusión de la V Conferencia General del Episcopado latinoamericano y del Caribe, la asamblea aprobó un mensaje a los pueblos de esta región del mundo. En él, después de presentar a Jesús como camino, verdad y vida y de recordar la exigencia se seguirlo como discípulos, habla del discipulado misionero al servicio de la vida para ayudar a formar un continente de la vida, del amor y de la paz.

- El mensaje concluye con estas palabras: “En Medellín y en Puebla terminamos diciendo “CREEMOS”. En Aparecida, como lo hicimos en Santo Domingo, proclamamos con todas nuestras fuerzas: “CREEMOS Y ESPERAMOS”. Esperamos... Ser una Iglesia viva, fiel y creíble que se alimenta en la Palabra de Dios y en la Eucaristía. Vivir nuestro ser cristiano con alegría y convicción como discípulos-misioneros de Jesucristo. Formar comunidades vivas que alimenten la fe e impulsen la acción misionera. Valorar las diversas organizaciones eclesiales en espíritu de comunión. Promover un laicado maduro, corresponsable con la misión de anunciar y hacer visible el Reino de Dios. Impulsar la participación activa de la mujer en la sociedad y en la Iglesia. Mantener con renovado esfuerzo nuestra opción preferencial y evangélica por los pobres.

- Acompañar a los jóvenes en su formación y búsqueda de identidad, vocación y misión, renovando nuestra opción por ellos. Trabajar con todas las personas de buena voluntad en la construcción del Reino. Fortalecer con audacia la pastoral de la familia y de la vida. Valorar y respetar nuestros pueblos indígenas y afrodescendientes. Avanzar en el diálogo ecuménico “para que todos sean uno”, como también en el diálogo interreligioso. Hacer de este continente un modelo de reconciliación, de justicia y de paz. Cuidar la creación, casa de todos, en fidelidad al proyecto de Dios. Colaborar en la integración de los pueblos de América Latina y el Caribe. ¡Que este Continente de la esperanza también sea el Continente del amor, de la vida y de la paz!”.

Conclusión

- Tenemos que vivir nuestra espiritualidad encarnados en nuestra realidad. De manera especial Aparecida nos ofrece líneas para realizar esto en los capítulos 4 a 6 (números 129-275).

- Se señala la vocación de todos a la santidad y la importancia del seguimiento de Jesús animados por el Espíritu para testimoniar el evangelio de la vida. La espiritualidad de los discípulos y misioneros de Cristo debe ser trinitaria. Se subrayan la riqueza de la vida sacramental, la necesidad de la oración, la lectura y meditación de la Escritura, la comunión en la Iglesia. María es presentada como discípula y misionera.

- Es importante releer nuestra espiritualidad a la luz de la Regla, de nuestros santos y de la realidad en que vivimos que nos señala el Documento de Aparecida.

PARA LA REFLEXIÓN PERSONAL Y COMUNITARIA

  1. 1.      ¿Qué características de nuestra espiritualidad necesitamos profundizar más para ser fieles a nuestro carisma?
  2. 2.      ¿Estamos suficientemente encarnadas en la realidad de América Latina y de nuestra patria desde nuestra vocación contemplativa?
  3. 3.      ¿Qué podemos hacer para conocer y vivir mejor nuestra espiritualidad?

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Como Carmelitas, Vivimos nuestra vida en obsequio de Jesucristo y servirle fielmente con corazón puro y buena conciencia a través de un comprometiéndose en la búsqueda del rostro del Dios vivo (dimensión contemplativa de la vida), en la oración, en la fraternidad y en el servicio (diakonía) en medio del pueblo. Estos tres elementos fundamentales del carisma no son valores aislados o inconexos, sino que  están estrechamente ligados entre sí. 

Todo esto lo vivimos bajo la protección, la inspiración y la guía de María, la Virgen del Carmen, a la que honramos como “nuestra Madre y hermana”.