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la flecha de fuego

P. Rafael Maria Lopez Melus, O.Carm.

P. Rafael Maria Lopes Melus, O.Carm,

Nació el 25.02.1928 en Viver de la Sierra (Zaragoza; España) y es el quinto de ocho hermanos, de los cuales cuatro son sacerdotes.

Profesó como carmelita en Onda el 08/09/1946. Realizó sus votos solemnes en Roma el 30. 10. 1949. Fue ordenado sacerdote en Roma el 06.07.1952.

La Orden fue fundada a finales del siglo XII y aprobada 1226 como eremita. Por ello el papa Gregorio IX, en 1229, velaba con cuidado `para que después que los eremitas han subido al monte para conversar con el Señor, habiendo antes lavado sus pies, no tengan que ensuciarlos de nuevo descendiendo de las alturas de la contemplación".

Pero los eremitas del Carmelo cambiaron su género de vida de eremitas en cenobitas a petición del papa Inocencio IV, como ya vimos (n.10). A pesar de ello, el recuerdo de la vida contemplativa vivida allí les atraía irresistiblemente.

Se acepta el apostolado de las Órdenes mendicantes, pero siempre con tendencia contemplativa. Se conocen muchos carmelitas de los siglos XIII-XIV como Rodulfo Freysborri (1-1277) y Raimundo de Isola (1-1300), que, después de haber gobernado la Orden, se retiraron a vida contemplativa. Esto aún en el tiempo en que se aceptaban las primeras parroquias: en Bolonia, en 1293, y en San Martín de Roma en 1299.

Nicolás Gálico o el Francés, que fue General de la Orden (1265-1270) renunció al generalato y se retiró al desierto añorando la vida que llevaba en el Monte Carmelo. Escribió un pequeño libro que tituió Ignea Sagitta -Flecha de fuego-, que es un cántico enardecido a favor de la vida contemplativa y de retiro.

Habla en ella "de religión santísima, por la excelencia de su devoción comparable al oro, porque, así como el oro es el más precioso de los metales, así la religión carmelitana es, entre todas, la más esco gida, por el espíritu de la más alta contemplación que la informa. El perfume de su santidad, difundido por doquier, atraía irresistiblemente a la soledad del eremo".

"Aquel que estableció a nuestros Padres en la soledad, se ofreció también como dechado a ellos, para que nos transmitieran estos hechos llenos de misterio... Esta Regla de nuestro Salvador, santa por todos los costados, la siguieron nuestros predecesores desde tiempos antiguos..." (La Flecha, de Nicolás Gálico, General de la Orden, 1265-1270).

El 1270 escribió su Flecha ardiente en el que, con nostalgia y acentos dramáticos, añoraba la vida eremítica del Carmelo, donde parece que moró algunos años. Empieza con aquellas palabras: "¡Cómo se ha oscurecido el oro...1". Y termina: "Fechado y hecho el año 1270, mes de febrero, en el Monte Eratrof, horrible a los enemigos, donde se halla la casa de Dios, la puerta del paraíso".

Vale la pena traer aquí un párrafo de una de sus lamentaciones o "flechas de Fuego" a favor de la vida contemplativa y contra aquellos exageradamente activos.

En los capítulos 2-3 dice: "¿Quién dará a mis ojos una fuente de lágrimas para que, llorando día y noche, gimiendo y suspirando, excite al que te plantó contra aquellos que, arrancándote, te trasplantaron miserablemente fuera de las fructíferas soledades a una tierra salobre, donde habitan hombres llenos de malignidad? ¿Quién podrá consolarme, Madre mía dulcísima? ¿Quién hay que, teniéndose por hijo, Madre santísima, podrá en estos días dejar de entristecerse? Recuérdalo y suspira, y entre suspiros recuerda qué digna y qué santa eras en tu estado primitivo, admirable a los ojos de todos y hermosa, mientras a nuestros padres, ermitaños santísimos, colocados óptimamente en el lugar del pasto espiritual, confortados maravillosamente por el agua de refección, no cesabas de prodigarles un alimento nutritivo... Lloro sobre ti, lloro, y puesto que no puedo ayudarte, deseo, sufriendo, morir. Pues viéndote en el camino despojada y llena de heridas, abandonada, medio muerta, me da tedio el vivir más".

Podemos afirmar que desde 1247, en que la Orden deja de ser puramente eremítica y se convierte en mendicante o mixta, siempre hubo dentro de su seno religiosos que trataban de inclinarse más por la vida contemplativa que por la activa o de apostolado, y al revés. Esta doble tendencia será el origen de las Reformas (n. 28). Este movimiento quedará también reflejado en las Constituciones que la Orden irâ escribiendo a través de los siglos. La Flecha de fuego, el pequeño libro de Nicolás Gálico, es el primer eslabón de esta doble tendencia, en este caso con clara inclinación hacia la vida contemplativa y de soledad.

"En la soledad todos los elementos están de nuestra parte. El firmamento, decorado admirablemente por el orden de los planetas y de los astros, nos invita a admirar las cosas más altas por su belleza. Las aves, vestidas en cierto modo de la naturaleza angélica, profieren la suave melodía de sus cantos para nuestro recreo. También los montes se unen a nosotros para alabar al Señor con el mismo canto" (Nicolás Gálico, Prior General de la Orden (1265-1270) en su Flecha de fuego, c. 11. (n.15).

 

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Como Carmelitas, Vivimos nuestra vida en obsequio de Jesucristo y servirle fielmente con corazón puro y buena conciencia a través de un comprometiéndose en la búsqueda del rostro del Dios vivo (dimensión contemplativa de la vida), en la oración, en la fraternidad y en el servicio (diakonía) en medio del pueblo. Estos tres elementos fundamentales del carisma no son valores aislados o inconexos, sino que  están estrechamente ligados entre sí. 

Todo esto lo vivimos bajo la protección, la inspiración y la guía de María, la Virgen del Carmen, a la que honramos como “nuestra Madre y hermana”.