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La Iglesia sigue los Pasos de Cristo

Es cierto que el Papa Francisco se ha presentado ante el mundo como una persona amable, sencilla, sensible y preocupada por los problemas del hombre haciendo hincapié en la ayuda a los más necesitados, a los pobres y pide a la misma Iglesia y a las Instituciones internacionales y políticas,

que salgan a la calle y se hagan eco de los graves problemas, que asolan a gran parte de la humanidad.

Buscar una sociedad más humanitaria, más solidaria, es el deseo de este hombre providencial, que con un estilo nuevo, está movilizando a la Iglesia y poniendo amor donde se sufre la humillación de la esclavitud, donde la corrupción nos asombra y nos da asco, donde cerramos las puertas a los más necesitados, donde los jóvenes son vapuleados por el egoísmo y han perdido su confianza en las Instituciones públicas, donde varias generaciones no conocen la dignidad del trabajo y deambulan por medio mundo para encontrar un medio de vida digno.

Esta es una realidad, que contemplamos diariamente a nuestro alrededor y en todo el mundo. Decir y defender, sin embargo, que la Iglesia no ha hecho nada, en otros tiempos y con otros dirigentes, en relación con los problemas de la sociedad, es algo gratuito, que no se debe admitir sin mentir ya que siempre y en

todos los tiempos, la Iglesia, las comunidades cristianas, dirigidas por el Papa, se han extendido por todo el mundo abriendo sus puertas y su corazón a todo el mundo con especial atención a los más necesitados.

Realmente sería injusto y estaríamos faltando a la verdad histórica marginar a los Papas anteriores cuando su acción pastoral ha sido un servicio especial a la sociedad y nos hemos sentido acompañados con sus palabras, con sus gestos, con su doctrina y nos han enseriado a ser sensibles ante los acontecimientos, a mirar las cosas bellas del mundo, a sentir la mayor satisfacción en el deber cumplido, a mirar, que la fuerza más potente del mundo es la fe y lo más bello es el amor y hacer feliz a todo ser humano.

Esto no quiere decir, que la Iglesia no necesita en todos los tiempos, unas nuevas estructuras, que la haga más atractiva a los problemas, que no sea una sociedad actual, como está haciendo el Papa Francisco, pero sin denigrar a los Papas anteriores, que han puesto toda su vida al servicio de los demás sabiendo, que estamos en continuo movimiento y renovación. La Iglesia, los Papas, siempre han caminado con el hombre ayudando a superar todos los problemas. J.G.P.

Como Carmelitas, Vivimos nuestra vida en obsequio de Jesucristo y servirle fielmente con corazón puro y buena conciencia a través de un comprometiéndose en la búsqueda del rostro del Dios vivo (dimensión contemplativa de la vida), en la oración, en la fraternidad y en el servicio (diakonía) en medio del pueblo. Estos tres elementos fundamentales del carisma no son valores aislados o inconexos, sino que  están estrechamente ligados entre sí. 

Todo esto lo vivimos bajo la protección, la inspiración y la guía de María, la Virgen del Carmen, a la que honramos como “nuestra Madre y hermana”.