Pasar al contenido principal

Jóvenes carmelitas: Sembradores de Misericordia

Carta del Prior General a los participantes en la JMJ carmelita de Cracovia (julio 2016)

Queridos jóvenes carmelitas venidos de todo el mundo para participar en esta “Jornada Mundial de la Juventud” en Cracovia: sed muy bienvenidos a nuestro encuentro y disfrutad de estos días de oración, de intercambio personal y de gozo en la fe.

Además de ser una ciudad maravillosa por su arte y su belleza, Cracovia es un lugar relacionado estrechamente con nuestra historia carmelitana. En el Santuario de “Nuestra Señora de las Arenas” (Na Piasku), custodiado por los carmelitas desde hace varios siglos, se encuentra el célebre cuadro de la Virgen María, que, bajo esta advocación, goza de una gran devoción popular. En este convento carmelita (el cual ha pasado por muy diversos avatares y situaciones históricas) han vivido hombres ilustres y frailes ejemplares por su santidad y piedad. Aquí, precisamente, junto a otros hermanos, fue detenido en 1940 Hilario Januszewski, prior de la comunidad, quien terminaría sus días de forma heroica en el campo de concentración de Dachau, como veremos a continuación.

En definitiva, Cracovia conserva muchos recuerdos de nuestra historia y nos invita a redescubrir nuestra identidad de modo que sea significativa, atrayente e incluso provocativa para los religiosos, monjas, religiosas de vida activa, laicos y jóvenes carmelitas del siglo XXI.

En este año, circunstancialmente, estamos meditando, junto a toda la Iglesia, acerca del tema de la misericordia. El Papa Francisco nos ha invitado a todos a volver nuestra mirada a esta virtud tan evangélica y central para nuestra fe. Puede parecer algo muy básico o evidente, pero este es uno de los grandes valores del Papa Francisco: nos pide con insistencia que volvamos nuestra mirada a lo esencial, a lo más genuino del Evangelio y que lo vivamos con valentía y gozo, con autenticidad.

*****

Para que llevéis a cabo vuestra reflexión os sugiero tres figuras de la historia del Carmelo que, de un modo u otro, están muy presentes en todo lo que estamos viviendo en estos días:

1. Como sabéis, este año celebramos los 450 años del nacimiento, en Florencia, de Santa María Magdalena de Pazzi (1566-1607). Esta gran santa carmelita vivió de forma muy intensa su vocación y la unión mística con Dios. De hecho, su magisterio espiritual y su doctrina son de una gran altura. A veces, María Magdalena, como otros místicos, no encuentra palabras para expresar la experiencia profunda de la misericordia divina:

«y me parecía (…) ver en Dios una bondad y una misericordia tan grandes que ni sabría ni podría explicar» (I Quaranta giorni, pp. 229-30).

Magdalena, no obstante, no se desentendió de los problemas concretos de su tiempo. La experiencia mística no la alejó de la vida real ni de los problemas de la Iglesia y de la gente de su época. Todo lo contrario. A lo largo de su vida, la joven carmelita destacó por su capacidad de servicio y por su sensibilidad hacia las necesidades de todos.

Resulta muy interesante, y nos hace pensar como carmelitas del siglo XXI, en la siguiente ecuación: la unión profunda con Dios, la oración, la vida espiritual… nos llevan, si son auténticas, a una mayor sensibilidad y solidaridad con los hombres y mujeres de nuestro tiempo. El fundamento es profundamente “teologal” y (¡precisamente por ello!) profundamente humano.

¿Cómo vivimos hoy nuestra fe? ¿Es una fe viva y apasionada que nos lleva a un encuentro con un Dios personal y misericordioso? ¿Cómo podemos fortalecer nuestra experiencia de fe de forma que seamos cada día más humanos y misericordiosos?

2. El P. Hilario Januszewski vivió sus últimos años en nuestro convento de Cracovia. Pawel (Pablo), que así era su nombre de pilar, nació en 1907, en Krajenki. Cuando entró en la Orden cambió su nombre por Hilario. Tras estudiar en Polonia y en Roma, fue enviado al convento de Cracovia del que era prior cuando estalló la guerra en 1939. Como superior de la comunidad, se ofreció para ser detenido en lugar de unos hermanos que habían predicado en polaco (algo que estaba totalmente prohibido durante la ocupación nazi). Su itinerario por varias cárceles acabó en el campo de concentración de Dachau. Allí estuvo recluso varios años hasta casi el final de la guerra. En Dachau se había desatado una epidemia de tifus. Algunos barracones fueron reservados para los enfermos que eran casi abandonados a su suerte. El barracón 25 quedó así convertido en una especie de morgue (de hecho, entre los prisioneros era llamado “el ataúd”). La historia atestigua que los sacerdotes prisioneros en Dachau fueron muy numerosos, en torno a 2500. Muchos de ellos murieron. Un día, uno de los guardianes del campo se dirigió sarcásticamente a los sacerdotes prisioneros y les dijo que deberían ir a cuidar a los enfermos del barracón 25. Todos entendieron que se trataba de una ironía macabra, pero el P. Hilario se levantó y se ofreció para ir allí. Un sacerdote polaco intentó disuadirle, pero él estaba decidido y le contestó: “Sé bien a dónde voy…”.

Murió contagiado de tifus. El campo fue liberado poco tiempo después. El carmelita polaco fue capaz de entregar su vida por los últimos de los últimos, en aquel lugar de horror y de muerte. Su vida había sido relativamente sencilla. Destacó por ser un hombre más bien silencioso, pero, en esos momentos dramáticos, se reveló el creyente, el mártir de la caridad. El P. Januszewski fue beatificado por el papa Juan Pablo II, en Varsovia, en junio de 1999.

¿Cómo vivimos nosotros hoy esa cercanía a los últimos, a las víctimas del mal, de la violencia, de la injusticia, de la soledad? ¿Nos lleva nuestra identidad carmelitana a ser compasivos y solidarios? ¿Nos hace más humanos? ¿Cómo podríamos concretar esta dimensión del carisma en nuestros grupos y en nuestra vida cotidiana?

3. Por último, nuestras jornadas en Cracovia coincidirán con la memoria litúrgica del beato Tito Brandsma quien, como sabréis, está en proceso de canonización. El P. Tito fue un hombre muy activo: carmelita experto en la historia de la espiritualidad, educador y fundador de colegios carmelitas, periodista, profesor de la Universidad de Nimega (de la que llegó a ser Rector Magnífico), defensor de la lengua y la cultura de la Frisia, su región natal, y un hombre profundamente pastoral, cercano a todos. A lo largo de su vida, el P. Tito tuvo que mediar en varias situaciones muy difíciles lo que le valió el apodo de “el reconciliador”. En 1940, cuando fue invadida Holanda, el P. Tito se enfrentó al gobierno de ocupación, sobre todo, en el ámbito de la educación, negándose a la expulsión de los niños judíos de los colegios carmelitas, y en el de la prensa, rechazando la obligación de publicar las consignas nazis en los periódicos católicos. Por todo ello, fue detenido en enero de 1942, y tras pasar por varias cárceles y campos murió en Dachau, el 26 de julio del mismo año.

El P. Tito, en los diversos Lager donde estuvo, dejó siempre un rastro de serenidad, cordialidad, afecto y comprensión para todos, incluso para sus verdugos. Esta actitud alcanzó su máxima expresión en las conversaciones que mantuvo con Tizia, la enfermera que le quitó la vida con una inyección de ácido fénico. El carmelita holandés, ya bastante enfermo, le regaló el rosario, hecho con astillas de madera, con el que rezaba en el campo y le pidió que rezara por la paz. Muchos años más tarde, aquella enfermera declararía en el proceso de beatificación en Roma. Entre otras cosas interesantes señaló que “el siervo de Dios [el P. Tito] tuvo mucha compasión de mí…”. Se trata de un testimonio impresionante que nos muestra cómo aquel hombre, víctima del odio y de un sistema inhumano, mantuvo la dignidad y la caridad cristiana de forma heroica, -diríamos hoy-, hasta el último momento. Su testimonio de misericordia, de reconciliación y de paz es muy significativo para nuestro mundo de hoy.

Como jóvenes carmelitas del siglo XXI… ¿cómo podemos contribuir a la paz y a la reconciliación en nuestros propios ambientes familiares, sociales o políticos? ¿Fomentan nuestras actitudes el entendimiento y la concordia en un mundo lacerado por las divisiones y las rupturas?

*****

Espero que durante estos días tengáis ocasión de reflexionar acerca del testimonio de estos tres carmelitas ejemplares. Podéis hacerlo tanto en los grupos como en vuestra reflexión personal y (quizás lo más importante) en vuestra oración. Como ha señalado recientemente el Papa Francisco, vosotros, jóvenes, no sois sólo el futuro el Carmelo, sois también el presente:

En este sentido, nuestros jóvenes desempeñan un papel preponderante. Ellos no son el futuro de nuestros pueblos, son el presente; son los que ya hoy con sus sueños, con sus vidas, están forjando el espíritu europeo. No podemos pensar en el mañana sin ofrecerles una participación real como autores de cambio y de transformación (Papa Francisco, en la entrega de los Premios Carlomagno, 6 de mayo de 2016).

Vuestra reflexión, por tanto, ayuda a la familia carmelita a seguir avanzando, a cuestionarnos nuestra vida, a buscar cauces para vivir nuestro carisma con fidelidad, creatividad y generosidad.

Que María, Nuestra Madre y Hermana, os guíe y os acompañe en “este camino santo y bueno” (Regla 20).

Con verdadero afecto,

Fernando Millán Romeral O.Carm.
Prior General

shieldOCarm

Como Carmelitas, Vivimos nuestra vida en obsequio de Jesucristo y servirle fielmente con corazón puro y buena conciencia a través de un comprometiéndose en la búsqueda del rostro del Dios vivo (dimensión contemplativa de la vida), en la oración, en la fraternidad y en el servicio (diakonía) en medio del pueblo. Estos tres elementos fundamentales del carisma no son valores aislados o inconexos, sino que  están estrechamente ligados entre sí. 

Todo esto lo vivimos bajo la protección, la inspiración y la guía de María, la Virgen del Carmen, a la que honramos como “nuestra Madre y hermana”.