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Provincia Americana del Purísimo Corazón de María

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La Provincia Americana del Purísimo Corazón de María debe su origen al convento de Straubing de la Provincia de Alemania Superior, la única casa alemana que sobrevivió a la supresión del siglo XIX. Dos miembros de esta comunidad, los PP. Cirilo Knoll y Xavier Huber, marcharon a los Estados Unidos en el año de 1864, llamados por el ordinario del lugar, Mons. John Baptist Miège, y se establecieron en Leavenworth, Kans. El año siguiente, con la ayuda de otros carmelitas, se erigió una nueva fundación cerca de Scipio.

Las casas se encontraban en zonas muy lejanas. Por este motivo, el año 1886 el P. Knoll se trasladó al oriente, al convento de Cumberland Md., que antes había pertenecido a los Redentoristas. A causa de la lengua, el Vicario General de la Orden, P. Angelo Savini, mandó algunos religiosos de las Provincias de Irlanda y de Holanda para que les ayudaran en su trabajo pastoral.

Después de la fundación de nuevas casas, en particular de las de Englewood, N.J., Niágara Falls, Ont., New Baltimore, Pa., y Pittsburgh Pa., en 1881 fue erigido el Comisariato con el P. Anastasio Smits. Nueve años más tarde el comisariato se conviertió en Provincia bajo la dirección del P. Pío Mayer.

A cien años de su nacimiento, la Provincia se ha extendido a todos los Estados Unidos y a la provincia de Ontario, Canadá. El año 1949 la Provincia aceptó una nueva fundación en Lima, Perú. Desde 1959 se le ha encomendado la Prelatura de Sicuani, que actualmente está bajo el gobierno pastoral de Mons. Miguel La Fay Bardi, O.Carm.

La Provincia del Purísimo Corazón de María tiene actualmente cerca de 240 religiosos que trabajan en los Estados Unidos, Canadá, Perú, Méjico, El Salvador e Italia.

Carmelite Provincial Office
1317 Frontage Road
Darien, IL 60561-5555
U.S.A
Como Carmelitas, Vivimos nuestra vida en obsequio de Jesucristo y servirle fielmente con corazón puro y buena conciencia a través de un comprometiéndose en la búsqueda del rostro del Dios vivo (dimensión contemplativa de la vida), en la oración, en la fraternidad y en el servicio (diakonía) en medio del pueblo. Estos tres elementos fundamentales del carisma no son valores aislados o inconexos, sino que  están estrechamente ligados entre sí. 

Todo esto lo vivimos bajo la protección, la inspiración y la guía de María, la Virgen del Carmen, a la que honramos como “nuestra Madre y hermana”.



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