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Siervos Humildes: La Canonización de Louis y Zélie Martin

P. Carl Markelz, O.Carm.

El domingo 18 de octubre de 2015, el Papa Francisco presidió la misa en Plaza San Pedro, que incluyó el Rito de la Canonización. A principios de este año, el 27 de junio de 2015, en el Consistorio Ordinario en el Vaticano,

el Papa aprobó la canonización de Louis Martin y su esposa Zélie. Se decidió que la ceremonia tendría lugar durante el Sínodo de la Familia, y que serían canonizados junto a otras dos personas: el Padre Vincenzo Grossi, el fundador italiano del Instituto de las Hijas de Oratorio, y la española Sor María de la Inmaculada Concepción, Superiora General de las Hermanas de la Compañía de la Cruz.

¡Fue un día glorioso en Plaza de San Pedro! Gracias a nuestros hermanos Carmelitas Descalzos en Roma, ocho frailes de nuestra Curia General pudieron asistir a la ceremonia. Directamente después del himno de entrada y el saludo del Papa, el cardenal Angelo Amato, SDB, prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos, pidió que el Papa inscribiese a estas santas personas entre los Santos. Después de cantarse la Letanía de los Santos, el Papa declaró la fórmula de Canonización:

Por el honor de la Santísima Trinidad, la exaltación de la fe católica y el aumento de la vida cristiana, por la autoridad de nuestro Señor Jesucristo y los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, y la nuestra, después de la debida deliberación y oración frecuente por ayuda divina, y de haber buscado el consejo de muchos de nuestros hermanos Obispos, declaramos y definimos a los Beatos Vincenzo Grossi, María de la Inmaculada Concepción, y Louis Martin y Marie-Zélie Guérin, cónyuges, Santos y los inscribimos entre los Santos, decretando que han de ser venerados como tales por toda la Iglesia. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.  

¡En ese momento, Louis Martin y Zélie Guérin fueron proclamados oficialmente santos! No podía dejar de pensar en mis propios padres, junto con todos los padres, que son los primeros maestros de nuestra fe y que inculcaron en cada uno de nosotros un espíritu de servicio y discipulado. La Iglesia ha canonizado a muchos papas, obispos, sacerdotes, junto con tantos hombres y mujeres religiosos, pero esta era la primera vez que una pareja casada con hijos fue canonizada en la misma ceremonia. ¡Fue un momento muy emotivo! Poco después, algunos miembros de entre los fieles trajeron reliquias de cada nuevo santo y éstas fueron incensadas para siempre ser veneradas como reliquias de los santos de la Iglesia.

Casados en 1858, Louis y Zélie tuvieron nueve hijas. Cuatro murieron en la infancia, mientras que las cinco restantes entraron en la vida religiosa. Durante su matrimonio, era bien sabido que la pareja asistía a la misa diaria, oraba y ayunaba, visitaba a los ancianos y enfermos, y acogía a los pobres en su casa. El Papa dijo en su homilía, “Los santos esposos Louis Martin y Marie-Zélie Guérin practicaban el servicio cristiano en la familia, creando día a día un ambiente de fe y amor que nutría las vocaciones de sus hijas, entre las que se encontraba Santa Teresita del Niño Jesus.”

Louis y Zélie no hicieron nada extraordinario durante su vida, sino que vivieron su fe de una manera muy sencilla y humilde, enseñando con el ejemplo, sabiendo qué se sentía el llorar la pérdida de seres queridos, nutriendo la vocación de sus hijas, y poniendo su fe en acción ayudando a los necesitados. Louis y Zélie son excelentes modelos para todos los esposos cristianos.

Muchos padres son personas santas, pues se sacrifican por sus hijos y viven su vocación con amor. Sabemos que no siempre son perfectos, pero viven vidas santas que ahora pueden ser reconocidas más plenamente por la Iglesia. Nadie ha dicho que el sacramento del matrimonio es fácil de vivir día tras día, pero ahora que estos esposos han sido proclamados santos por la Iglesia, toda pareja puede mirar a Louis y Zélie como siervos humildes y como modelos para la vida cristiana y el matrimonio. Todos podemos aprender mucho de las parejas casadas que nos inspiran con su decisión de vivir su vocación juntos y ser discípulos en el amor en este camino hacia Dios. ¡Que la Iglesia continúe reconociendo y proclamando a las parejas casadas como santos e que inspire a las futuras generaciones de padres de familia a vivir su vida cristiana como siervos humildes!

Como Carmelitas, Vivimos nuestra vida en obsequio de Jesucristo y servirle fielmente con corazón puro y buena conciencia a través de un comprometiéndose en la búsqueda del rostro del Dios vivo (dimensión contemplativa de la vida), en la oración, en la fraternidad y en el servicio (diakonía) en medio del pueblo. Estos tres elementos fundamentales del carisma no son valores aislados o inconexos, sino que  están estrechamente ligados entre sí. 

Todo esto lo vivimos bajo la protección, la inspiración y la guía de María, la Virgen del Carmen, a la que honramos como “nuestra Madre y hermana”.