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Solemne Consagración de la ciudad de Palestrina, Roma, a Nuestra Señora del Monte Carmelo

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P. Simone Gamberoni, O.Carm.

El 14 de junio de 2015 la ciudad de Palestrina, en la abarrotada catedral de S. Agapito, fue consagrada a María, bajo la advocación de Nuestra Señora del Monte Carmelo.

El deseo de consagrar la ciudad de Palestrina a la Bienaventurada Virgen me atrevo a decir que estuvo ahí durante mucho tiempo. Siempre me ha impactado la devoción que rodea a la fiesta de Nuestra Señora del Monte Carmelo, de un modo tan intenso durante veinte días. Muchos devotos de la fiesta o durante la octava y novena también, y en la Misa final de acción de gracias en los diferentes distritos, se congregan alrededor de la estatua de Nuestra Señora del Monte Carmelo para honrar su imagen. La devoción popular es más para vivirla que describirla. Además de esta intensa devoción se dan también eventos especiales que son dignos de mención aunque sean sencillos.

El primer acontecimiento se remonta al año 1298, cuando el Papa Bonifacio VIII, después de arrasar la ciudad hasta el suelo, pasó el arado sobre ella y la cubrió de sal. Esto fue una maldición…El Papa Eugenio IV en 1437 la arrasó de nuevo. No estoy familiarizado con todos los giros y vueltas de la historia de Palestrina y no puedo decir si esta maldición tuvo lugar alguna vez… pero, con frecuencia, hay algo extraño en el aire y muchas veces nos encontramos en situaciones que sólo se pueden explicar recurriendo a lo sobrenatural, donde hay una influencia satánica. ¿Qué modo mejor hay de pedir a Dios que libere a la ciudad de tal maldición que buscando la intercesión de María Santísima por la consagración de toda la ciudad a ella?

El segundo acontecimiento importante tuvo lugar hacia finales de la segunda guerra mundial, cuando Palestrina fue bombardeada. Esto fue el 22 de enero, 1944. Hasta ese momento la estatua de la Santísima Virgen permaneció en el oratorio de la Confraternidad, en un pequeño nicho y se mostraba al público para la veneración solamente en contadas ocasiones. Una bomba cayó en la parte superior de la parroquia, en un edificio justo por encima de la iglesia. La onda expansiva derribó las casas de la calle de al lado de la iglesia y el oratorio también. Murieron más de noventa personas. Las personas de ese tiempo se sorprendieron al encontrar, entre los escombros, la estatua de la Santísima Virgen caida en el suelo, boca abajo, como si quisiera salvar al niño que tenía en sus brazos. La estatua, aparte de un dedo roto, estaba intacta.

En cuanto a la organización del obispo, para no ofender las otras formas de devoción mariana practicadas en la ciudad, propuso tener la consagración sin usar ningún título particular de María. Ya que yo había presidido muchos de los encuentros, presenté la petición al obispo, pero fueron los párrocos de la ciudad quienes realmente pidieron que la consagración a la Santísima Virgen fuera bajo el título de Nuestra Señora del Monte Carmelo ya que es esta la devoción que ha acompañado a la ciudad por largo tiempo. Me sentí feliz por ser el portador de la petición al obispo. Cuando se dio cuenta de que los párrocos la querían también y que era sencillamente la voz de la devoción del pueblo, el Obispo Sigalini aceptó la petición de consagrar la ciudad a Nuestra Señora del Monte Carmelo.

La preparación, que comenzó el 24 de abril de 2015, incluyó una peregrinación con la estatua de Nuestra Señora del Monte Carmelo por todas las parroquias de Palestrina y Carchitti (un pequeño distrito de la provincia de Palestrina a una distancia cercana), en los que hubo momentos de catequesis, oración y devociones populares.

Después del largo y exigente camino de cerca de dos meses, llegó finalmente el día de la fiesta. Era el 14 de junio. La estatua de la Santísima Virgen, procedente de Carchitti, donde estuvo ocho días, fue recibida en la plaza del pueblo de Santa María de los Ángeles por el párroco de la catedral junto con varios sacerdotes y estudiantes carmelitas y un gran número de fieles. Después de un pequeño rato de oración y palabras de saludo por el P. Giovanni Grosso, Prior Provincial, la procesión comenzó a ir hacia la catedral con las Confraternidades, Tercera Orden y fieles de la ciudad.

El Obispo Sigalini presidió la celebración de la misa. Recordó a todos que la consagración de la ciudad no evitaba el esfuerzo y compromiso de todos los ciudadanos para la construcción y mejora de la ciudad. Terminó sus reflexiones con el viejo dicho: ‘Tenemos que trabajar como si todo dependiera de nosotros y orar como si todo dependiera de Dios’. Al final de la misa, antes de la bendición, el obispo leyó el Acto de la Consagración de la ciudad a la Santísima Virgen, bajo el título de Nuestra Señora del Monte Carmelo. Entre los miles de fieles y sacerdotes de la diócesis, estuvieron presentes el P. Giovanni Grosso y el P. Giampiero, representando a la Provincia Italiana de los Carmelitas, el P. Francisco de Sales Alencar, Secretario General de la Orden, en representación de la Curia General, los Padres Carmelitas Carmelo , Alexandre y Simone y dos estudiantes que sirvieron en el altar. Entre los participantes también estaban la autoridad local, tanto civil como militar, en las personas del Alcalde, Adolfo de Angelis y el Comandante de los Carabinieros, Lieutenant Giuseppe Vaia.

Ahora será importante hacer un exámen, junto con los párrocos de la ciudad, de qué tipo de catequesis y oración serán necesarias para acompañar la profunda devoción del pueblo a Nuestra Señora del Monte Carmelo después de un tiempo tan intenso y gozoso de la consagración.

Demos gracias a Dios por el don de esta consagración de la ciudad de Palestrina a Nuestra Señora del Monte Carmelo. También les damos las gracias a todas las personas que de diversas maneras en los últimos meses, y especialmente el domingo 14 de junio, participaron e hicieron posible este momento tan significativo para la ciudad y para la provincia italiana y para toda la Orden.

Como Carmelitas, Vivimos nuestra vida en obsequio de Jesucristo y servirle fielmente con corazón puro y buena conciencia a través de un comprometiéndose en la búsqueda del rostro del Dios vivo (dimensión contemplativa de la vida), en la oración, en la fraternidad y en el servicio (diakonía) en medio del pueblo. Estos tres elementos fundamentales del carisma no son valores aislados o inconexos, sino que  están estrechamente ligados entre sí. 

Todo esto lo vivimos bajo la protección, la inspiración y la guía de María, la Virgen del Carmen, a la que honramos como “nuestra Madre y hermana”.



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