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Testimonio de la vida carmelita - Martyr San Angelo

Ismael Martínez Carrettero , O.Carm

El primer mártir carmelita canonizado es San Ángelo de Sicilia, aunque se le venera más como confesor. Como todos los primitivos personajes de la Orden su figura se halla envuelta en la áurea leyenda, pero se sabe a ciencia cierta que sufrió martirio en Licata, ciudad cercana a Agrigento (Sicilia),

donde se le erigió una gran basílica en el lugar mismo del martirio que aún hoy conserva la Orden; todavía sigue manando agua de la famosa fuente que se dice brotó en el sitio exacto donde Ángelo derramó su sangre. Su enorme popularidad aún hoy en día se mantiene en pleno vigor. El P. Saggi que depuró hasta la médula misma de tal figura descarnándola de toda posible leyenda, al final de su exhaustivo estudio llegó a la conclusión de que su libro bien se podría titular: San Ángel de Sicilia, mártir carmelita, porque era el hecho más cierto e irrefutable de cuantos datos se tienen sobre la vida de San Ángel.

No hay que olvidar que a su martirio van unidos otra serie de hechos para la historia de la Orden muy importantes, dada su venerabilidad y su peso cualitativo en los que desde siempre se le tuvo. La tradición le hace haberse encontrado en Roma, junto a la puerta de San Juan de Letrán, con las otros dos grandes fundadores Santo Domingo de Guzmán y San Francisco de Asís, prediciéndole este último el martirio que habría de sufrir, mientras que el carmelita le anuncia la gracia de los estigmas. También por su intercesión se habría obtenido la confirmación de la Regla en 1226 por Honorio III.Se non è vero… Iconográficamente y desde muy antiguo se le representa con el alfanje musulmán sobre la cabeza o con un puñal atravesándole el pecho.

Como Carmelitas, Vivimos nuestra vida en obsequio de Jesucristo y servirle fielmente con corazón puro y buena conciencia a través de un comprometiéndose en la búsqueda del rostro del Dios vivo (dimensión contemplativa de la vida), en la oración, en la fraternidad y en el servicio (diakonía) en medio del pueblo. Estos tres elementos fundamentales del carisma no son valores aislados o inconexos, sino que  están estrechamente ligados entre sí. 

Todo esto lo vivimos bajo la protección, la inspiración y la guía de María, la Virgen del Carmen, a la que honramos como “nuestra Madre y hermana”.