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El Prior General de los Carmelitas, Míċéal O'Neill, O. Carm., fue designado para el comité ejecutivo de la Unión de Superiores Generales (USG). Será el representante de las órdenes mendicantes. El P. Míċéal también fue seleccionado como uno de los miembros de la llamada Comisión de los 16.

El Comité Ejecutivo es responsable de las decisiones ordinarias de la Unión y de la aplicación de las resoluciones de la Asamblea. La Comisión de los 16 está formada por ocho religiosos y ocho religiosas. Tienen el encargo de entablar puntualmente un diálogo formal con la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Asociaciones de Vida Apostólica.

Los miembros también eligieron al P. Arturo Sosa S.J., para un segundo mandato como presidente de la USG. Los recién elegidos ejercerán su cargo para el periodo 2021-2024.

La USG fue creada "para promover la vida y la misión de cada uno de los institutos al servicio de la Iglesia, para una colaboración más eficaz entre ellos y para un contacto más fructífero con la Santa Sede y la jerarquía". Sus miembros son los superiores generales de los Institutos Religiosos masculinos o Sociedades de Vida Apostólica de Derecho Pontificio. En la práctica es un foro voluntario para el intercambio de información y acompañamiento.

La 96ª Asamblea de la organización se celebró del 24 al 26 de noviembre de 2021 en la Fraterna Domus, un centro de la Associazione Volontari del Servizio Sociale Cristiano.

USG Conference 1 450

 

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El P. Míceál O'Neill, O.Carm., Prior General de la orden, exhorta a todos los miembros de la Familia Carmelita a celebrar con alegría y en oración la fiesta de la Virgen del Carmen el 16 de julio de 2021.

Ver aquí

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Miércoles, 23 Diciembre 2020 04:49

Un mensaje para Navidad

Feliz Navidad, hermanos frailes de nuestra orden, hermanas contemplativas de nuestra orden, hermanos y hermanas carmelitas de la vida apostólica, laicos y laicas carmelitas de todo el mundo, es el momento de desearles todos, en nombre mío y en nombre del Consejo General de los frailes, muy felices pascuas.

Las circunstancias cambian, pero el mensaje navideño no cambia nunca. "El Verbo se hizo carne y vino a habitar entre nosotros". Es el mensaje que cada año renueve nuestro ánimo y nuestro espíritu. Jesús ha venido, como salvador y hermano de todos. La Navidad de este año 2020 nos encuentra más pobres, más enfermos, más asustados, pero también más fuertes y animados por lo que hemos visto de la verdadera bondad de las personas que sacrifican su vida cada día por el bien de los demás, en las circunstancias tan difíciles causadas por el Coronavirus. Y eso no es todo. Por un lado asistimos cada vez mas a muertes violentas, muertes en el mar, muertes por delitos, muertes por el hambre y por la guerra, y por otro lado, vemos personas humildes que salvan vidas, respetan la vida, hacen todo por vivir la vida en plenitud, respetando la dignidad de todos y de la misma casa común. Démonos el regalo este año de una Navidad más sencillo, más evangélica, más pura, mas alimentada de oracion, más sensible a las necesidades de los demás: los pobres, los enfermos, los migrantes, los que no tienen hogar no para ellos ni para sus familias. Confiemos unos a otros y a toda la humanidad al amor tierno de María y de José en cuanto acogemos el don de Jesús, Dios hecho hombre que nos une en una sola familia, con una sola voz que canta con los ángeles, "Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra entre aquellos y aquellas que el Señor ama". Que el Dios de la paz, Padre de Nuestro Señor Jesucristo, en estos días santos, llene vuestras vidas con su alegría y su paz. Asi sea.

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Martes, 08 Diciembre 2020 04:07

El Patrocinio de San José sobre el Carmelo

Carta de los Superiores Generales O.Carm. y O.C.D. a la familia carmelitana en el 150º aniversario de la proclamación del patrocinio de san José sobre la Iglesia universal.

Este año 2020 hemos celebrado la fiesta de san José en medio de una pandemia que nos ha obligado a permanecer encerrados en nuestras casas. Precisamente en esos momentos hemos sentido todavía de un modo más intenso la necesidad de dirigirnos a aquel hombre justo y fiel, que conoció el cansancio, el exilio y la preocupación por el mañana, sin que decayese su ánimo, creyendo y esperando en Dios, que le había confiado una misión única: custodiar a Jesús y María, la familia de Nazaret, el germen de la nueva familia que Dios regalaba al mundo. El papa Francisco, en su homilía en Santa Marta, nos ha recordado las cualidades de san José: el hombre concreto, capaz de cumplir su obligación con precisión y profesionalidad y, al mismo tiempo, el hombre que entra en el misterio de Dios, más allá de su conocimiento y de su control, frente al cual se postra en adoración.

Descarga a continuación:

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Miércoles, 02 Diciembre 2020 14:28

Priores Generales anteriores

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Carta a los frailes, monjas, hermanas y hermanos de congregaciones de vida apostólica, miembros de la Tercera Orden del Carmen, laicos carmelitas en general y todos  los que celebran la fiesta de nuestra Señora del Monte Carmelo con especial devoción.

María conservaba todas estas cosas meditándolas en su corazón (Lc 2, 52).

Queridas hermanas y hermanos en el Carmelo:

En este día de fiesta, en el que nos alegramos de ser hermanos y hermanas de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo, me dirijo a cada uno de vosotros con el vínculo del amor. En estos días estamos pensando mucho, reflexionando, como María, sobre todo lo que está sucediendo en nuestro mundo. María conservaba todas estas cosas en su corazón (Lc 2, 19), y, considerando lo que acontecía en su mundo, encontró la voluntad de Dios. María la contemplativa, María llena de gracia, llena de Dios, llena de Evangelio: ese es el tipo de persona que puede responder a lo que está sucediendo en el mundo de hoy.

En nuestro tiempo de confinamiento, es posible que nosotros, como personas que creemos en Dios, capaces de reflexionar, encontremos en estas nuevas condiciones nuevas oportunidades para la solidaridad y para la evangelización del mundo. Aquí hay nuevas manifestaciones de la voluntad de Dios, que nos ayudan a crecer y madurar como custodios de nuestro mundo y unos de otros.

Nosotros hemos crecido juntos en nuestras comunidades. Obligados a quedarnos en casa, reflexionando a solas o con otros, hemos descubierto mucho sobre las verdades de nuestra fe y de nuestra vocación carmelita. Mientras algunos hemos celebrado la Eucaristía incesantemente, otros tuvieron que recurrir a internet y hacer la comunión espiritual. Esto suscitó preguntas sobre cómo valoramos la Eucaristía. A las personas que la celebran diariamente, les resultó difícil adaptarse a estar privadas de ella. A las personas que eran fieles a la Eucaristía dominical, les resultó muy novedoso que les dijeran que no tenían que ir a Misa. Cuando volvamos a la celebración normal de la Eucaristía, quizá la celebraremos con mayor convicción y comprensión, después de aquel ayuno eucarístico.

Hemos vivido con restricciones y con miedo durante muchos meses. Hay familias en duelo. Los hospitales todavía están atendiendo a víctimas del coronavirus. Los médicos, las enfermeras y el personal sanitario han mostrado toda su entrega, profesionalidad y celo más allá de su deber. La gente ha hecho sacrificios para asegurarse de que había pan en nuestra mesa, y en todas partes se evalúan los daños producidos por la pandemia en seres queridos muertos, enfermedades, desempleo y la falta de recursos económicos. Podemos decir que estamos viendo una explosión de humanidad.

Si todo eso quedó atrás, pudríamos asumir una visión diferente, pero ahora que estamos aprendiendo a convivir con el virus y tratamos de no ceder al miedo de lo que ha de venir más adelante, todos tenemos que preguntarnos cómo hemos de cuidarnos unos de otros, cómo hemos de actuar en el futuro, para reducir los efectos negativos del virus y para crear una sociedad en la que no nos atenace el miedo y no se abandone a ningún necesitado. Simplemente, podría ser cuestión de atender y de compartir.

Me consumo de celo por el Señor (1R 19, 10)

Engendrar, cuidar y proteger son algunos de los carismas que vemos en María, la Madre de Dios y Madre nuestra. Cuando pienso en las diversas comunidades carmelitas de varones y mujeres en todo el mundo, me impresiona lo importante que es esta fiesta para todos nosotros. En algunos lugares dura un solo día; en otros lugares son tres días de reflexión y oración, y en otros son nueve días de novena. Las celebraciones están imbuidas de fervor y devoción, y con la convicción que nos hace pensar que quizá este es un momento en el que nosotros como carmelitas somos más celosos.

El mundo de hoy nos está pidiendo ser celosos. A lo largo de los siglos, los carmelitas han repetido las palabras del profeta Elías: “Me consumo de celo por el Señor Dios de los ejércitos” (1R 19, 10). Nuestra celebración de la fiesta de Nuestra Señora del Monte Carmelo puede ser un momento muy apropiado para renovar, revivir y dirigir nuestro celo. Cuatro días después, tendremos otra oportunidad, cuando celebremos la fiesta del profeta Elías.

El celo es un don. Por eso hemos de pedirlo en la oración. Tenemos que pedirle a Dios que nos dé el celo para ser lo que decimos que somos. Pero la palabra “celo” no siempre es atractiva. A veces sugiere extremismo. No sentimos automáticamente que deseamos este celo. Recuerdo el celo de Juan el Bautista, la voz que grita en el desierto, que vivía de langostas y miel silvestre (Mc 1, 7), y lo comparo con la calma de Jesús hablando a la gente en la sinagoga (Lc 4, 21-22). Pienso en el Evangelio, donde vemos a Cristo en la Cruz y a María y a Juan al pie de ella. Todos estos son momentos de celo, si por celo entendemos un corazón que arde en deseos de todo lo que es bueno y un espíritu que se esforzará y se sacrificará por conseguirlo. La globalización del celo puede ser el antídoto a la globalización de la indiferencia, de la que el papa Francisco habla tan a menudo.

Y a nadie se le abandonaba en su necesidad (He 2, 45)

Cuando tomamos conciencia de nuestras necesidades recíprocas, comenzamos una nueva era de compartir. Dentro de nuestra familia, sabemos que algunas comunidades han perdido las entradas de sus recursos económicos. Entre los laicos carmelitas, hay quienes han perdido su empleo y cuyos hogares pueden estar amenazados por la pobreza. Los nuevos proyectos de nuestra familia siempre necesitarán recursos. A la vista de las necesidades que están emergiendo, hemos de volver a mirar al modelo de la primitiva comunidad cristiana, una imagen y una realidad que inspiró nuestra Regla carmelita. Esa comunidad estaba edificada sobre la oración, el escrute de las Escrituras, la fracción del pan y el compartir de todos los que tenían bienes para no abandonar a nadie en su necesidad (He 2, 42-45). Cuando somos conscientes de nuestras necesidades mutuas, podemos ayudarnos recíprocamente y así ser un ejemplo para otros del tipo de compartición que se necesitará en nuestra sociedad en el futuro, si no se ha de abandonar a ningún necesitado. Nos viene a la mente el diálogo del evangelio de san Juan (Jn 6, 9-10) en el que Andrés dice: “Aquí hay un muchacho que tiene cinco hogazas de cebada y dos peces, pero ¿qué es eso para tanta gente?”. Al final, hubo comida para todos. En nuestro celo por las cosas del Evangelio, aceptaremos el reto de María en las bodas de Caná: “Haced lo que Él os diga” (Jn 2, 5).

La celebración de este año será diferente de la de otros años. Como familia, nos hemos salvado de muchas maneras, pero no olvidamos a los que han muerto en Holanda y en Italia. Que nuestra celebración de hogaño esté marcada por nuestra oración por las personas, las familias y comunidades que han sufrido los peores efectos del Covid-19.

En esta fiesta, que cada uno de nosotros escuche las palabras que proceden de la cruz: “He ahí a tu hijo – He ahí a tu madre” (Jn 19, 26-27) y sepa que igual que nuestro Salvador nos mandó amarnos mutuamente y amar a María, sepamos cómo cuidarnos recíprocamente en la casa común bendecida por la presencia de María, nuestra Madre y Hermana.

Míceál O’Neill
El Prior General

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As the Feast of Our Lady of Mount Carmel is approaching, the Prior General sends a short video message to the Carmelite Family expressing his best wishes and inviting all members to celebrate the Feast with humility and gratitude.

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Lunes, 04 Mayo 2020 00:00

la fiesta de San Ángel de Sicilia

Estimados hermanos y hermanas:

Hoy, me uno a tantas personas que celebran la fiesta de San Ángel de Sicilia, y como primer pensamiento, pido la protección de San Ángel para nuestro mundo que está aprendiendo a convivir con el coronavirus.  El Santo de Sicilia nos proteja a todos nosotros y  a la humanidad entera como en el pasado protegió a la ciudad de Licata.

En este día comenzamos las celebraciones del octavo centenario de su muerte. Esto significa que la devoción a San Ángel ha estado presente en medio del pueblo durante ocho siglos. Este hecho ha motivado el regreso de los frailes carmelitas al Santuario de San Ángel en Licata. Doy gracias al Cardenal Arzobispo de Agrigento, Francesco Montenegro, por su invitación y por la manera que ha facilitado el regreso de mis hermanos carmelitas a Licata.

San Ángel de Jerusalén permanece en la memoria y en la devoción del pueblo como un religioso carmelita, como un  mártir y como un testigo del Evangelio.

Carmelita

San Ángel nace en Jerusalén. Él conoció a la primera generación de los Carmelitas, ese grupo de personas que se establecieron en el Monte Carmelo y recibieron la Regla del Carmen del Patriarca Alberto de Jerusalén, una norma de vida impregnada por la figura de Jesucristo. El Carmelita que la sigue vive «en obsequio de Jesucristo» (RC 2), revistiéndose con «la armadura de Dios». Sigue el Evangelio de Cristo y se reviste con las virtudes de Dios como son la justicia, la fe, la salvación y la Palabra del Señor. La armadura, por un lado, nos protege de todo mal y, por otro lado, propone la verdad del Evangelio. Con este estilo de vida, armado por la Regla, Ángel deja el Medio Oriente y se dirige a Europa, estableciéndose en Sicilia y, como hombre revestido con la armadura de Dios, se dedica a su misión, predicando el Evangelio y oponiéndose a la falsedad e injusticia de los poderosos. Ángel muere como un mártir, como consecuencia del mensaje evangélico que anunció y a la justicia que defendió.

Hoy, encontramos en él un modelo y un compañero cuando escuchamos el clamor de los oprimidos que sufren los males de hoy: la criminalidad organizada, la trata de personas, el abuso de la Casa Común, el abandono de muchas personas que buscan un lugar seguro en la sociedad y no lo encuentran. Todos podemos encontrar la fortaleza en la armadura de Dios, en los pensamientos santos, en la justicia, en la fe y en la salvación ofrecida a todos sin excepción.

Mártir

El martirio es la medida de la profundidad de nuestro compromiso con la verdad y con la justicia. Es la consecuencia del verdadero compromiso a favor de una causa que no es la satisfacción con uno  mismo, sino la busqueda del bien del prójimo y la defensa de la verdad. El martirio es la medida de nuestro amor. El mártir es una persona con convicciones fuertes y profundas, que acepta las consecuencias de mantenerse firme en sus convicciones. Ante la posibilidad del sufrimiento o de la muerte, la persona que ama como San Ángel no retrocede. En él encontramos un ejemplo para tantos jóvenes que buscan el sentido de su vida, un espacio favorable para su crecimiento; para las personas que son capaces de dedicar su tiempo por el bienestar de los demás; para las personas que no se echan para atrás ante las dificultades. Los mártires de hoy son los que vemos en los hospitales, que acompañan a los enfermos que padecen del virus, sabiendo que sus vidas están en riesgo.  

Testigo

«El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan [...], o si escuchan a los que enseñan, es porque dan testimonio» (EN 41). El testimonio nos posibilita ver la verdad de la vida y la verdad del Evangelio, para despertar en quienes lo ven el deseo de vivir de acuerdo con esa verdad de la vida y con ese Evangelio. «Todos conocerán que sois discípulos míos en una cosa: en que os tenéis amor los unos a los otros» (Jn 13,35), dice el Señor. Por su testimonio de amor, el mundo recuerda a San Ángel de Sicilia, por su testimonio el pueblo reconoció en él, hace ocho siglos, la verdad de su vida y la verdad del Evangelio que predicaba, así que la memoria del pueblo, y la memoria de la Iglesia, una memoria de ocho siglos, nos regala la fiesta que hoy celebramos.

Ruego a Dios que el jubileo que se inicia hoy, y el regreso de los frailes al Santuario de San Ángel, sean signos del amor de Dios para con su pueblo y que el santuario, bajo la guía de los Carmelitas, ofrezca al pueblo de Licata, a los inmigrantes y a los peregrinos un lugar de encuentro, de renovación y de iluminación evangélica. Que la santísima Virgen María del Monte Carmelo, guíe nuestros pasos. Gracias.

Míceál O’Neill, O.Carm.
Prior General

Roma, 04-05-2020

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Domingo, 16 Septiembre 2018 08:22

Prior General

priorgeneral 150Cada seis años se elige a un hermano como Prior General de la Orden. Esta elección tiene lugar durante el encuentro internacional de la Orden llamado Capítulo General. Se trata de una reunión fraterna que reúne a hermanos procedentes de las diversas zonas geográficas de la Orden para reflexionar juntos como comunidad sobre nuestra fidelidad al Evangelio y al carisma carmelitano.

Una vez elegido, el Prior General tiene la responsabilidad de guiar y gobernar   a la Orden durante el sexenio siguiente. Le corresponde cerciorarse de que el espíritu del Carmelo se vive con autenticidad y se mantiene en toda la Orden, especialmente en lo que se refiere a la vida de oración, al testimonio y al servicio de sus miembros.

Durante el último Capítulo General, el 17 de septiembre de 2019 fue elegido Prior General el P.Míceál O’Neill.

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