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Viernes, 21 Enero 2022 08:21

Celebrando En Familia - Tercer Domingo del Tiempo Ordinario

Volver a casa (Lucas 1:1-4, 4:14-21)

Volver a casa puede ser un acontecimiento muy contradictorio. La calidez y la acogida iniciales pueden convertirse, con sorprendente rapidez, en duda, antagonismo y rechazo.

En los Evangelios de este domingo y del próximo, Lucas cuenta la historia de la visita de Jesús a su ciudad natal, Nazaret.

Sin embargo, antes de que comience la historia, la Iglesia ha incluido las primeras líneas del Evangelio de Lucas en la lectura de hoy. En ellas, Lucas explica, a la manera de la literatura clásica, cuál es el propósito de sus escritos: ofrecer un relato auténtico y ordenado del movimiento cristiano, destinado a dar a Teófilo una firme seguridad sobre las cosas que se le han enseñado.

Tras esta introducción, sigue la primera parte del relato de la vuelta a casa de Jesús.

Escucharemos la segunda parte en el Evangelio de la próxima semana.

Tras su tentación en el desierto, Jesús regresa a Galilea, la región en la que había crecido. Se pone a enseñar en las sinagogas y gana muchos admiradores.

Finalmente, Jesús se presenta en su ciudad natal, Nazaret, y asiste a la sinagoga el sábado, como solía hacerlo. Hace la segunda lectura del servicio de la sinagoga: la lectura de los profetas, en este caso del profeta Isaías.

Lo que Jesús lee en voz alta se convierte en una explicación de su misión y ministerio. En el Espíritu del Señor, con el que Jesús ha sido ungido, llevará la buena noticia a los pobres, la libertad a los cautivos, la vista a los ciegos, la libertad a los oprimidos y proclamará un año de gracia del Señor.

La buena noticia esencial que Jesús predica y pone en práctica es la aceptación y la acogida (no el juicio) por parte de Dios de las personas que se encuentran atadas, atrapadas y afligidas.

Aquí Jesús establece el modelo no solo para su propia vida y ministerio, sino también para aquellos que quieran seguirle. También nosotros, ungidos por el Espíritu, estamos llamados a ser la aceptación, la acogida y la libertad de Dios para todos los que están atados, atrapados o afligidos en sus vidas.

En el contexto más amplio del Evangelio de Lucas, este mensaje no debe reducirse a una metáfora. Se trata de dar una ayuda real a todos los que luchan de una manera u otra con las situaciones concretas de su vida.

Este subsidio litúrgico ha sido elaborado por los Carmelitas de Australia y Timor-Oriental pensando en este momento en el que no podemos estar presentes en la celebración eucarística. Somos conscientes que Cristo no sólo se hace presente en el Santísimo Sacramento, sino que también en las Escrituras y en nuestros corazones. Incluso cuando estamos solos seguimos siendo miembros del Cuerpo de Cristo.

Se recomienda que en el lugar que escojáis para esta oración se coloque una vela encendida, un crucifijo y una Biblia. Estos símbolos ayudan a mantenernos conscientes de lo sagrado que es el tiempo de oración y a sentirnos unidos con las otras comunidades locales que están orando.

La celebración está organizada para que sea presidida por uno de los miembros de la familia y los otros miembros participen en ella. Sin embargo, la parte del presidente de la celebración puede ser compartida por todos los presentes.

Recordad que mientras vosotros oráis en familia los carmelitas os recordaremos a todos vosotros.

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