¡No te rindas!
(Lucas 18:1-8)
Jesús cuenta la historia de una viuda persistente que le gana la partida a un juez injusto. San Lucas dice que la historia es sobre «que es necesario orar siempre, sin desfallecer». Dios nos es como el juez injusto, que tarda en responder y finalmente cede solo cuando se ve amenazado. Dios escuchará y responderá al clamor persistente de su pueblo.
También, nosotros podemos tener la tentación de desanimarnos cuando vivimos en medio de los males de nuestros días. Nos preguntamos cuándo habrá justicia para los pobres, los discapacitados y los desfavorecidos.
A veces, en la oración, nos damos cuenta de que estamos llamados a desempeñar nuestro papel con acciones concretas que ayuden a aliviar el sufrimiento de los demás. Sabemos que no podemos hacerlo todo por nosotros mismos, pero quizás haya algo que podamos hacer.
San Lucas utiliza esta historia para animar a su comunidad de creyentes, para instarles a no perder el ánimo mientras, rodeados por los males de su época, esperan el regreso de Jesús. Deben mantener la fe y confiar siempre en la bondad de Dios. Su persistencia en la oración es una expresión de su confianza en Dios. Tal vez su oración les muestre lo que deben hacer mientras esperan.
Al igual que Moisés mantiene la fe en Dios en la batalla contra Amalec (primera lectura), los discípulos deben permanecer en una relación fiel con Dios. La oración, entendida como alimentar nuestra relación con Dios, más que como ‘rezar’, nos mantiene en esta relación fiel con Dios mientras esperamos el regreso de Jesús. Ese es el tipo de fe de la que se maravilla Jesús en la frase final del Evangelio.
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