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Lunes, 16 Marzo 2026 08:54

Nuevos libros sobre Mariangela Virgili reviven su legado

Presentan nuevas publicaciones sobre Mariangela Virgili en Ronciglione, la ciudad natal de la venerable

El 8 de marzo, en la iglesia de Santa María de la Providencia de Ronciglione, a partir de las 16:00, se presentaron los volúmenes titulados Mariangela Virgili, Terciaria carmelita (1661-1734) entre Devoción y Santificación (2025) de Franca Fedeli Bernardini. El primer volumen ha sido publicado por Edizioni Carmelitane, la casa editorial de la Curia General de la Orden del Carmelo y del Institutum Carmelitanum, y se puede adquirir en la página web: https://edizionicarmelitane.org/

La iglesia del Borgo di Sotto, especialmente relevante para Virgili —quien nació y murió en este barrio— estaba llena debido a la importancia de la venerable, que todavía hoy es considerada una presencia identitaria fuerte y conmovedora por los milagros que realizó en vida y después de su muerte. Estos son analizados en el segundo volumen, que ilustra los testimonios y los exvotos aún presentes en su casa, la cual, debido al importante culto extralitúrgico que allí se desarrolla, se ha convertido casi en una especie de “santuario”, hoy musealizado y siempre visitado por devotos y turistas atentos.

La fecha de la presentación, particularmente significativa para las mujeres, había sido elegida ya en 2025 por la Concejala de Cultura del Ayuntamiento, la abogada Alessandra Ortenzi, como un momento para recordar a través de la figura más significativa del pueblo, que trabajó por el bienestar de las mujeres, llamando entre otras a Rosa Venerini, quien fundó en el pueblo la primera escuela femenina.

La iniciativa, además del Ayuntamiento de Ronciglione, fue patrocinada y promovida por Monseñor Silvio Iacomi, párroco de Ronciglione; la Asociación Cultural Mariangela Virgili; la Asociación Nacional de Centros Sociales y Comités de Mayores; el Centro Cultural Polivalente Ciudad de Ronciglione y Unicoop Etruria.

Tomaron la palabra Maria Cangani, organizadora de la iniciativa junto con Daniele Trappolini, presidente de la Asociación Cultural Mariangela Virgili. Les siguieron las intervenciones de Franca Fedeli Bernardini; de Sarina Aletta, quien recitó fragmentos del volumen que evocaban hechos prodigiosos transmitidos por la tradición oral, muy conmovedores; de Claudio Canonici, profesor universitario y director del Archivo Histórico Diocesano de Civita Castellana; y de don Silvio Iacomi y Alessandra Ortenzi, quienes recordaron momentos particularmente intensos que los involucraron respectivamente como párroco y profesora, y como familia que vivió la guerra y que hoy es muy devota.

Antes de la conclusión, a cargo del Coro de Ronciglione, que interpretó tres piezas de música sacra, intervino brevemente Alessio De Angelis, quien recordó cómo la Cruz Roja colocó el Escudo Azul, bandera de paz para la protección de los bienes culturales, en los lugares frecuentados por María Mariangela Virgili, comenzando por su casa.

En relación con el proyecto Ronciglione, un Borgo de Paz, realizado en colaboración con el instituto escolar Mariangela Virgili, y teniendo en cuenta las circunstancias actuales, los ponentes —y luego los asistentes que permanecieron conversando largamente— destacaron la figura de Mariangela Virgili como portadora de paz y dispensadora de salvación para los soldados en guerra, quienes le agradecían con reconocimiento.

Se subrayó claramente la importancia que adquiere su figura de mujer pobre e iletrada en la promoción de la igualdad en una sociedad llena de contradicciones sociales, fuertemente centralizada y jerarquizada.

Junto con algunas personas de vanguardia, como Rosa Venerini, a quien llamó a Ronciglione para fundar una escuela femenina, Mariangela Virgili comprendió cómo las mujeres pobres, ignorantes, viudas, enfermas, inmigrantes y marginadas necesitaban una elevación espiritual y social mediante la reducción de la necesidad que genera sometimiento, comenzando por la educación, la formación, el estudio y finalmente la inserción social de las clases más pobres, proporcionándoles un bagaje de conocimientos necesarios en el que la enseñanza iba de la mano con la educación moral.

El renovado proceso de feminización de la santidad social y de recomposición de la sociedad cristiana afronta un complejo reajuste que conduce a elecciones diferenciadas pero valientes de mujeres fuera del claustro, profundamente insertas en la realidad social, o dentro del claustro por una elección consciente, pero igualmente muy participativas en los distintos contextos territoriales orientados en particular a la educación de niñas y jóvenes.

Dotada de dones prodigiosos y sorprendentes capacidades curativas, a menudo realizadas con sencillez utilizando lo que tenía a mano, personas de todas las clases sociales —incluidos los presos que cumplían la “pena necesaria para la paz en el mundo”— recurrían a ella en busca de ayuda y de predicciones. La rodeaban y se agolpaban en su tugurio, donde aconsejaba, hospedaba, acogía, sanaba y redistribuía según las necesidades de quienes acudían a ella.

Como mujer religiosa, pero laica, a pesar de su pobreza exteriorizaba su acción caritativa mediante la compartición de los bienes recibidos con vecinos, enfermos, presos, mujeres y recién nacidos —cuyos partos ayudaba a atender y a quienes llevaba bajo su manto hasta los hospitales de la ciudad—, y su actividad voluntaria acompañaba e incrementaba la acción subsidiaria de las instituciones financiadas.

Su propia casa se convirtió en refugio para las personas acogidas y, en la planta baja del mismo edificio, alquiló un apartamento para recibir a enfermos que no eran aceptados en los hospitales de la ciudad debido a la gravedad de sus enfermedades (como los afectados por sarna o lepra) y a pacientes de larga estancia ya dados de alta.

Particularmente atenta a los aspectos sociales que generan pobreza, afirmaba la necesidad de la justicia conmutativa y moral, dando al vendedor lo justo y al trabajador lo que le corresponde. Esta actitud podía hacerla parecer ingenua, aunque la honestidad y la caridad se convertían para ella en una especie de necesidad que debía realizarse mediante simples y continuos actos comunes.

La importancia de la venerable es tal que todavía hoy es interiorizada y sentida como protectora y santa, independientemente del resultado de la causa de beatificación. Y si los santos son hijos y figuras que hablan a su propio tiempo, como destacó Claudio Canonici, la actualidad de esta pequeña mujer vestida de negro, como surgió del debate y de los temas propuestos en este encuentro, sigue siendo capaz de hablar a las personas de hoy, en un momento en que se repiten modelos del pasado y entran en crisis muchas certezas adquiridas.

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