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Miércoles, 19 Noviembre 2025 10:52

God’s Merciful Indulgence and the 2025 Jubilee Year

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Jesus told Peter, ‘Whatever you bind on earth will be bound in heaven, and whatever you loose on earth will be loosed in heaven’ (Mt. 16:19), the same promise being made to the disciples, collectively, in Matthew 18:18.

The power to bind is the basis of the penance imposed on the penitent by the confessor as part of the Sacrament of Penance and Reconciliation. The power to loose, on the other hand, has often taken the form of a mitigation, in the sense of replacing a very-demanding penance with another, easier one, which was granted when certain conditions were met, as when the Council of Epaone (517) reduced to two years the duration of the penance that apostates were to undergo on their return to the Church.

For the pilgrims who came to Rome for the first ever Holy Year Jubilee, in 1300, and fulfilled the requirements, Pope Boniface VIII granted the complete removal of the temporal punishment due to sin. Quoting 1 Peter 1:19 on our having been ransomed ‘with the precious blood of Christ,’ Pope Clement VI’s Jubilee decree, Unigenitus Dei (1343), described the ‘copious flood, like a stream’ of Christ’s blood as ‘an unfailing treasure for human beings’ which Christ ‘committed to the care of St. Peter, who holds the keys of heaven, and to his successors, who are to distribute it to the faithful for their salvation’, applying it ‘with compassion, for pious and good reasons, in order that it may benefit those who are truly contrite, and who have confessed’.

Among the 95 Theses that drew up in Wittenburg, in 1517, Luther questioned the Pope’s teaching on indulgences and the spiritual treasure of the Church when he claimed that the ‘treasures of the Church whence the Pope grants indulgences are neither sufficiently named nor known among the people of Christ’ (n. 56) and he also questioned the ‘traffic in pardons [indulgences]’ (n. 73) because of the scandalous claims sometimes made concerning ‘the preaching of pardons [indulgences]’ (n. 81).

In its Decree on Indulgences (1563), the Council of Trent recognised that ‘the power of conferring Indulgences was granted to the Church by Christ,’ and that their use was ‘most salutary to the Christian people, and approved by the authority of the holy Councils.’ Recognising the validity of Luther’s criticism of how indulgences had been preached, however, Trent desired that ‘moderation be observed in accordance with the ancient custom approved in the Church,’ and that ‘all evil traffic’ in indulgences should be abolished.

Describing an indulgence as ‘the remission in the sight of God of the temporal punishment due to sins which have already been blotted out as far as guilt is concerned,’ Pope St. Paul VI presented the ‘treasury of the Church,’ not as ‘akin to a hoard of material wealth’, but as ‘the infinite and inexhaustible value which the expiation and merits of Christ have in the sight of God,’ through which ‘the whole of humanity’ can ‘be freed from sin and arrive at fellowship with the Father.’

Recognising that being reconciled with God through the Sacrament of Penance and Reconciliation ‘does not mean that there are no enduring consequences of sin from which we must be purified,’ Pope John Paul II described these ‘temporal consequences as including ‘an unhealthy attachment to creatures’ and everything that ‘impedes full communion’ with God and with our brothers and sisters.’ Recognising that, in the Church, ‘the holiness of one benefits others in a way far exceeding the harm which the sin of one has inflicted upon others,’ and, as a result, the ‘good works of the saints’ are constantly adding to ‘the treasures of the Church,’ he described the Jubilee indulgence for the Holy Year in 2000 as disclosing ‘the fulness of the Father’s mercy, who offers everyone his love,’ because it expressed the ‘total gift of the mercy of God’ by granting repentant sinners ‘a remission of the temporal punishment due for the sins already forgiven as regards the fault.’

In the title of his bull announcing the 2025 Jubilee Year, Spes non confundit, Pope Francis quotes St. Paul, ‘Hope does not disappoint’ (Rom. 5:5), and he points out that, at one time, the terms ‘mercy’ and ‘indulgence’ were interchangeable, because indulgences were ‘expressions of the fullness of God’s forgiveness, which knows no bounds,’ recognising God’s mercy, fully revealed in Christ, the basis of our hope. Describing those coming to Rome for that holy year as ‘pilgrims of hope,’ he prays that, for everyone, the Jubilee may be ‘a moment of genuine, personal encounter with the Lord Jesus,’ who is ‘our hope’ (1 Tim. 1:1).

Patrick Mullins, O.Carm.

Peregrinos de Esperanza en una Iglesia Peregrina

¡Bienvenido, Peregrino!

La Iglesia Católica se ve a sí misma como una “iglesia peregrina” (Cfr. L.G. VII). Es una iglesia que está en camino, creando su propia historia. Es la historia de personas a través del tiempo, encontrando en su mensaje un reto para vivir una vida plena, para encontrar semillas de vida eterna ya presentes en esta vida. Es una iglesia de compañerismo que nos brinda la historia de dos discípulos en camino de Jerusalén hacia Jericó, entablando una conversación, Jubilee Year Brochure 02 Mary ENy viendo sus vidas transformarse por el “extraño” que los acompaña en el camino (Cfr. Lc 24, 13-35), o la mujer que al ir por agua, se encuentra con este mismo “extraño” en el pozo, quien le comienza a hablar sobre su vida y encuentra en él a alguien que le ha dicho todo sobre ella (Cfr. Jn 4, 1-42). La gente se reúne en esta iglesia peregrina como miembros de una comunidad de peregrinos, viajando juntos, nutridos por la gracia que llega en diferentes formas, en diferentes momentos, y por diferentes direcciones, pero siempre de la misma fuente: el amor de Dios que ha sido derramado en nuestros corazones (Cfr. Rm 5,5). 

Eres un peregrino, con el corazón lleno de anhelos y los ojos abiertos. Estás abierto a lo que la vida te muestra. La vida nos enseña lo que Dios quiere mostrarnos y así, en todo nuestro alrededor podemos descubrir signos del amor de Dios, en la creación, en la naturaleza, en las personas, en las comunidades de fe, y en los acontecimientos. 

Encontrarás también signos de esperanza en las numerosas iglesias que conforman la iglesia peregrina. Cada una de estas iglesias es un lugar donde la gente encuentra paz, gracias a los símbolos y características de la iglesia, y también al caer en cuenta de que, en estos lugares, los peregrinos han orado y celebrado, han confesado sus pecados, y han creado comunidad por generaciones, todo con un sentido de esperanza en el bien que vendrá cuando las promesas que se les han hecho sean cumplidas. La iglesia peregrina anuncia esas promesas y vive en la esperanza del cumplimiento. 

Si encuentras este folleto en una Iglesia Carmelita, o te lo dio algún amigo Carmelita, encontrarás en todo lo que representa el Carmelo, énfasis conocer el amor de Dios, que ha sido derramado en nuestros corazones por obra del Espíritu Santo. Esto, se puede decir, es el mejor regalo del Carmelo para la Iglesia que se ve a sí misma como una iglesia peregrina, esperando a ver la completa revelación del amor de Dios cuando Cristo sea todo en todo y toda la creación sea una en Él.  

Esta Iglesia nos ofrece la compañía de María y de los Santos en nuestro caminar. María, como madre y faro de esperanza, tiene un lugar especial en la tradición Carmelita como modelo de santidad y pureza, y signo de esperanza porque ella estuvo unida a Dios y fue obediente a su voluntad en todos los aspectos de su vida. María es reconocida como bendita por su prima Isabel por haber creído que todo lo que se le prometió se haría realidad (Cfr. Lc 1, 45).   

Jubilee Year Brochure 01 Rule of St Albert ENQuizás no nos concentremos tanto en la esperanza cuando todo va bien. La esperanza entra más en juego cuando estamos inquietos o incluso atemorizados por lo que pasa en el mundo, y nos damos cuenta de nuestra impotencia y de las complejidades y de la imprevisibilidad de la humanidad. Es entonces que comenzamos a pensar en la esperanza, en la seguridad de que estaremos bien. San Pablo en su manera tranquilizadora nos recuerda en la Carta a los Romanos que todas las cosas cooperan para bien para aquellos que aman al Señor (Cfr. Rm 8, 28).

La Regla Carmelita ofrece a quienes la siguen, un patrón para sus vidas, similar al diseño de un arquitecto. Se construye la casa, y la casa está bien construida, con cierta previsión de cómo la gente vivirá allí, pero sin mucha idea de lo que efectivamente pasará cuando la gente comience a vivir allí. La Regla sugiere que aunque vivamos nuestras vidas de manera ordenada, siempre dejemos lugar para lo que todavía no está allí, y esto es por la esperanza en la promesa del retorno de Cristo, sin importar cuándo suceda (Regla Carmelita, 24). 

Nuestra esperanza es fundamentalmente nuestra creencia en Jesucristo. Es él quien nos ofrece la salvación, establecida desde la creación en el principio. Jesús es nuestro modelo, nuestra motivación, y nuestra recompensa. Vivir una vida similar a la suya, movida por él, a través de su Espíritu, para hacer lo mejor que podamos en esta vida, es como llegamos a la recompensa de estar estrechamente unidos a él en esta vida, en pensamiento, anhelo, y existencia. Estar unidos a Jesucristo, en esta vida y en la próxima, es el cumplimiento de la más grande esperanza Carmelita.

La indulgencia misericordiosa de Dios y el Año Jubilar 2025

Jesús le dijo a Pedro: «Lo que ates en la tierra quedará atado en el Cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el Cielo» (Cfr. Mt 16,19), la misma promesa que le hizo a sus discípulos de manera colectiva en Mateo 18,18.     

El poder de atar es el fundamento de la penitencia impuesta por el confesor sobre el penitente como parte del Sacramento de la Penitencia y Reconciliación. El poder de desatar, por otro lado, ha tomado la forma de mitigación, usualmente remplazando una penitencia muy dura por otra más fácil, que se otorga cuando ciertas condiciones se cumplen, como cuando el Concilio de Epaona (517) redujo a dos años la duración de la penitencia que los apóstatas debían cumplir para regresar a la Iglesia.   

Jubilee Year Brochure 01 Rule of St Albert ENPara los peregrinos que venían a Roma para el primer Año Santo Jubilar en 1300, y cumplían los requisitos, El papa Bonifacio VIII concedió la eliminación del castigo temporal a causa del pecado. Citando 1Pedro 1,19, en cuanto haber sido redimidos “por la preciosa sangre de Cristo”, el decreto jubilar Unigenitus Dei (1343), del papa Clemente VI describe la sangre de Cristo derramada “copiosamente como un torrente”, como un infinito tesoro para las personas a quienes Cristo encomendó al bienaventurado Pedro, llavero del cielo y a sus sucesores, quienes han de distribuirlo a los fieles para su salvación, aplicado por pías y razonables causas, para beneficiar a los verdaderamente arrepentidos y confesados.  

Entre las 95 tesis formuladas en Wittenberg en 1517, Martín Lutero cuestionó la doctrina papal sobre las indulgencias y el tesoro espiritual de la Iglesia cuando establece que “los tesoros de la iglesia, de donde el papa concede las dispensas, no son lo suficientemente mencionados ni conocidos entre la comunidad de Cristo” (n. 56) y también cuestionó la venta de indulgencias (n. 73) debido a las escandalosas declaraciones a veces hechas durante los sermones sobre las [indulgencias] (n. 81).   

En su Decreto sobre las indulgencias (1563), el Concilio de Trento reconoció que “Jesucristo concedió la potestad de conceder indulgencias a la Iglesia” y que su uso es “sumamente provechos al pueblo cristiano y aprobado por la autoridad de los sagrados Concilios”. Sin embargo, reconociendo la validez de la crítica de Lutero sobre cómo se predicaba sobre las indulgencias, Trento pidió que “se proceda con moderación en la concesión de ellas según la antigua, y aprobada costumbre de la Iglesia” y que “se exterminen los lucros ilícitos”. 

Describiendo una indulgencia como “la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados ya perdonados en lo referente a la culpa que gana el fiel”, el Papa Pablo VI presentó el “tesoro de la Iglesia” no como “la suma de los bienes, a imagen de las riquezas materiales, que se van acumulando a lo largo de los siglos” sino como “el infinito e inagotable precio que tienen ante Dios las expiaciones y méritos de Cristo”, a través de los cuales toda la humanidad “queda libre de pecado y es conducida a la comunión con el Padre”.  

Reconociendo que ser reconciliado con Dios a través del sacramento de la Penitencia o Reconciliación “no excluye la permanencia de algunas consecuencias del pecado, de las cuales es necesario purificarse”, el papa Juan Pablo II describió estas consecuencias temporales como un desordenado apego a las criaturas y a todo lo que impida una comunión total con Dios y con nuestros hermanos y hermanas. Reconociendo que en la Iglesia “la santidad de uno beneficia a otros de una manera que excede el daño que el pecado de uno ha causado en otros”, y como resultado, las buenas obras de los santos constantemente se añaden a los “tesoros de la Iglesia”, el Papa describió la indulgencia jubilar del Año Santo en el 2000 como muestra de la plenitud de la misericordia del Padre que ofrece a todos su amor, porque el don total de la misericordia de Dios está expresado al conceder a los pecadores arrepentidos una remisión del castigo temporal por los pecados ya perdonados en lo referente a la culpa que gana el fiel.  

En el título de la bula que anuncia del Año Jubilar 2025, Spes non confundit, El papa Francisco cita a San Pablo “La esperanza no decepciona” (Cfr. Rom. 5,5), y señala que, en un momento, los términos “misericordia” e “indulgencia” eran intercambiables, al ser las indulgencias “expresiones de la plenitud del perdón de Dios que no conoce límites, reconociendo la misericordia de Dios, revelada completamente en Cristo, como base de nuestra esperanza. Al describir a aquellos que irán a Roma con motivo del año santo, como “peregrinos de esperanza”, pide que, para todos, el Jubileo sea un momento genuino, personal de encuentro con el Señor Jesús, que es nuestra Esperanza (Cfr. 1Tim 1,1).   

Patrick. Mullins, O. Carm.

Martes, 18 Noviembre 2025 10:17

Causa Nostrae Laetitiae

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