Una invitación para todos
(Lucas 17:11-19)
El gran tema en el Evangelio de Lucas es que el mensaje de Jesús es para todos: hombres y mujeres, ricos y pobres, viejos y jóvenes, sanos y enfermos, gentiles y judíos. Nadie queda excluido.
No es casualidad que el leproso agradecido del Evangelio de esta semana no sea judío, sino un samaritano: un forastero, excluido por su raza, su religión y su enfermedad. Se une a los demás para pedir misericordia a un rabino judío.
Al curar a los diez leprosos, Jesús les devuelve a sus familias, a sus comunidades, a su práctica religiosa. Ya no están confinados en lugares aislados por miedo a propagar la enfermedad, sino que son libres para
reprender sus vidas. En resumen, además de curarlos físicamente, Jesús les devuelve la vida.
Los diez son curados, pero solo uno, el samaritano, experimenta plenamente su curación como un momento de salvación, un momento en que la misericordia de Dios ha irrumpido en su vida. Jesús dice que es la fe del samaritano la que le permite ver los que otros nueve no ven. El hombre está conmovido por esta constatación que se vuelve hacia Jesús dando gritos de alegría y alabando a Dios a voz en grito.
La fe del samaritano le ha llevado a profundizar en su relación con Dios, que le cura y libera. Y ese es el gran deseo de Dios para cada uno de nosotros.
El camino de Jesús (por tanto, de sus discípulos) no es excluir, sino proclamar a Dios como el Dios de todos, trabajando por la salvación, la restauración y el bien de todas las personas. Y reconocer y celebrar la presencia de Dios que observamos en las realidades concretas
de la vida.
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Celebrating At Home - 28th Sunday in Ordinary Time [ePub]
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