4 de julio | Memoria libre en las provincias italianas
PALABRAS DE DESPEDIDA DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI AL FINAL DE LA CELEBRACIÓN DE LA BEATIFICACIÓN
Ahora saludo a los peregrinos que han venido de varias regiones de Italia y del mundo para honrar a la Beata María Crucificada Curcio. A todos y a cada uno les dedico un cordial saludo, especialmente a quienes forman parte de la Familia espiritual de las Hermanas Carmelitas Misioneras de Santa Teresa del Niño Jesús.
Esta nueva Beata puso en el centro de su vida la presencia de Jesús misericordioso, a quien encontró y adoró en el Sacramento de la Eucaristía. Una auténtica pasión por las almas marcó la vida de la Madre María Crucificada, quien cultivaba con entusiasmo la «reparación espiritual» para corresponder al amor de Jesús por nosotros. Su vida fue una oración constante, incluso cuando salía a servir a la gente, especialmente a las chicas pobres y necesitadas. Que la Beata María Crucificada Curcio siga velando desde el cielo por la Congregación que ella fundó y por todos sus devotos.




















