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Viernes, 24 Marzo 2023 11:12

Celebrando en Familia - V Domingo del Tiempo de Cuaresma

Dejadle ir libre
(Juan 11:1-45)

Hoy termina la serie de tres grandes evangelios de Cuaresma con una historia evangélica de vida y libertad. De la misma forma que los Evangelios de los últimos dos domingos, la dramática historia de Jesús que resucita a su amigo Lázaro es una historia de amor, fe y creencia.

En la historia encontramos tres grupos de creyentes: los que creen que Jesús podría haber evitado la muerte de Lázaro (ya que Jesús es un sanador); los que creen en él al ver que resucitaba a Lázaro, y los que, como Marta, creen en Jesús, aunque Lázaro haya muerto.

En este Evangelio, Jesús se declara a sí mismo como ‘la resurrección y la vida’. Lo vemos profundamente afectado por la muerte de su amigo. Lo encontramos orando seriamente a Dios. Lo vemos lleno de fuerza cuando ordena a Lázaro que abandone la tumba.

Una cuestión que se menciona poco acerca de este relato es la imagen de amor que lo impregna. El Señor Jesús ha tratado a la samaritana con dignidad, respeto, dulzura y amor, y ha tendido la mano con amor para curar al ciego sin que nadie lo pidiera. En este relato se aprecia con mucha claridad su amor por Marta, María y Lázaro, y el dolor que experimenta por ese amor.

Esto, una vez más, pone de manifiesto la conexión entre la fe y el amor. Si Juan pretendía con esta narración tranquilizar a su comunidad (aquellos que creen en Jesús), entonces deja claro que ellos también son amados por Jesús, y sugiere de alguna manera que Jesús también lloraría cuando el mal (la enfermedad y la muerte) llegase a sus amigos (los creyentes). El consuelo final es que esta relación amorosa y llena de fe que tenemos con Jesús no solo nos sostiene en la vida, sino que también nos observa a través de los momentos oscuros del sufrimiento y la muerte - en última instancia, a la vida más allá de las restricciones que encontramos en este mundo.

Finalmente, seremos libres.

Para mí, las palabras más importantes del Evangelio son:

Desatadle, dejadle ir libre.

La libertad es una de las aspiraciones más profundas de la humanidad. Nos esforzamos por ser libres: de la enfermedad, de las preocupaciones, del miedo, (sobre todo en estos momentos) de las expectativas de los demás, de la culpa, de nuestras faltas, etcétera. La libertad suprema es la libertad de la eterna muerte.

Tenemos conocimiento de que podemos estar físicamente vivos y espiritualmente muertos por la envidia, la codicia, el miedo y el odio. Nos consta que podemos causar la muerte a los demás mediante la mentira, el cotilleo, la mezquindad, la crueldad, la negativa al perdón y similares.

Viviendo el Evangelio nos damos vida, amor y libertad a nosotros mismos y a los demás.

Un momento en silencio para la reflexión

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