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Jueves, 27 Julio 2023 13:15

Celebrando en Familia - 17 Domingo del Tiempo Ordinario

Encontrar el Reino de Dios
(Mt 13:44-52)

En el Evangelio, Jesús compara el Reino con un tesoro escondido en un campo, con un comerciante que busca perlas finas y con una red echada en el mar que recoge peces de toda clase.

El punto clave de las parábolas es el comportamiento de las personas en ellas.

En la primera parábola, alguien encuentra un tesoro por casualidad. A veces eso, también, nos puede pasar a nosotros. Somos felices viviendo nuestra vida cuando, por casualidad, sucede algo o nos encontramos con alguien y nuestras vidas cambian para siempre. Reflexionando, discernimos la presencia de Dios en ese encuentro.

En la segunda parábola, el Reino se encuentre después de una larga búsqueda. Es la serenidad de los que buscan siempre y encuentran, de los que tocan a la puerta siempre la tendrán abierta.

La tercera parábola, nos muestra la realidad: el Reino es una variedad de cosas y que al final se necesita separar.

En las dos primeras parábolas, la alegría y el deleite de quienes encuentran (experimentan) el Reino es obvio.

Es tan fuerte que no escatiman nada para poseer el Reino.

El propósito de las parábolas no es dar respuestas, sino hacernos pensar.

Como sabemos, el Reino de Dios no es una ‘cosa’ o un ‘lugar’. Es la experiencia o un encuentro con la vida de Dios.

En la vida y en el ministerio de Jesús muchas personas experimentaron el Reino a través del encuentro con él, que les dio dignidad, amor, perdón, liberación de las enfermedades, de sus discapacidades e incluso de la muerte. Jesús hizo presente el reinado de la gracia de Dios en las personas con todo tipo de necesidad.

Si bien, a veces, nos abruma la experiencia de Dios en nuestros corazones, con mayor frecuencia experimentamos el reinado de la gracia de Dios a través de los otros. Estas personas, como Jesús, de alguna manera hacen presente, hacen realidad la presencia y la acción de Dios especialmente (pero no solo) en nuestros momentos de necesidad.

Habiendo experimentado eso, también nosotros deseamos poseer, encontrar y aferrarnos a la Fuente que nos tocó profundamente y nos trajo esperanza, consuelo y libertad.

El Reino, como se nos recuerda en la tercera parábola, es una mezcla de peces buenos y malos, santos y pecadores. No es la tarea de los miembros del Reino juzgar, la selección final pertenece solo a Dios.

Mientras tanto, la paciencia y la tolerancia deben guiar el comportamiento de aquellos que viven en el Reino.

Las personas del Reino buscan las cosas que son de verdadero valor en la vida. Ellos están preparados para hacer grandes sacrificios y hacerlos suyos. Viven sus vidas con virtud y sabiduría y sus vidas son una bendición para los otros, en la medida que sacan de su tienda valores y virtudes, sabiduría y gracia. Ellas nunca dejan de buscar las cosas que tienen un valor real, las riquezas del Reino y nunca dejan de hacer presente a Dios en medio de aquellos que lo rodean.

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