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Martes, 16 Septiembre 2025 10:45

Celebrando en Familia - XXV Domingo del Tiempo Ordinario

Invertir en el futuro
(Lucas 16:1-13)

Cuando nos ocurren cosas malas, solemos pasar mucho tiempo enfadados por lo que ha ocurrido, sobre todo si nos parece que lo que ha pasado es injusto o poco razonable.
El pasaje del Evangelio de hoy suele llamarse la ‘parábola del administrador injusto’. Pero tal vez sea él quien sea tratado injustamente. Al fin y al cabo, el amo oye el rumor de que el mayordomo ha sido ‘derrochador con sus bienes’. Sin realizar una investigación para averiguar si el rumor es cierto, el amo decide despedir al mayordomo.
El mayordomo piensa para sí, tratando de decidir qué hará cuando pierda su trabajo. Sabiendo que es demasiado débil para cavar y demasiado avergonzado para mendigar, se pone a alterar los contratos de venta de los deudores de su amo.
¿Está el mayordomo robando al amo? No. En el mundo antiguo, el amo no pagaba directamente a los mayordomos. Su ‘salario’ procedía de las comisiones que añadían a las facturas de venta.
Así que el mayordomo renuncia a su comisión por el bien de su futuro a largo plazo; para crear buena voluntad entre los deudores para que puedan devolver el favor en el momento de necesidad del mayordomo.
Por invertir astutamente en su futuro, el mayordomo es alabado por el Maestro. Jesús utiliza esta alusión para aconsejar a los discípulos que ellos también deben invertir en su futuro compartiendo todo lo que tienen. El término mamón no solo se refiere al dinero, sino a todo lo que una persona tiene. Los discípulos, dice Jesús, deben estar dispuestos a dar todo lo que tienen a los pobres para que, cuando llegue el Reino, en el que los pobres ocupan los lugares privilegiados, los discípulos sean acogidos en las ‘moradas eternas’.
Las últimas palabras de este Evangelio presuponen que la vida cristiana es una administración en la que la riqueza que uno maneja es una riqueza que Dios desea que sea compartida con todo el mundo, no una posesión personal. Los discípulos deben elegir con sabiduría y actuar con decisión. Cuando se trata de la riqueza, deben elegir entre los intereses de Dios y su propio interés.
Si los discípulos no comparten las posesiones, no se les confiarán las verdaderas riquezas del reino. Si comparten las posesiones, que son un préstamo de Dios, se les dará el tesoro del cielo como propio. Los discípulos deben dar lealtad exclusiva a Dios o sucumbir a la esclavitud de Mamón.

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